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¿Quiere usted ser santo? ¿Le da… miedo? ¿Vergüenza? ¿Rechazo?

Nestor Mora - publicado el 15/03/15

Hoy en día hablar de santidad produce indiferencia en quienes desconocen y desechan la posibilidad de estar en sintonía con la Voluntad de Dios. También produce miedo, ya que asomarse al pozo de la Voluntad de Dios causa vértigo a quienes estamos amarrados a lo cotidiano. En algunas personas, produce repulsa, ya que la santidad les parece que conlleva perder libertad y un serio peligro de ser manipulados por otras personas.

Personalmente me gusta pensar en la santidad como en un estado especial de nuestro ser. Cuanto más transparentemos la Luz de Dios, estaremos más cercanos a la santidad. Si nuestro ser es opaco, la Luz de la Verdad no llegará a nuestro interior ni se trasladará a los demás por medio de nosotros. La conversión es la transformación de un ser opaco a un ser cada vez más transparente.

El corazón humilde arrastra del cielo a Dios para hacerse cercano #SanAgustin (Comentario al Salmo 93,16)

Esta frase de San Agustín se comprende mejor cuando pensamos que la humildad es uno de los factores principales de la transparencia de nuestro ser. Cuanto más soberbios y orgullosos seamos, seremos más opacos a la Luz de la Verdad. Un corazón humilde hace más cercano a Dios, ya que permite que la Luz llegue a todos los que le rodean.

¿Por qué nos resulta indiferente la santidad? Hay muchas razones, pero una de ellas es nuestra incapacidad de dejar pasar la Luz de Dios. Nos da igual que exista esa Luz o que llegue a los demás. Pensamos que eso es cosa de “curas y monjas” cuando es una tarea que nos compete a todos nosotros, sin excepción. Más bien, la santidad es más necesaria que nunca entre los laicos, ya que nosotros estamos en el mundo (sociedad) y sólo a través nuestra podrá llegar a otras personas.

¿Por qué nos da miedo la santidad? Nos da miedo hacernos transparentes, ya que tememos que los demás miren dentro de nosotros. Nos da vergüenza que puedan ver nuestros errores e infidelidades. Es un miedo o una vergüenza un poco extraña, ya que todos tenemos los mismos errores en nuestro interior. Todos compartimos la misma naturaleza humana. Si alguien ve en nuestro interior, sólo verá lo mismo que han en él. Nada más.

¿Por qué rechazamos la santidad como algo pasado de moda que nos hace perder libertad? La razón proviene de un error. Pensamos que la libertad es proporcional a lo opaco que sea nuestro ser. Cuanto mejor conocimiento tengan los demás de lo que somos, creemos que somos más libres. La realidad es que la oscuridad nunca conlleva libertad, sino esclavitud. Esclavitud a nuestros errores y limitaciones. Cuando más transparentes seremos más libres, ya que la Luz que pase a través de nosotros nos llenará y limpiará.

Empecemos por aceptar la Luz, después la misma Luz nos irá limpiando y transformando.
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