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¿Cómo tratar una pasión prohibida?

cléofas
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Cortar el mal de raíz, vigilar, orar y huir, el espíritu es fuerte pero la carne es débil

Recibo algunos emails de personas que viven una “pasión prohibida”; esto es, se encantaron, enamoraron, de una persona con quien no podrán casarse. Hace mucho, los filósofos ya decían que “el corazón tiene razones que la propia razón desconoce”.

¿Cómo explicarle a la razón que el corazón de una mujer casada se enamoró del colega de trabajo o viceversa? Ciertamente hay razones para eso, pero la razón queda perdida, ésta no entiende esa “lógica”.

Una muchacha me escribió diciendo que hace años que está enamorada de un padre. Ella sabe que no puede ser pareja de él, y mucho menos casarse con él; es catequista en la iglesia de él; pero la pasión es testaruda, y lastima el alma.
Está “enferma de amor”.

Un muchacho me escribió diciendo que ama a su esposa, que tiene dos bellos hijos, pero ahora está enamorado de una colega del trabajo, y ¿entonces? ¿Qué hacer? Él me dice que no deja de pensar en la muchacha, incluso cuando está abrazando a su esposa. Es el amor prohibido ¿Qué hacer? Ciertamente muchos pierden la calma y juegan en el abismo del corazón…

Y el prejuicio es grande. ¿Cuál es la salida? No hay otra: la continencia, “cortar el mal de raíz”; sin dolor ni piedad de los gemidos del corazón; si la pasión es prohibida tiene que ser cortada de raíz, por más que duela el alma. La hierba dañina no puede crecer porque si no mata el buen árbol.

Está claro que no es fácil “cortar” una pasión prohibida, pues es una decisión de la razón que el corazón no acompaña; éste continúa aullando como el gato en el tejado abandonado por la gata. Jesús puso remedio: “vigilar y orar”, el espíritu es fuerte, pero la carne es débil. Entonces la manera es “huir”.

Si la pasión es prohibida, es veneno; y del veneno se huye. Muchos llegan a la orilla del abismo para luego intentar volver; es un riesgo muy grande. Es verdad que el mejor paisaje es el que la gente ve “en el límite del abismo”, pero un paso en falso, destruye todo.

Entonces, la solución es, incluso entre lágrimas, “huir”, rezar, implorar la gracia de Dios para “cortar de raíz la relación”.

Nada de conversaciones, cartas, e-mails prohibidos y “caricias light”. Ojos que no ven, oídos que no oyen, manos que no tocan y corazón que no siente. De un amor prohibido sólo tenemos una salida, huir, como se huye de cualquier peligro.

Aunque se tenga que hacer como hizo el filósofo griego Ulises, que necesitó ser amarrado a la barca para no entregarse a los brazos tentadores y mortales de la sirena encantada de la Odisea.

Ciertamente estás diciendo: “eso es muy difícil”. Sí, yo diría que es casi imposible sin la gracia de Dios, sin la oración y la “huida heroica”, pero es un hermoso regalo que le ofreces a Dios, porque cuanto más difícil es para ti hacer su voluntad, Él más se alegra, y más mérito tienes.

Cuanto más difícil es decir “no” a una pasión prohibida, más agrada a Dios y se libra del peligro. Aunque las espinas de las rosas hieran tu ama, ofrece a Dios las flores puras y perfumadas de un corazón que le pertenece.

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