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Tras el fin del mundo, ¿dónde viviremos?

Safariari CC
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Desde la fe afirmamos del universo no una destrucción por aniquilamiento sino una consumación por transformación

Me cuesta imaginar cosas de la vida eterna. Por ejemplo, la ciencia nos dice que nuestro planeta y el mismo sol un día desaparecerán, y entonces me pregunto dónde viviremos…
 
Dice la Escritura que «ni ojo vio, ni oído oyó lo que Dios tiene reservado para los que le aman…». Nuestra imaginación es tremendamente inquieta y curiosa, y no puede ser de otra manera, pero ante ciertas realidades siempre se quedará muy corta.
 
Es verdad que la física nos habla de la finitud de nuestro sistema solar. También nuestro cuerpo es finito y mortal. Dice san Pablo de manera muy gráfica que nuestro cuerpo será destruido.
 
Sin embargo, creemos no simplemente en la inmortalidad del alma sino en la resurrección de la carne, a imagen y semejanza de la resurrección de Jesucristo.
 
Entonces yo me preguntaría si Dios tiene poder para resucitar muertos, porque no lo tendría para una «resurrección cósmica» que afectaría a la creación entera que, en palabras de Pablo, «gime en dolores de parto».
 
Desde la antropología que brota de la fe cristiana no podemos nunca renunciar a nuestra corporalidad, a nuestra dimensión constitutivamente social y a nuestro «ser en el mundo».
 
¿Cómo será esto en la escatología plenamente realizada? Podemos decir que será, pero de una manera que supera todo nuestro imaginario.
 
Jesús nos dice que va al Padre para prepararnos sitio y que en casa del Padre hay lugar para todos. La Biblia nos habla también de que el Cordero glorioso será nuestro sol que nos iluminará.
 
 Y no podemos olvidar la expresión sugestiva de «un cielo nuevo y una tierra nueva» que encontramos en el Apocalipsis.
 
No dejan de ser metáforas para infundirnos una gran esperanza que reposa en último término en el amor y en el poder ilimitados de Dios.
 
Finalmente, una cita interesante del Catecismo de la Iglesia católica: «En cuanto al cosmos, la Revelación afirma la profunda comunidad de destino del mundo material y del hombre… el universo visible también está destinado a ser transformado, a fin de que el mundo mismo restaurado a su primitivo estado, ya sin ningún obstáculo esté al servicio de los justos, participando en su glorificación en Jesucristo resucitado.»
 
Podríamos decir que desde la fe afirmamos del universo no una destrucción por aniquilamiento sino una consumación por transformación.

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