Ir al contenido principal

La limosna, más que compartir bienes materiales, es donarse

3 min de lectura
LENT

Crédito: Mrmohock - Shutterstock

Dar limosna no es solo dar bienes materiales, es compartir nuestros talentos y tratar con misericordia al prójimo para transformarnos en verdaderos cristianos

Compartir en :

¿Limosna? ¿No está eso ya está pasado de moda? La limosna podría entenderse como un tipo de vasallaje denigrante, que los desfavorecidos tienen que aceptar para poder comer. ¿Cómo es posible que la Iglesia indique la necesidad de dar limosna cuando existe la solidaridad, la filantropía, el voluntariado?

La limosna es una práctica antigua

Solidaridad, filantropía, voluntariado, son palabras modernas. Limosna es más antigua, está en el Evangelio. Las palabras evangélicas tienen una fuerte carga de amor, cercanía, afecto y compromiso. Las palabras modernas hablan de exterioridades que son importantes, pero que quizás no llegan a transformarnos.

Muchos dan la limosna exteriormente, y, sin embargo, no la dan interiormente; estos son los que quieren aparecer misericordiosos por ambición o por algunas otras miras temporales (San Agustin, Sermón de la montaña 2, 2, 9).

¿Cuál es el objetivo de la limosna? ¿Dar al que no tiene? