¿No estas preparado para donar?

Aún así hay otras 5 maneras como puedes ayudar a Aleteia

  1. Reza por nuestro equipo y por el éxito de nuestra misión
  2. Habla de Aleteia en tu parroquia
  3. Comparte el contenido de Aleteia con tus amigos y tu familia
  4. Desactiva el bloqueo de publicidad cuando nos visites
  5. Suscríbete a nuestra newsletter gratuita y leenos a diario

¡Gracias!
El equipo de Aleteia

Suscríbete

Aleteia

¿Qué opina el Papa Francisco sobre… las consecuencias de construir un mundo sin Dios?

© European Union 2014 - European Parliament CC
https://www.flickr.com/photos/photosmartinschulz/15875462075
Comparte

Un recorrido por el pensamiento del Papa Francisco desde que era Jorge Mario Bergoglio

Según Juan Pablo II la idea clave para comprender el Concilio Vaticano II es la afirmación de que Cristo revela al hombre lo que es el hombre (Gaudium et Spes 22) o, dicho de otra manera, que para profundizar en cualquier realidad humana necesitamos mirar a Cristo y mirar desde Cristo.

Esta afirmación, tan decisiva, no significa que los análisis sociológicos, económicos o políticos carezcan de interés o no sean capaces de mostrarnos datos y detalles importantes, sino que precisamente estos tipos de investigaciones, y cualquier otro que pudiera hacerse, llegarán más lejos y mejorarán su capacidad explicativa si tienen presente y están radicados en el hecho cristiano.

Tal mirada sobre la vida humana no es patrimonio de la Iglesia, no es un discurso válido únicamente para quienes son creyentes, aunque decir esto pueda resultarle a usted, querido lector, paradójico. Todo ser humano es capaz de comparar cualquier interpretación con su propia experiencia y decidir qué explicación de lo real le parece más adecuada.

Si perdemos la capacidad de hacer algo así, si ya no podemos mirar a la realidad sin ser aplastados y dirigidos por las propuestas ideológicas que nos llegan de todas partes, seremos fáciles víctimas del poder. Lo decía Chesterton de una manera incisiva: "El hombre que no cree en Dios no es que no crea en nada, es que se cree cualquier cosa".

Expulsar del debate público a quienes mantienen una visión trascendente de la vida es una pretensión claramente totalitaria, que busca ocultar los criterios que resultan molestos a algunos para que los demás no puedan sopesarlos libremente.

Los cristianos, por nuestra parte, tenemos la obligación de dar a conocer esta experiencia y promoverla, desde la clave que es nuestro Señor, que nos manifiesta que nosotros, aun estando inmersos en los procesos naturales y sociales, somos también de otro mundo: “Y fíjense que esto da lugar, en el cristianismo, a una concepción bastante peculiar de lo que es «trascendencia». ¡Una trascendencia que no está «afuera» del mundo! Situarnos plenamente en nuestra dimensión trascendente no tiene nada que ver con separarnos de las cosas creadas, con «elevarnos» por sobre este mundo. Consiste en reconocer y vivir la verdadera «profundidad» de lo creado.” (Jorge Bergoglio, “Educar, un compromiso compartido”. Mensaje a las Comunidades Educativas, 18 de abril de 2007)

El Papa Francisco desde muy pronto, ya cuando era un joven jesuita amigo del obispo Angelelli, se ha preocupado por aquellas concepciones del hombre que quieren reducirlo a un mero engranaje de los mecanismos sociales o, dicho de otra manera, a un individuo a merced de los poderosos.

En los últimos años ha insistido, llevando esta idea más allá, en que los criterios mercantilistas predominantes en el neocapitalismo financiero han convertido al ser humano concreto en algo intrascendente, materia de uso temporal y que después se desecha, cuya existencia depende de los caprichos o intereses de quienes dominan los flujos económicos.

Esta idea es la que palpita en esa expresión tan curiosa de nuestro Papa, la "antropología de la intrascendencia", que se puede explicar, siguiendo sus propias palabras, como el uso de la misma vara de medir para una persona y para cualquier objeto. Si esta es la concepción de los valores que hoy predomina, ¿cómo comprender entonces la dignidad del ser humano cuyo destino, el de cada uno, hasta el del más humilde y menesteroso –preferentemente él-, vale la sangre de Cristo?

Un mundo sin Dios sólo se preocupa de las cuestiones que afectan a los hombres y mujeres de nuestro tiempo si se corresponden con procesos masificados que quedan contemplados en las estadísticas y, por lo tanto, son recogidos por los medios de comunicación e influyen en los votantes, en las decisiones parlamentarias o económicas, etc.

Páginas: 1 2

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.
Los lectores como usted contribuyen a la misión de Aleteia

Desde nuestros inicios en 2012, los lectores de Aleteia han crecido rápidamente en todo el mundo. Nuestro equipo está comprometido con la misión de proporcionar artículos que enriquezcan, inspiren y nutran la vida católica. Por eso queremos que nuestros artículos sean de libre acceso para todos, pero necesitamos su ayuda para hacerlo. El periodismo de calidad tiene un costo (más de lo que la venta de publicidad en Aleteia puede cubrir). Por eso, los lectores como USTED son fundamentales, aunque donen incluso tan poco como 3$ al mes.