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Papa Francisco: Que la persecución contra los cristianos que el mundo trata de esconder, termine y que haya paz

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angelus pope francis
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Durante el Angelus el Papa hace un llamamiento por los atentados en Pakistán

Queridos hermanos y hermanas,
 
El Evangelio de hoy nos propone las palabras pronunciadas por Jesús a Nicodemo: "Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único" (Jn 3,16). Escuchando esta palabra, volvemos nuestros corazones a Jesús Crucificado y sentimos dentro de nosotros que Dios nos ama, nos ama de verdad, y ​​nos ama tanto! Esta es la expresión más simple que resume todo el Evangelio, toda la fe, toda la teología: Dios nos ama con amor gratuito y sin límites.

Este amor Dios lo demuestra sobretodo en la creación, como proclama la liturgia, en la Plegaria Eucarística IV: "Ha dado origen al universo para derramar su amor sobre todas las criaturas y alegrarla con el esplendor de su luz." En el origen del mundo hay sólo el amor libre y gratuito del Padre. San Ireneo escribe: "Dios no creó a Adán porque necesitaba del hombre, sino para tener a alguien a quien donar sus beneficios" (Adversus haereses, IV, 14, 1).

Así continúa la Plegaria Eucarística IV: " Y cuando por desobediencia perdió tu amistad, no lo abandonaste al poder de la muerte, sino que, compadecido, tendiste la mano a todos”.  Al igual que en la creación, incluso en las etapas sucesivas de la historia de salvación se destaca el amor gratuito de Dios: el Señor escoge a su pueblo, no porque se lo merecen, sino porque es el más pequeño entre todos los pueblos. Y cuando fue “la plenitud de los tiempos", aunque si los hombres habían roto en varias ocasiones la alianza, Dios, en lugar de abandonarlos, ha establecido con ellos un vínculo nuevo, en la sangre de Jesús – el vínculo de la alianza nueva y eterna – una vínculo que nada podrá romper.

San Pablo nos recuerda: " Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo " (Ef 2,4). La Cruz de Cristo es la prueba suprema del amor de Dios por nosotros: Jesús nos ha amado "hasta el extremo" (Jn 13,1), es decir, no sólo hasta el último momento de su vida terrena, sino al extremo límite del amor. Si en la creación el Padre ha dado pruebas de su inmenso amor al darnos la vida, en la pasión de su Hijo nos ha dado la prueba de las pruebas: él vino a sufrir y morir por nosotros.
 
Después de la muerte y resurrección de Jesús, "el amor de Dios – siempre dice San Pablo – ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado" (Rom 5,5). El Espíritu Santo obra en la Iglesia y a través de ella asegura la memoria viva de Cristo, y funciona en todas partes, incluso fuera de la Iglesia, acrecentando los valores de la auténtica humanidad. El Espíritu de amor nos permite capaz de amar a Dios y al prójimo. El Signo más santo y más eficaz de este amor es la Eucaristía, el memorial de la Pascua de Jesús: cada vez que la celebramos nosotros revivimos el evento del Calvario, cumbre de la historia de amor de Dios con la humanidad.

María, Madre de misericordia, nos ponga en el corazón la certeza de que somos amados por Dios. No esté cerca en momentos de dificultad y nos done los sentimientos de su Hijo, para que nuestro camino cuaresmal sea experiencia de perdón, de aceptación y de caridad.
 
DESPUÉS ANGELUS
 
Queridos hermanos y hermanas,
 
Queridos hermanos y hermanas, con dolor, con mucho dolor me enteré de los actos terroríficos de hoy contra dos iglesias de la ciudad de Lahore en Pakistán que han provocado numerosos muertos y heridos. Son iglesias cristianas, los cristianos son perseguidos, nuestros hermanos versan la sangre sólo porque son cristianos.

Mientras aseguro mis plegarias por las víctimas y sus familias, pido al Señor, imploro all Señor, fuente de todo bien el don de la paz y la concordia para este país. Y que esta persecución contra los cristianos que el mundo trata de esconder termine y haya paz.

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