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La economía y la ecología son compatibles

© realworkhard
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Una reflexión para el 3 de marzo, día mundial de la naturaleza

Quizás hemos puesto palabras donde faltaban ideas, y pensamientos donde restaba conciencia. Convendría, pues, hacer un alto en el camino y recapacitar. Ni todo es blanco ni todo es negro. Hay matices en la acepción que conviene reflexionar. Así, podemos ver  las grandes ventajas del mundo moderno, pero también debemos de reconocer las amenazas de una destrucción de la naturaleza por la fuerza de nuestro capricho o actividad.

Lo cierto es que hemos perdido el sentido natural de las cosas, la orientación y el significado original que hace referencia a la forma innata en la que crecen espontáneamente plantas y animales.

La avaricia, que es esencialmente antinatural, con su legión de mezquinos, ha hecho de este universo material un negocio de mercado, engendrando todo tipo de alteraciones, sin importarle para nada la geología del entorno, los seres vivos, la propia vida del cosmos.

Obviamente, la intervención humana ha sido desastrosa, porque ha devaluado su propio hábitat, la flora y la fauna silvestre, rompiendo el equilibro originario y, por ende, sus propias condiciones existenciales.
 
En este sentido, la aportación de las gentes de ciencia es de suma importancia. Los científicos, y gentes de pensamiento, deben ayudarnos a comprender nuestra relación con la medio ambiente, nuestra capacidad de dominio, las responsabilidades y consecuencias.

También los líderes deben impulsar otro tipo de actitudes más ordenadas y respetuosas con el realidad autóctona. Más que gozar con el derroche o con el consumo excesivo y desordenado de los recursos del planeta, debemos avivar otros deseos más humanos con la naturaleza.

No se trata de tener, sino de compartir; tampoco es cuestión de aparentar, sino de crecer interiormente. En la raíz de este desquiciado cataclismo del ambiente natural hay un abuso permanente de poder, una altanería sin precedentes en el sentido de crear un mundo sin ética y una arrogancia transformadora a gusto de los poderosos.

Por eso, la ciudadanía (coincidiendo con el día mundial de la naturaleza: el día 3 de marzo), haría bien en alzar su voz para expresar su profunda preocupación por este tipo de abusos y corrupciones, que son verdaderos delitos ambientales. Está bien fortalecer la cooperación internacional, pero además debemos dar respuestas contundentes de justicia penal.
 
Precisamente, en los primeros días de este año, el secretario general de la Convención sobre Comercio Internacional de Especies Amenazadas, recordaba los estrechos vínculos entre las redes de crimen organizado con la caza de elefantes, insistiendo en la necesidad de redoblar los esfuerzos por combatir la caza, el contrabando y la venta de marfil. No se puede negar que las especies se están extinguiendo más rápidamente que en otras épocas, en parte debido a las actividades humanas que no sólo agotan recursos sino que también los contaminan, cambiando y deteriorando los hábitats, que recordemos es territorio común a toda la especie humana.
 
Indudablemente, ante el extendido deterioro ambiental la humanidad tiene que reaccionar. De entrada no se pueden seguir usando los bienes de la tierra como hasta ahora. Sería proseguir con los crímenes ambientales. Tenemos que activar una conciencia innata de apoyo a lo natural, utilizando una visión más estética y menos interesada. Son muchos los comportamientos contaminantes que deberían cesar.

La desgana o el rechazo a normas éticas fundamentales no cabe duda de que nos lleva al borde mismo de la autodestrucción. En nombre de un falso avance se han permitido romper ciertos equilibrios ecológicos y esto ha originado una degradación ecológica que están afectando a la misma subsistencia del planeta.

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