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¿Qué es la sucesión apostólica?

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Jeffrey Bruno | Aleteia
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Los obispos de hoy están unidos a los apóstoles por una cadena ininterrumpida: esta relación es una garantía de fidelidad a través del tiempo y de unidad a través del mundo

En la constitución sobre la Iglesia, el Concilio Vaticano II habla de la sucesión apostólica. Se expresa preferentemente en términos colectivos: el grupo de los  Doce, Pedro a la cabeza, vive hoy en el colegio de los obispos unidos al sucesor de Pedro y bajo su autoridad.

En el Credo, se dice que la Iglesia es “apostólica”: está fundada sobre los apóstoles, el grupo de los Doce, y tiene, actualmente, como pastores, a sus sucesores.

La insistencia, en la fe católica, de la sucesión apostólica no data del Concilio Vaticano II. Fue valorada, en el siglo II, por san Ireneo, obispo de Lyon, en su tratado Contra las herejías:

Podríamos enumerar a los obispos que fueron establecidos por los apóstoles en las Iglesias, y a sus sucesores hasta nosotros… Pero como las sucesiones de todas las Iglesias serían demasiado largas de enumerar, tomaremos sólo una de ellas, la  Iglesia más grande, más antigua y conocida por todos, que los dos apóstoles más gloriosos Pedro y Pablo fundaron y establecieron en Roma”.

San Ireneo cita entonces a los sucesores de Pedro y Pablo : Lino, Cleto, Clemente, Evaristo, Alejandro, Sixto, Telesforo, Higinio, Pío, Aniceto, Sotero “y ahora Eleuterio”, que fue obispo de Roma a partir del 175. Los nombres de algunos de ellos figuran en la Oración eucarística nº 1, llamada “canon romano”.

3. La “genealogía episcopal” es del orden del signo. Manifiesta la fidelidad, de generación en generación, y la unidad, en torno al sucesor de Pedro.

La palabra “sucesión” no debe confundir. En el notario, el heredero recibe lo que el autor del testamento le ha legado de lo que poseía. En este sentido, un obispo no es “heredero” de su predecesor : a través del procedimiento que sea, es de Dios de quien recibe el encargo de “apacentar la Iglesia de Dios”. Es capacitado para recibir este cargo por un don especial del Espíritu Santo, durante su consagración episcopal.

La palabra “geneaología” no está exenta de peligro. Pero tiene una ventaja: nadie puede pretender poseer la vida. Ni el padre, ni la madre, ni siquiera la pareja posee la vida. Ambos la han recibido y la perderán. No son propietarios. La transmiten. Como comparación, podría decirse incluso que quien consagra a un nuevo obispo transmite lo que no le pertenece.

Pero es así en también en todos los sacramentos : la gracia de Dios se comunica por gestos y palabras de hombres, llamados “ministros” de los sacramentos (“ministro” significa “servidor”). Los sacramentos se inscriben en la línea de la Encarnación: Dios se ha hecho visible.

Igualmente, por la sucesión apostólica, a la vez colegial y personal, se puede localizar la continuidad con la generación de los primeros testigos y la cohesión en el interior de la Iglesia, a pesar y a través de la diversidad de culturas.

San Ireneo se apoya en la sucesión apostólica para responder a los herejes que, contra esta continuidad y colegialidad episcopales, “han constituido agrupaciones ilegítimas”.

“Es en toda la Iglesia como puede percibirse la Tradición de los apóstoles, que ha sido manifestada en todo el mundo : la condición es que cada Iglesia permanezca en comunión con la Iglesia de Roma”.

Después de enumerar a los sucesores de los apóstoles Pedro y Pablo, san Ireneo escribe: “He aquí a través de qué continuación y sucesión la Tradición se encuentra en la Iglesia que a partir de los apóstoles y la predicación de la verdad ha llegado hasta nosotros.

Y la prueba más completa de que es una e idéntica a sí misma es esta fe vivificante que, en la Iglesia, desde los apóstoles hasta ahora se ha conservado y transmitido en la verdad”.

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