¿No estas preparado para donar?

Aún así hay otras 5 maneras como puedes ayudar a Aleteia

  1. Reza por nuestro equipo y por el éxito de nuestra misión
  2. Habla de Aleteia en tu parroquia
  3. Comparte el contenido de Aleteia con tus amigos y tu familia
  4. Desactiva el bloqueo de publicidad cuando nos visites
  5. Suscríbete a nuestra newsletter gratuita y leenos a diario

¡Gracias!
El equipo de Aleteia

Suscríbete a nuestra newsletter

Aleteia

¿Qué es la sucesión apostólica?

© OR/CPP/CIRIC
Comparte

Los obispos de hoy están unidos a los apóstoles por una cadena ininterrumpida: esta relación es una garantía de fidelidad a través del tiempo y de unidad a través del mundo

1. La generación de los apóstoles, en sí misma, no tiene sucesión : ella, y sólo ella, ha visto a Cristo resucitado. La Revelación está completa después de la muerte del último apóstol.
 
De entre sus discípulos, Jesús, tras una noche de oración, escogió a doce, cuyos nombres aparecen en los Evangelios.
 
Habiendo desertado Judas, Pedro toma la iniciativa de proceder a su reemplazo. Hay que encontrar a alguien “de entre los hombres que anduvieron con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús convivió con nosotros, a partir del bautismo de Juan hasta el día en que nos fue llevado” (Hechos de los Apóstoles 1, 21-22). Después de echarlo a suertes, es Matías quien “fue agregado al número de los doce apóstoles”.
 
Unos años más tarde, Saulo se beneficia de una aparición de Cristo resucitado en el camino de Damasco : se convierte en Pablo, el Apóstol por excelencia, sobre todo entre los paganos. El caso de Pablo es único : no se volverá a producir en la historia.
 
Hay por tanto algo de particular en esta primera generación : han sido “testigos Oculares” (Lc 1,2); han “oído, visto, contemplado, tocado” (1 Juan 1,1). Lo que tenían que decir, lo dijeron.
 
Por eso “la Revelación está completa después de la muerte del último apóstol”. No hay que esperar otra Revelación, hasta el fin de los tiempos. “En estos últimos tiempos Dios nos ha hablado por medio del Hijo (Hebreos 1,2).
 
2. Allí donde predicaban el Evangelio, los apóstoles fundaron Iglesias. Se preocuparon de poder tener un futuro instituyendo, por la gracia de Dios, jefes de comunidad. San Pablo es testigo de ello.
 
Los evangelios dan testimonio de Jesús hasta su Ascensión, cuarenta días después de la Pascua. Los demás escritos del Nuevo Testamento (Hechos de los apóstoles, epístolas y Apocalipsis) dan testimonio de la actividad de los apóstoles y de las comunidades, de las “Iglesias” que se fundaron.
 
Jesús no fue un vagabundo que predicara al azar. Constituyó un núcleo, los Doce, a quienes prometió que les enviaría el Espíritu Santo.
 
Igualmente, los apóstoles se preocuparon desde el principio, no dejando a cada comunidad ir a la deriva, siguiendo cada una su inclinación natural.
 
Pablo evoca a las comunidades que fundó y les envía cartas, las “epístolas”. Las epístolas a los Tesalonicenses, el primer escrito del Nuevo Testamento, unos veinte años después de Pentecostés, hablan ya de “Iglesias” y de los que están “a su cabeza”.
 
Él coloca a los “ancianos”, como se ve en Éfeso (Hechos 20,17). La primera carta de Pedro dirige recomendaciones a los ancianos que tienen una “grey de Dios que les está encomendada” (5,1-2).
 
Son bien conocidos dos de los colaboradores de Pablo, convertidos del paganismo, Tito y Timoteo : les envía a las comunidades fundadas por él, para evitar que vayan a la deriva. Ellos son destinatarios de tres epístolas, con consejos para el futuro. A Timoteo, Pablo le recuerda el “don espiritual que Dios ha depositado en ti por la imposición de mis manos”. 

El Apocalipsis de Juan empieza con dos cartas a las siete Iglesias de Asia Menor.
 
Los apóstoles se han preocupado por la unidad de la Iglesia, a través de los tiempos (“sucesión apostólica”) y en el espacio (“comunión").
 
No se trata de plantar en la Iglesia primitiva el esquema de funcionamiento actual, pero deben destacarse varios rasgos : la preocupación por la continuidad, la transmisión del cargo por los apóstoles, el carácter tanto colectivo como individual, y el título de “pastores”, título apropiado en primer lugar a Cristo y que Jesús dio a Pedro.
 
La sucesión apostólica concierne, a la vez, al colegio apostólico en su conjunto y a cada sede episcopal en particular.

Páginas: 1 2 3

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.