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¿Hay más luz que oscuridad en mi alma?

Chapel in the morning light - © Paul / Shutterstock

Carlos Padilla Esteban - publicado el 15/03/15

Vivir en la luz consiste en dejar que Dios y los hombres nos vean como somos

Este domingo se nos habla de la luz y de la esperanza: «La luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios». Juan 3, 14-21.

La luz vino para iluminar nuestro camino, para vencer en medio de la tiniebla de nuestra vida. Para que no caminemos sin ver. Somos ciegos, en realidad, pero podemos ver gracias a la luz de Dios en nuestro camino.

A veces nos acostumbramos a la oscuridad de nuestro pecado, de nuestro egoísmo, y seguimos caminando sin turbarnos. Pero no vivimos plenamente. A veces me pregunto, ¿hay más luz que oscuridad en mi alma?

Vivir en la luz consiste en dejar que Dios y los hombres nos vean como somos. En dejar que yo mismo me vea tal como soy.

A veces nos da miedo la luz que me muestra quién soy de verdad, en lo más profundo. Una luz que me deja navegar hasta lo más profundo de mi alma. Allí donde el corazón no tiene el orden perfecto, ni la armonía soñada.

Allí donde no puedo esconderme de mis pasiones y mis miedos. Allí donde brilla mi verdad, sin tapujos ni máscaras. Allí donde no quiero que nadie mire, porque ni yo mismo me atrevo a mirar a veces.

Enfrentarnos con nuestra verdad no es tan sencillo. Nos da miedo reconocer los límites que la vida y nuestra naturaleza nos imponen. A veces necesitamos a otros que nos ayuden a caminar en la oscuridad y sean nuestros ojos. Como Nicodemo aquella noche.

El otro día vi un video que me conmovió. Se trataba de un matrimonio joven en el que todo iba muy bien. Las cosas resultaban, eran jóvenes, se amaban. En ese momento dulce de sus vidas ella enferma y se queda ciega.

Su primera reacción fue la negación. No quería ser una carga para su marido. No quería obligarle a ser su cuidador toda su vida. Quería ser independiente, autónoma.

Quería seguir cuidándole a él y mostrándole su amor cada día. Se rebela con dolor. Casi quería decidir por él para que no tuviera que ser su cuidador a la fuerza. Quería serle útil y no un ser inútil a su lado. No quería ser una carga en su camino.

La reacción de él es increíble. Quiere ayudarla y protegerla aunque ella no se deja. En su orgullo ella quiere ser capaz de llevar la misma vida que llevaba hasta ese momento. No quiere ser enferma, limitada, discapacitada.

Su marido acepta su actitud y decide cuidarla en secreto. La cuida con infinito cariño y hace muchas cosas por ella sin que ella se dé cuenta. Porque no quiere herir su sensibilidad. No lleva cuentas del bien que hace.

Cada mañana, antes de ir al suyo, acompaña a su mujer hasta su trabajo sin que ella se dé cuenta. La vigila en silencio, para que no se sienta inútil a su lado. La protege con delicadeza. Es un amor oculto, silencioso, un amor muy grande.

Me gustó mucho la delicadeza de su amor. No la violenta, sólo la cuida en la distancia. La ama callado. Sus gestos de amor tan elocuentes protegen a la persona amada.

Me gustaría cuidar así a los que Dios me confía. Acompañarlos en su oscuridad sin querer forzarlos, sin presionarlos, sin querer convencerlos para que hagan lo que no quieren.

Creo que así lo hace Dios con cada uno de nosotros. Está oculto en nuestra vida y no lo vemos actuando. A veces le pido que me deje verle más veces. Pero Él calla y sigue quitando muchos peligros de mi camino.

Aguarda paciente, me sostiene en silencio. Y me levanta cuando mis fuerzas flaquean y caigo. Esa actitud llena de amor me da mucha vida y mucha luz. Dios llena de luz mi camino en su silencio.

También yo quiero ser luz para otros y hacerlo con la delicadeza de ese amor.

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alma
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