Recibe Aleteia gratis directamente por email
¡Alimenta tu espíritu! ¡Recibe las noticias de Aleteia cada día!
¡Inscríbete!

¿No estas preparado para donar?

Aún así hay otras 5 maneras como puedes ayudar a Aleteia

  1. Reza por nuestro equipo y por el éxito de nuestra misión
  2. Habla de Aleteia en tu parroquia
  3. Comparte el contenido de Aleteia con tus amigos y tu familia
  4. Desactiva el bloqueo de publicidad cuando nos visites
  5. Suscríbete a nuestra newsletter gratuita y leenos a diario

¡Gracias!
El equipo de Aleteia

Suscríbete

Aleteia

1942: Comienza una Semana Santa muy especial… en Dachau

Public Domain
Comparte

Este año, el 29 de marzo coinciden con aquel día trágico para un grupo de sacerdotes polacos

Por la tarde del sábado antes del Domingo de Ramos casi todos los sacerdotes polacos estaban en sus barracas. De repente llegó una orden, tenían que salir de las barracas y colocarse en fila. ¿Qué pasará esta vez? – aunque ya estaban acostumbrados a semejantes sorpresas de día e incluso también de noche. Allí están los hombres de las SS, los kapos de bloque, los kapos de habitación y también otros funcionarios del campo.

Les informan que habrá un registro, y les mandan desnudarse totalmente. Entonces aquella comisión de revisión se arroja sobre la vestimenta y la ropa interior con la mayor minuciosidad revisando cada pieza, examinando especialmente cada pliegue, cada doblez. Incluso revisan hasta en la boca.

¿Qué buscan tan diligentemente? La historia comienza cuando uno de los sacerdotes en el momento del arresto tenía consigo unos dólares de la institución, porque era el ecónomo. No deseando que caiga en manos de los nazis, lo escondió hábilmente en un libro que llevaba consigo.

Recién llegado al campo de concentración tuvo que dejar todo en la sección de los así llamados efectos personales, es decir en el depósito. A través de alguien que trabajaba allí pudo sacar este libro con todo su contenido y lo tenía consigo en la barraca.

Esta información llego precisamente al comandante del campo De ahí se llegó al registro. No les dio ningún resultado, pues excepto aquel sacerdote ecónomo ninguno de los sacerdotes poseía nada, porque tenían que entregar todo el día de la llegada al campo.

Pero el comandante decidió aprovechar este hecho y lo consideró como un delito grave, por lo que bajo la idea de responsabilidad colectiva todos los sacerdotes tenían que ser castigados con severidad. Sobre la dimensión del castigo no hubo que esperar mucho tiempo.

Al día siguiente, Domingo de Ramos, después del pasa lista del amanecer, cuando desde otras barracas o iban al trabajo o regresaban a sus habitaciones, las barracas de los eclesiásticos enseguida tuvieron que comenzar ejercicios de castigos, de los cuales fueron liberados los sacerdotes que trabajaban en los diferentes talleres del campo y los inválidos (los que estaban incapacitados para trabajar), pero a estos últimos no les estaba permitido ir a sentarse tranquilamente en sus habitaciones, sino que tenían que estar parados en grupos delante de la barraca sin tener en cuenta el clima.

¿Y en qué consistían estos ejercicios de castigo? El silbido de los látigos y el grito inhumano de los guardias advertían el ritmo de los ejercicios… Para quién caía de agotamiento, no había ayuda – tampoco era aceptado en el hospital. Cuando se cansaba un guardia, lo reemplazaba otro, pero los sacerdotes polacos tenían que continuar los ejercicios sin interrupción.

Ahora, se les ordenaba saltar en cuclillas, después dar vueltas en círculo, sentarse en el lugar y de nuevo correr, las diferentes órdenes: "¡abajo!", "¡arriba!", "¡media vuelta!", "¡izquierda!" siempre eran en el estridente idioma alemán. La plaza de la llamada se fue cubriendo de moribundos, que pronto se convertirían en cadáveres, pero los sacerdotes polacos seguían con los ejercicios de castigo, sin tener en cuenta la lluvia torrencial, la nieve, el viento helado… Y así sin interrupción hasta la hora del almuerzo.

Durante los ejercicios un kommando especial formado por un grupo de “verdes” y otro de “negros” – delincuentes y gitanos – desarmaban las camas, tiraban los colchones, desparramaban todo el contenido de los armarios, y por cierto robaban el pan, si es que aún había…

En el transcurso de una hora de descanso para el almuerzo había que poner todo en orden – armar las camas, el suelo y las mesas tenían que brillar como un espejo, los armarios tenían que relucir como la nieve… Sólo entonces se podía pensar en la comida.

Páginas: 1 2

Boletín de Noticias
Recibe gratis Aleteia.
Los lectores como usted contribuyen a la misión de Aleteia

Desde nuestros inicios en 2012, los lectores de Aleteia han crecido rápidamente en todo el mundo. Nuestro equipo está comprometido con la misión de proporcionar artículos que enriquezcan, inspiren y nutran la vida católica. Por eso queremos que nuestros artículos sean de libre acceso para todos, pero necesitamos su ayuda para hacerlo. El periodismo de calidad tiene un costo (más de lo que la venta de publicidad en Aleteia puede cubrir). Por eso, los lectores como USTED son fundamentales, aunque donen incluso tan poco como 3$ al mes.