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Aprende a dialogar con Dios desde el libro bíblico de Job

Bert Kaufmann-CC

Ciudad Nueva - publicado el 23/03/15

Una persona justa, íntegra y recta, a la que, en la plenitud de su felicidad, le sobreviene una gran desventura que no tiene explicación

“¿Qué están haciendo? Cuéntenlo. Quiero saberlo”. No le contesté. “Estamos dibujando una catedral”, dijo el ciego. “Lo estamos haciendo él y yo. Aprieta fuerte”, me dijo a mí. “Eso es. Así va bien. Naturalmente. Ya lo tienes, muchacho. Lo sé. Creías que eras incapaz. Pero puedes, ¿verdad? Ahora sí que vas rápido. ¿Entiendes lo que quiero decir? Dentro de un momento vamos a tener aquí una verdadera obra maestra”.

El mundo está habitado por una ingente cantidad de personas como Job. Pero son muy pocos los que tienen el don de pasar sus desventuras en compañía del libro de Job. La lectura y la contemplación de esta obra maestra de la literatura de todos los tiempos es también una buena compañía espiritual y ética para aquellos que en esta vida tienen que vivir la misma experiencia que Job: una persona justa, íntegra y recta, a la que, en la plenitud de su felicidad, le sobreviene una gran desventura que no tiene explicación.

Los justos también pueden caer en desgracia. Hoy, como en tiempos de Job, los amigos, la sabiduría popular, la filosofía y la teología siguen buscando explicación a la desventura. Hoy todavía cuesta mucho pensar que un hombre o una mujer puedan llegar a la ruina sin tener ninguna culpa.

De la misma manera que necesitamos razones para explicar, comprender y aceptar el don, también necesitamos encontrar un porqué a la ruina que se abate sobre los seres humanos, una explicación que sacie nuestra sed de equilibrio y satisfaga nuestro sentido de la justicia. Nuestro sentido común no logra convivir con las desgracias sin motivo. Sin embargo el libro de Job, ese monumento de la ética y la religiosidad universal, nos dice que la desventura puede convivir con la rectitud, y que también los buenos y los justos pueden caer en el abismo más grande y profundo.

Así pues, la desventura de otros no nos dice nada acerca de su rectitud, como tampoco nos dice nada su riqueza. En estos tiempos en los que se da culto al mérito, Job nos recuerda que la verdadera vida es mucho más compleja y viva que nuestras meritocracias. Hoy, más que ayer, hay personas ricas sin ningún mérito, incluso con muchos deméritos, y personas empobrecidas que han caído en desventura siendo buenas.

Pero si la desventura golpea a justos e injustos, a buenos y malos, la gran tentación es pensar que el mundo está regido por la casualidad, por el ciego destino; negar que merezca la pena cultivar la virtud, puesto que es la fortuna la que gana la partida. Dios, Elohim, YHWH, el Señor de la Alianza, la voz buena de los patriarcas, de Moisés y de los restantes profetas, ¿es el mismo Dios de Job o es otro distinto? ¿O no hay Dios y estamos destinados a ser devorados por ídolos cada vez más sofisticados y hambrientos?

El libro de Job no es sólo un gran tratado de ética para salvarse en los tiempos de las grandes pruebas. Es también un texto que nos muestra otra cara del Dios de la Biblia: el que ataca a Moisés para matarle inmediatamente después de haber hablado con él en el Horeb (Éxodo 4), el que envía a un ángel a detener a Balaam (Números 22) o el adversario de Jacob-Israel en el vado nocturno del Yaboq (Génesis 32). Para poder atravesar el libro de Job, debemos sostener una lucha durante la noche. Sólo podremos decir que hemos cruzado el peligroso vado al rayar el alba, cuando el luchador nocturno nos deje una señal, enseñándonos una nueva dimensión de la vida.

Si queremos esperar que una voz verdadera nos llame un día por nuestro nombre, debemos leer el texto bíblico como si fuera la primera vez, porque sólo así se abre y nos sorprende. Lo hemos dicho muchas veces. Pero en el caso de Job este ejercicio espiritual y moral es indispensable y absoluto, para encontrarlo y amarlo. Debemos perder hijos, hijas, bienes y salud; debemos maldecir con él la vida sentados sobre un montón de estiércol y, sobre, todo no debemos contentarnos con explicaciones fáciles para volver rápidamente a bendecirla.

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biblia
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