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Un Vía Crucis para meditar esta Semana Santa

© Sabrina Fusco / ALETEIA

Oleada Joven - publicado el 20/03/15

Te adoramos, oh  Cristo, y te bendecimos que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

6ª Estación: Jesús es flagelado y coronado de espinas

Comienza el látigo a caer con fuerza brutal sobre tu amado cuerpo. Quizá a cada latigazo recordabas tus palabras: «Amad a los que os odian…, Hacer el bien a los que os maldicen… A quien te abofetea, ofrécele la otra mejilla… Perdonad no siete veces, sino setenta veces siete… Esta es mi sangre que se entrega por vosotros…».

(Unos minutos de reflexión en silencio)

Te adoramos, oh  Cristo, y te bendecimos que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

7ª Estación: Jesús carga con la cruz

Habías perdido gran cantidad de sangre y, cuando eso sucede, se siente interiormente que te vacías de vida. Las fuerzas fallan, se nubla la vista, la cabeza estalla, falta el oxígeno… sólo te conforta la calma y unas manos dulces que te cuidan. Pero Tú no, Tú has de cargar con la cruz y arrastrarla por las calles de Jerusalén hasta llegar al Calvario. Seguro que caíste más de una vez, perderías el conocimiento por segundos, llegaste hasta el paroxismo… no podías parar, tenías que llegar al cumplimiento, para eso habías venido. La humanidad entera te necesitaba y el amor te dio las fuerzas que ya no tenías para llegar a la cumbre. ¿Cómo puedo acompañarte, Señor? ¿cómo darte gracias por tu sacrificio de amor?

(Unos minutos de reflexión en silencio)

Te adoramos, oh  Cristo, y te bendecimos que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

8ª Estación: Jesús es ayudado por el Cireneo

El soldado te mira y ve tu extenuamiento. Cree que no podrás llegar hasta la cumbre y el castigo ha de cumplirse completo, no puede quedar a medias. Se fija alrededor y ve un campesino que a su  regreso del campo, se ha parado curioso a contemplar la comitiva. Casi sin darse cuenta, se ve empujado a tu lado y obligado a cargar con tu cruz para aliviarte los últimos metros.

Habías dicho una vez: «El que quiera ser mi discípulo, que coja su cruz y me siga». El Cirineo en este momento cogió la tuya, te miró a los ojos y debió estremecerse de compasión a la vez que se sintió feliz de poder ayudar a Aquél miserable. Era judío, pero lo encontramos después convertido junto con sus hijos. Tu dolor y tu dignidad, tu humanidad y tu serenidad, tu paciencia y mansedumbre provocaron su entrega.

(Unos minutos de reflexión en silencio)

Mi Señor y mi Dios, no me atrevo a pedirte la carga de tu cruz, pero sí te pido que me des valentía, paciencia, silencio y amor para llevar la mía de cada día. La que me cuelga   el mundo por su desamor e incomprensión, la que me cuelgo yo mismo por mi rebeldía y falta de generosidad, la que Tú permites esperando que me ayude a crecer como persona y como cristiano. Cuanto más profundo sea, más podré conocerte, acogerte, amarte y servirte. Perdóname, Señor, pero como Tú eres fuerte por los dos, ayúdame a llevarla, porque solo no me siento capaz de hacerlo; hasta que sea valiente como Tú, ayúdame Señor.

Te adoramos, oh  Cristo, y te bendecimos que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

9º Estación: Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén

Es la primera vez que hablas camino del Calvario. Ves unas mujeres llorando y probablemente recuerdas que en toda tu vida no se encuentra ni una sola mujer que te hiciera daño. Todas se acercaron  para escucharte, servirte, lavarte los  pies, perfumártelos. La mujer de Pilato te defendió, ahora estas mujeres… ¿Ya sabías, Señor, que en tu Iglesia las mujeres te seguirían en número muy superior al de los hombres? Nuestra debilidad es mucha, nuestras caídas también, pero… también hemos llorado contigo muchas veces, por tu dolor, por nuestros pecados, por los pecados del mundo. Nos ha sido fácil dejarnos amar por  ti e intentar dar amor a los demás a pesar de nuestra miseria; servimos con naturalidad y te amamos con una gran ternura. Es cierto que algunas veces las lágrimas no son signo de arrepentimiento sincero, pero Tú ves el esfuerzo, la intención del corazón y sabes que te amamos, con nuestra pequeñez, como sabemos amar; con descuentos, pero te amamos, Señor, Tú lo sabes.

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cuaresmavia crucis
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