Aleteia

¿Como es la Iglesia del Papa Francisco?

Comparte

La paradoja que revela el dinamismo del pontificado de Francisco en sus primeros dos años es sencilla: es reformador, porque es ortodoxo

La paradoja que revela el dinamismo del pontificado de Francisco en sus primeros dos años es sencilla: es reformador, porque es ortodoxo. Lo es en armonía con la tradición de la Iglesia y en sintonía con el Concilio Vaticano II, vividos desde su recepción latinoamericana acorde a la Conferencia del Episcopado Latinoamericano celebrada en el santuario de Aparecida, 2007. Obvio, su potente carisma salpimienta sus acciones, pero su labor como sucesor de San Pedro es mucho más que esto. Quiero llamar la atención en tres aspectos de su caminar.
 
1.- Francisco entiende la Iglesia desde su dimensión misionera, capaz de llevar el Evangelio a cada rincón del planeta, de cara a una humanidad profundamente lastimada por la dinámica cultural y económica de nuestros tiempos. Para entender su pontificado es conveniente dejar de lado la geometría política y usar con cautela conceptos como reforma y revolución. Ayudan, es claro, pero son insuficientes por sí mismos para explicar un liderazgo primordialmente religioso.
 
Las palabras que mejor describen este pontificado son conversión y encuentro. Cualquier cambio, ha dicho el Papa, empieza en la conversión del corazón por amistad con Jesús de Nazaret, para acudir al encuentro con otras personas. Cualquier cambio en las estructuras debe ser consecuencia de lo anterior, o difícilmente dará fruto.
 
2.- Francisco da mucho espacio a la sinodalidad dentro de la Iglesia, la cual no debe confundirse con asambleísmo, ni mucho menos con parlamentarismo. Es visible como el Papa se asesora de un grupo de ocho consejeros que representan distintas partes del mundo, del colegio de cardenales y del colegio apostólico formado por el común de los obispos. No obstante, él es Pedro y se reserva la palabra final.
 
Así lo hemos visto actuar en los ámbitos más delicados de la vida eclesial.  Ante la crisis de la familia, para lo cual ha convocado dos sínodos con el fin de analizar, decidir y emprender acciones como Iglesia, como también en la reforma a las finanzas del Vaticano, en la formación del Consejo para la Tutela de los Menores y en la reforma a la Curia cuyas líneas maestras se darán a conocer en breve.

Nada más lejano de la realidad que la idea de un Papa solamente simpático y ocurrente. Este sucesor de san Pedro vive la colegialidad apostólica y esto le permite mantener un liderazgo indiscutible en la Iglesia, al grado de mantener a raya a sus detractores hasta el momento. Su gran carisma ayuda, cierto, porque lo pone al servicio de la comunión.
 
3.-  Francisco ha logrado algo que se antojaba, por lo menos, imposible hasta hace poco. Ha recuperado el liderazgo de la Iglesia en el escenario internacional en los temas de paz y justicia. No es un asunto de pura estrategia diplomática o del cuidado de las formas, sino de autoridad moral ganada a partir de poner las cosas en orden dentro de la casa, siguiendo la ruta trazada por Benedicto XVI. En el particular la autocrítica siempre será necesaria, como necesaria la permanente reforma para nunca volver a perder el paso.
 
El Papa es la voz más potente en el diálogo entre cristianos desde el ecumenismo de la sangre, es decir, dando cara a las feroces persecuciones en Medio Oriente, como también a las de baja intensidad en Occidente y otras partes del mundo. Ha tendido puentes con el Islam moderado, así como con judíos y otras religiones. Haber visto a los presidentes de Palestina e Israel en el Vaticano, con el Papa Francisco, sembrando un olivo de la paz, es una imagen que resume esta forma superior de la caridad que es la diplomacia. Un símbolo no agota la realidad, tan sólo la representa y señala el rumbo.
 
No obstante lo anterior, me parece que el logro más importante de Francisco es habernos sacudido desde el corazón a los católicos. Nos ha recordado que la misericordia de Dios es una provocación para ver el mundo entero como tierra de misión, empezando por las periferias sociales y existenciales de la humanidad. Nos ha recordado, ¡de qué manera!, que no se puede ser católico sin ser discípulo del Nazareno. Y como el buen pastor, Francisco ha caminado adelante, en medio y detrás de nosotros para guiar, acompañar y al mismo tiempo aprender de la sabiduría del rebaño que sabe encontrar nuevos praderas, esto es, horizontes de esperanza.
 

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.