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La catedral de Córdoba (1), corazón de las reivindicaciones del islam en España

Cathedral of Cordoba 2 – es

© Timor Espallargas

María Angeles Corpas - publicado el 25/02/15

Algunos tratan de contaminar el diálogo interreligioso con planteamientos ajenos a su ámbito

El artículo es obra de María Angeles Corpas Aguirre y de Pablo J. Carrión

La polémica desatada desde hace meses en torno a la catedral de Córdoba no es un asunto puntual. Tampoco es una extravagancia sostenida por un sector de musulmanes y laicos de izquierda. Asistimos al enconado intento de desposeer a la Iglesia católica, no sólo de un edificio, sino de cualquier vestigio que aluda a su contribución positiva en la historia española.

La creación de este “estado de opinión pública” forma parte de un proceso que hunde sus raíces en el origen de la transición española.

Las comunidades islámicas, especialmente las de origen converso, siempre han tenido este asunto en el horizonte de sus aspiraciones. Lo que sí es novedoso es su decidida apuesta por implicarse en un debate político en torno a la expropiación del templo, asociándose con otros actores en la “Plataforma Mezquita-Catedral de Córdoba: patrimonio de tod@s”.

1. Reivindicación histórica del islam en España

El uso compartido de la catedral de Córdoba ha sido considerado desde hace más de treinta años como un símbolo para muchos musulmanes. En España, la entidad “Junta Islámica” y su presidente, Mansur Escudero (desparecido en 2013), han sido sus promotores.

De este modo, la reivindicación no es nueva y corre paralela al desarrollo del islam en España. El rezo islámico en la catedral se ha venido produciendo en un marco institucional y diplomático, como gesto de acogida a distintos representantes del mundo árabe islámico en nuestro país. Desde 1974 a 1991, reyes, príncipes saudíes y dignatarios han gozado de este privilegio.

Fuera de este contexto, Junta Islámica ha insistido en solicitar que estas excepciones se transformaran en algo “normalizado”. Es decir, que se permitiese de facto el uso compartido de la catedral para todos los musulmanes.

Las autoridades eclesiásticas han tratado de hacer comprender la naturaleza de la catedral como templo católico en uso y no como espacio histórico desacralizado. Es decir, que es un templo donde Cristo, hijo de Dios vivo, está presente en el Sagrario. Algo que la confesión musulmana rechaza explícitamente. No obstante, la Iglesia nunca se ha negado a que tal rezo pudiese hacerse de modo individual.

Tras los Acuerdos de 1992 del Estado español con la confesión islámica, esta cuestión sufrió un cambio importante. Como religión oficialmente reconocida, Junta Islámica consideró que la petición del uso compartido excedía el ámbito del diálogo interreligioso.

Debía plantearse como un derecho ligado a la libertad religiosa de los musulmanes. Como reivindicación de un pasado históricamente enajenado al islam en España en favor de la religión católica. Es en esta clave política como han sido entendidos los gestos de entendimiento realizados sucesivamente por Juan Pablo II y Benedicto XVI.

De este modo, el diálogo interreligioso ha sido el pretexto esgrimido por un sector de los musulmanes para “negociar” la recuperación de un espacio al que “histórica” y “constitucionalmente” creen que tienen derecho. Han pasado de solicitar el rezo colectivo a la conversión de la catedral de Córdoba en un “templo ecuménico”, símbolo de la convivencia pacífica de los distintos credos reconocidos en España.

La posición de la Iglesia católica siempre ha sido favorable a un clima de concordia y diálogo con los musulmanes, al respeto de sus derechos como creyentes que merecen espacios de oración dignos. Y ha incidido en la necesidad de que los cristianos que viven en países de mayoría musulmana gocen de estos mismos derechos.

Asimismo, ha subrayado claramente que las presiones ejercidas para hacer efectiva la petición del uso compartido no contribuyen a la concordia, especialmente teniendo en cuenta que es la Iglesia católica la que posee los títulos jurídicos fehacientes sobre el uso exclusivo de la catedral
.

2. La Plataforma: una estrategia política más allá de la fe

Desde la década de 2000, Junta Islámica ha comparecido en distintos foros tratando de convertir su petición en una propuesta que hiciera visible la presencia social e institucional del islam en España. Así lo concretó en el Foro de Diálogo Interconfesional Islamo-Cristiano, celebrado en el Vaticano en marzo de 2004.

Dos años después, la  puesta en marcha de la Alianza de Civilizaciones por los presidentes español y turco animó a Junta Islámica a plantear la cuestión cordobesa como “ejemplo vivo” de un islam tolerante y pacífico.

Así, enviaron la proposición a los entonces responsables de los gobiernos de España y Turquía, José Luis Rodríguez Zapatero y Recep Tayyip Erdogan, invitándoles a promover la apertura de Santa Sofía en Estambul y de la “Mezquita-Catedral de Córdoba” como templos ecuménicos en los que cristianos, musulmanes y creyentes de otras religiones pudieran orar juntos al mismo Dios.

