Aleteia

El terrorismo iconoclasta del “Estado Islámico”: no es Islam, es política

© Public Domain / Youtube
Comparte

El fanatismo religioso que defienden los yihadistas es una excusa para imponer un régimen político totalitario

Que los milicianos del autoproclamado Estado Islámico destrocen brutalmente obras de arte antiguo en un museo de la ciudad iraquí de Mosul ha conseguido, una vez más, conmocionar al mundo. Borrar todo vestigio del glorioso pasado civilizatorio del área de Nínive es otra modalidad más de terrorismo. Pese a hundir sus raíces en las contradicciones del mundo contemporáneo, el ISIS recurre, intensifica y retroalimenta una interpretación fanática de los principios islámicos y sus preceptos iconográficos.
 
1. El odio al otro: reinventando el pasado
 
En un video de reciente difusión se observa como milicianos del autoproclamado Estado Islámico destrozan con mazas y taladros obras de arte en el Museo de la ciudad de Mosul, en el norte de Irak. El mundo sigue conmocionado por las muestras de terror bárbaro dadas por este grupo en ejecuciones como la del piloto jordano o los trabajadores coptos martirizados en Libia. Esta acción de violencia nihilista se enmarca en un contexto bélico sostenido en el que las potencias regionales y la comunidad internacional tratan de evitar que el ISIS consolide su dominio en amplias zonas de Irak y Siria. La estratégica Mosul está bajo su control desde junio de 2014.
           
La pérdida de vidas es lo esencial, aunque no debe minusvalorarse esta táctica de terrorismo cultural. Es otra forma de imponer un régimen totalitario y fanático. En todas las épocas ha habido un control de la memoria histórica desde el poder. Un arma de propaganda que incluye a veces la destrucción u olvido de un pasado incómodo. Hay muchos ejemplos de lo que los romanos llamaban damnatio memoriae. Antiguos, como el borrado de jeroglíficos y destrucción de efigies de Akenaton cuando Egipto volvió al politeísmo. Modernos, como la caída de la estatuas de Lenin y símbolos soviéticos tras la caída del Muro.   
           
Expertos internacionales temen que las pérdidas ocasionadas sean irreparables, si las piezas perdidas son originales y no réplicas. Ha impactado ver el destrozo de los toros alados de las puertas de Nínive, de obras del sitio arqueológico de Hatra, declarado patrimonio mundial. Las culturas acadia, asiria, babilónica desarrolladas en la antigua Mesopotamia son cruciales para entender la historia de la civilización humana. Están en el origen de las ciudades, de la escritura, de la agricultura. Pero también en el origen de la religión organizada, del culto. Los museos y yacimientos arqueológicos han padecido la conflictividad de esta zona y las guerras que la azotan desde la era de Sadam Hussein.   
 
2. Iconoclastia  y memoria: ¿religión o política?
 
Por razones religiosas, la tradición artística islámica ha promovido desde su origen una opción estética no figurativa. En su origen, esta propuesta se entendió como una forma de prevenir cultos idolátricos, propios de estadios politeístas, a favor de un culto monoteísta inequívoco. De ahí el cultivo de un arte desprovisto de representación figurativa de la divinidad y los grandes personajes proféticos, con cierta tendencia geométrica y abstracta, en lugar de ocuparse de la imagen humana. Algo clave en el arte, como símbolo y como recuerdo, desde la antigüedad, en particular desde el clasicismo grecolatino.

La representación humana y el riesgo de idolatrar las imágenes es un asunto recurrente en la historia de las religiones. Con grandes polémicas y debates teológicos en el judaísmo y el cristianismo que estuvieron presentes en el contexto del Islam naciente. Si bien la adopción de un monoteísmo neto con un programa artístico no figurativo es algo diferente a la justificación de la furia iconoclasta. A legitimar la destrucción del patrimonio histórico artístico de la humanidad.

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.