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El Yunque, hora de salir del escondite

© Random House Mondadori

Jorge Traslosheros - publicado el 14/03/15

Si su finalidad es hacer el bien, entonces, ¿para qué se ocultan? Y si no es así, ¿por qué se dicen cristianos?

El medio católico internacional Aleteia.org, publicó una serie de reportajes y entrevistas muy interesantes sobre el Yunque, derivadas de un proceso judicial. Al final, nada que no conociéramos o no se hubiera dicho ya en México. El Yunque es una organización secreta con membrete católico, en este orden. El problema es que, cuando el término católico se convierte en adjetivo calificativo se torna en ideología manipuladora de la fe. Católico es sustantivo o no puede ser.

El Yunque existe. Pequeña sorpresa. Al parecer es una consecuencia no deseada de la violenta persecución religiosa del primer tercio del siglo XX en México, si bien se desarrolla en la confrontación anticomunista de los años sesentas. Como organización, sus miembros se dicen católicos e incluso afirman defender a la Iglesia; pero en los hechos esconden su identidad. Cabe preguntarnos, ¿se puede defender a la Iglesia desde un catolicismo vergonzante? La respuesta es, por necesidad, negativa. La Iglesia está para proclamar el Evangelio, para eso la fundó Jesús y ésta es la razón de su existencia. Católico y vergonzante son términos incompatibles.

No se comprende por qué el Yunque deba ser una sociedad secreta, no en su origen y mucho menos hoy, en medio de una sociedad caracterizada por su pluralidad. Si su finalidad es hacer el bien, entonces, ¿para qué se ocultan? Y si no es así, ¿por qué se dicen cristianos? El único escondite digno para un cristiano son las catacumbas. Y en las catacumbas florece la Iglesia, jamás una sociedad secreta.

Los apóstoles, padres apostólicos y padres de la Iglesia, lejos de hacer de la comunión de los bautizados un grupo oculto, formaron un espacio de encuentro y caridad. A lo largo de la historia, en las duras y en las maduras, se ha pedido públicamente a los emperadores, dictadores y demás gente horrorosa, un lugar digno en la sociedad para participar en la construcción del bien común, como hoy lo exigen el Papa, los obispos en Medio Oriente y en China, por ejemplo.

En nuestros días proclamar el Evangelio pasa necesariamente por la lucha contra la cultura del descarte y la indiferencia, desenmascarando la dictadura del relativismo. Implica trabajar a favor de la vida desde la fecundación hasta la muerte natural, por la familia, la libertad religiosa, la educación centrada en la dignidad humana, los derechos humanos, la justicia, la verdad. Y la verdad es que nada de esto se puede hacer desde una organización oculta que, en manera alguna, puede identificarse con las catacumbas. La Iglesia de las catacumbas y una organización secreta son realidades en franca contradicción.  

La Iglesia se opone decididamente a las sociedades secretas por una sencilla y evangélica razón: ¡no se puede predicar el Evangelio en lo oscurito! La palabra de Cristo se anuncia, se proclama el Kerigma y se trabaja con caridad, o no se puede ser Iglesia. A Cristo lo elevaron en el árbol de la Cruz a plena luz del día y, desde la Cruz, resucitó para redimir a toda la humanidad. Mandó a los apóstoles que hicieran discípulos de todas las naciones, bautizar y perdonar los pecados, no a que formaran una secta de iluminados. ¡Fundó su Iglesia para ser luz del mundo, sal de la tierra, levadura en la masa, grano de mostaza!

El Yunque, como cualquier sociedad oculta de membrete católico, en su afán de jugar a las escondidillas le hace mucho daño a labor de evangelización y, por ende, a la Iglesia. Dan pie a todo tipo de funestas leyendas que luego se las endilgan a obras de católicos que participan con honestidad en la sociedad civil. En ocasiones basta que se diga que una obra está infiltrada por el Yunque, para lanzar sobre ella un velo de sospecha. Y, como desde lo oscurito nadie puede aclarar las cosas, el chisme se propaga como el fuego.

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