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Un Vía Crucis para meditar esta Semana Santa

© Sabrina Fusco / ALETEIA
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Reflexión de José Luis Martín Descalzo

1ª Estación: Jesús en el huerto de los Olivos

Ante la muerte, ante el peso del pecado del mundo sobre Ti, sientes tristeza, miedo, angustia, turbación, tedio, agonía… Todo está descrito  por los evangelistas. Todo, porque eras Hombre, todo porque eras Dios y querías rescatar así al hombre, cargando también con los sentimientos producidos por el pecado en el alma. Pero en ningún momento se habla de cobardía. Esto te hubiera hecho huir y aún estaríamos esperando. No, Tú te quedaste; oraste y esperaste.

“Padre, aparta de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya”

El Padre calla. Es fácil obedecer cuando Dios responde, pero cuando calla… Tú confiaste y el Padre respondió; a los tres días, pero con una respuesta definitiva y clara. Venciste aceptando la derrota. Pero en este momento estás solo mientras los tuyos duermen ajenos, insensibles a tu dolor.

(Unos minutos de reflexión en silencio)

Señor: acepta nuestra humilde compañía en este rato y abre nuestro corazón y nuestra mente para que sepamos reconocer tu misterio de amor, tu cáliz de amargura causada por nuestros múltiples pecados. No queremos un corazón sensiblero fácil a la lágrima, sino un corazón fuerte, decidido a caminar por tus huellas, y abandonarnos en las manos del Padre que todo lo permite para un bien infinitamente mayor.

Te adoramos, oh  Cristo, y te bendecimos que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

 2ª Estación: Jesús traicionado por Judas y arrestado

Tras este rato de angustia, te levantas, libre y decididamente, y caminas hacia el colmo de nuestra miseria. No basta con no  conocerte, con dormirnos… también te hemos traicionado con Judas.

Judas te besó y nuestros besos han acompañado muchas veces nuestras promesas de cambio con tan poco esfuerzo de nuestra parte, nos cansamos tan pronto… Con un beso te entregamos por salvar nuestro amor propio. Con un beso te entregamos por salvar nuestra falsa dignidad. Con un beso te entregamos por quedarnos en nuestro egoísmo. Con un beso  te entregamos ¡por tantas cosas…!

“… ¿con un beso me entregas?”

(unos minutos de reflexión en silencio)

¿Qué decirte, Señor? Te he dicho tantas cosas tantas veces… te hecho tantas promesas una y otra vez… Estoy cansado de mí mismo; a veces me dan ganas de cesar en el esfuerzo. Pero, ¿cómo abandonar cuando tú sacas la cara por mí,  porque esperas que algún día vea la magnitud de mi miseria, no sólo de palabra, y me lance por fin en tus brazo a cumplir tu voluntad sea la que sea? Dame tu fuerza, tu valentía, tu decisión. Dame tu hambre de hacer la voluntad del Padre aún a costa de mi propia vida.

Te adoramos, oh  Cristo, y te bendecimos que por tu santa Cruz redimiste al mundo.

 3ª Estación: Jesús es condenado por el Sanedrín

Primero, conjurándote a decir la verdad por el Dios vivo, te preguntan si eres el Mesías, el Hijo de Dios, y cuando respondes: “Tú lo has dicho. Yo Soy”, entonces se sienten ultrajados. El soldado quiere hacer méritos ante el jefe y te golpea rudamente la mejilla: “Si he obrado mal, dime en qué, y si no ¿por qué me pegas?”.

Es la historia de siempre: no escuchar al otro, encerrarnos en nuestras opiniones creyéndolas las únicas acertadas, no querer oír la verdad…; y, cuando nos obligan a oírla, entonces nos sentimos heridos, atacados, escandalizados…; hay que condenar al otro.

Hemos recibido sólo gracia tras gracia desde antes de nacer, todo cuanto tenemos es tuyo y regalado  por tu generosidad, también a mí puedes decirme “Si he obrado mal contigo, dime en qué y si no ¿por qué me hieres?, ¿por qué no escuchas y pones por obra mi palabra?, ¿por qué no amas a todos por igual?, ¿por qué…?”

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