Convertir Córdoba y su catedral en ejemplo de reconciliación histórica ha significado desde hace años contaminar el diálogo interreligioso de planteamientos ajenos a su ámbito, que podemos resumir en tres cuestiones:

-¿De quién es? Es decir, quién posee la titularidad jurídicaSin lugar a dudas: de la Iglesia, que ejerce legal y legítimamente su uso y propiedad. El cuestionamiento de esta realidad por parte de las autoridades andaluzas no puede ocultar un gran interés económico: el monumento posee un gran efecto “llamada” para el turismo nacional e internacional. Sea religioso o no. Enajenarlo supondría una fuerte inyección a las arcas de la Junta de Andalucía. 

Pero este interés económico no puede ocultar una estrategia política basada en una “necesaria expropiación”. La generación de un debate social a través de los medios está resultando de extraordinaria utilidad para replantear el actual modelo de relaciones Iglesia-Estado y calibrar el apoyo de sectores de izquierda, al que se ha sumado decididamente un sector de los musulmanes.

-"Si es Patrimonio de la Humanidad ¡es de todos!": con este sencillo argumento, la Plataforma que defiende la expropiación ha sostenido uno de los discursos tradicionalmente usados por los sectores musulmanes y que puede resumirse del siguiente modo: la “Catedral Mezquita” ha sido “enajenada” al Islam. Un agravio “histórico” no modificado por las autoridades del Estado, que sostienen económicamente el monumento y benefician a la institución eclesiástica.  

Sin embargo, tanto UNESCO como las autoridades europeas y del Estado español están comprometidas con la protección de este monumento, al margen de que sea o no un bien de titularidad pública o privada. Así, estas instancias están obligadas a cooperar con su conservación. Ser patrimonio de la humanidad es un hecho independiente que ni resta responsabilidades ni añade derechos a su legítima propietaria: la Iglesia. 

-Un espacio para… ¿diálogo interreligioso, intercultural, uso ecuménico? Estas cuestiones, de naturaleza muy distinta, aparecen ligadas a la reivindicación de la Plataforma. De un lado, el diálogo interreligioso ha sido y es un camino de encuentro entre cristianismo e islam que se viene usando como medida de presión.

Sobre esto, hay que decir que los actos interreligiosos requieren unas condiciones muy claras para no incurrir en relativismo, confusión o sincretismo. Al contrario, debe prevalecer el reconocimiento, respeto y la cooperación pacífica.

Pero pretender que esta herramienta de concordia se convierta en una cesión sin condiciones, resulta abusivo. De igual modo, la propuesta de realizar actos interculturales está
inspirada en una propuesta multicultural, una visión política/sociológica más que religiosa. Introducirla en este contexto como un asunto necesario es falsear la verdadera naturaleza del encuentro.

Sobre el uso ecuménico del espacio catedralicio, insistimos en recordar que se trata de un templo católico consagrado al culto, de manera ininterrumpida y pacífica desde el siglo XIII.

La presencia del Sagrario (Cristo vivo) hace que su uso no sea compatible con otros cultos, especialmente el Islam, que no reconoce la naturaleza divina de Cristo. A diferencia de una mezquita, la catedral no es sólo un espacio de oración, donde evocar a Dios. Es “casa de Dios”.

3. Reinvención de la historia: los mitos del “andalusismo”

Siendo un edificio histórico, la catedral no es un resto arqueológico, ni un museo. Tampoco es un recinto de interpretación de al Ándalus. Es un templo, y como tal, un ámbito que goza de especial protección legal, en tanto que expresión de la libertad religiosa de sus fieles.

Resulta evidente que al tratarse de un símbolo histórico híbrido (católico-islámico) ha estado y está sujeto a una falacia histórica y política sostenida por la Plataforma. A saber: que es  un templo “enajenado por la Iglesia”, no sólo a los musulmanes / al islam, sino también al pueblo andaluz / español.

En este sentido, la Plataforma ha acusado a la Iglesia de estar “borrando” el nombre de mezquita de su denominación oficial para “ocultar su islamidad”, en tanto que símbolo del Califato Omeya (islam triunfante en la Península).

Con ello, subraya la reinvención del pasado histórico que viene sosteniendo un sector de los musulmanes en España. En este discurso, la Iglesia católica sigue ejerciendo un papel negativo, obstructor de la verdad, modernidad y la civilización.

Por último es importante subrayar que la construcción de España como nación está indiscutiblemente ligada al cristianismo.

En un intento de borrar estas raíces, las autoridades andaluzas han privilegiado desde hace décadas al islam como referente más señero y rentable del pasado andaluz. Una suerte de “analusismo” histórico, en el que Al Ándalus es un mito que da coherencia al “ser” de Andalucía, bien en el pasado o en el futuro.

Expropiar el templo a la Iglesia sería certificar el comienzo de este desplazamiento definitivo de lo católico como raíz cultural y espiritual, una estrategia política y económica que de tener éxito no impediría que se reeditara en cualquier parte de España.

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