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De artista favorito de Mao a retratista del Papa Francisco

© Gcmarino / Wikimedia CC
http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Shen_Jiawei,_Portrait_of_Pope_Francis_presented_to_His_Holiness_on_28_April_2014-_2014-04-28_23-20.jpg
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Shen Jiawei llamó la atención de la jerarquía eclesiástica australiana en 1994 con un retrato de Mary MacKillop

Los cuadros del artista Shen Jiawei de soldados chinos durante la Revolución Cultural gozaban de tal aprecio bajo el régimen de Mao que el más famoso de ellos fue reproducido en 250.000 afiches distribuidos por todo el país. Cuatro décadas después, Shen pinta por encargo de un mecenas distinto: insólitamente, se ha convertido en el retratista oficial del Vaticano.
 
Pintó el primer retrato del Papa Francisco y hace poco terminó uno enorme del cardenal George Pell, que maneja los fondos de la Santa Sede.
 
La trayectoria de Shen, de propagandista mimado del Ejército Popular de Liberación a retratista papal, revela una combinación rara de talento y aprovechamiento de oportunidades. Lo llevó a China, a Australia, donde cobraba a los turistas 30 dólares por un retrato en el puerto Darling de Sydney, y últimamente a un balcón en los jardines del Vaticano, donde retrató a Pell.
 
"Para mí, cada vez que se cerraba una puerta se abría otra‘", dijo Shen, de 66 años, en una entrevista telefónica desde su atelier en Bundeena, al sur de Sydney.
 
Shen cursaba el último año de secundaria cuando Mao Tse-tung lanzó la Revolución Cultural, la campaña de 1966 a 1976 para devolverle pureza ideológica a la revolución anticapitalista china.
 
Cuando el cierre de las universidades dio por tierra con sus esperanzas de estudiar pintura, Shen ingresó a la Guardia Roja y luego al Ejército Popular de Liberación, entregándose de lleno al espíritu comunista de la época.
 
En el EPL reconocieron su talento de artista autodidacta y pasó a integrar la legión de propagandistas que retrataban a obreros, campesinos y soldados en el estilo de la propaganda soviética, el llamado realismo socialista.
 
En 1974, cuando cumplía una misión en la remota provincia de Heilongjiang, Shen pintó su obra más famosa, Montando guardia para nuestra gran patria, en la que aparecen tres soldados en un atalaya sobre la frontera sino-soviética. La obra fue incluida en una exposición en 1974 en el Museo Nacional de Arte de Beijing organizada por la esposa de Mao, quien la elogió.
 
Sin embargo, Shen recuerda el estupor que sintió al verla en el museo: habían alterado los rostros de los soldados para hacerlos más acordes con los patrones de arte revolucionario del régimen: eran más redondos y enrojecidos para que parecieran más sanos y heroicos.
 
Con esa modificación, se reprodujo el cuadro en posters de propaganda y Shen saltó a la fama; en las décadas de 1970 y 80 era uno de los artistas más conocidos de China.
 
"Muchos de nuestra generación copiaban sus cuadros», dijo Guo Jian, de 53 años, quien al igual que Shen fue propagandista del EPL, aunque luego se sumó al movimiento estudiantil de protesta que culminó con la masacre de la plaza Tienanmen en 1989 y finalmente emigró a Australia.
 
"Cuando crecíamos en esa época, no había otra cosa» que el arte propagandístico, dijo Guo y añadió que Shen "tiene una gran habilidad y por la manera de pintar es levemente distinto de los demás. Creo que fue eso lo que nos impresionó».
 
Shen está orgulloso de su obra, no porque fuera buena propaganda sino porque logró hacerse artista en China cuando era casi imposible obtener pinturas al óleo. Dice que no adoptó los patrones idealizados del arte propagandístico que copiaban casi todos los artistas chinos de la época. Prefería que la naturaleza guiara su pincel.
 
"Es por eso que si miras esa época en China, la mayoría de las obras son distintas de las mías», dijo. "Eso me enorgullece».
 
Asimismo, no considera que sus retratos de Francisco y el cardenal Pell sean propaganda para la Iglesia católica.
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