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¿Qué hacer ante un embarazo ectópico?

© ellepigrafica / SHUTTERSTOCK
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Uno de los casos en los que hay serio peligro para la vida de la madre

Por último, una cuarta solución consistiría en la llamada “expectación armada”, consistente en someter a la gestante a una vigilancia dirigida a intervenir con urgencia en el momento en que se produzca la rotura de la trompa, con el fin de minimizar el riesgo para la madre. Esta solución, si bien evita intervenir, antes de la rotura de la trompa, para evitar la muerte del feto, indierectamente somete a la madre a un riesgo elevado, que resulta difícil de justificar, teniendo la alternativa de la salpingectomía, que como hemos comentado, es éticamente aceptable por las razones anteriormente expuestas.

Valoración bioética

Todas las intervenciones directamente dirigidas a provocar la muerte del embrión o del feto, aunque pretendan justificarse con el fin proteger la vida de la madre, son éticamente rechazables. Un fin lícito, en este caso curar a la madre, no justifica un medio ilícito, provocar directamente la muerte de su hijo.

Tanto la salpingostomía, extirpar el embrión ubicado en la trompa, manteniendo ésta, como el uso del metotrexato, provocan directamente la muerte del embrión lo que haría moralmente ilícito su uso.

El argumento que sostiene que este fármaco actúa solo sobre el trofoblasto, precursor de la placenta, y no sobre el embrión, resulta difícilmente sostenible, dado que considerar el trofoblasto como algo distinto del propio embrión es claramente cuestionable. Por otro lado, el metotrexato no actúa solo sobre las células del trofoblasto, sino sobre toda población celular que presente procesos de división, como son también las del propio embrión, aunque su velocidad de multiplicación celular sea netamente inferior a la del trofoblasto.

La “vigilancia armada” o abstenerse de intervenir hasta que se produzca el estallido tubárico, presenta la dificultad ética de someter a la madre a un riesgo elevado innecesario, que puede ser evitado mediante la salpingectomía, o extirpando la trompa antes de que existan indicios de adelgazamiento de su pared, que puedan hacer pensar en su posible rotura.

Parece, pues, que es esta última intervención, la salpingectomía, es la que ofrece menos dudas acerca de su bondad ética, aún admitiendo el doble efecto inevitable y no buscado de provocar la muerte indirecta del embrión como consecuencia de la extirpación de la trompa de Falopio en la que se encuentra anidado.
 

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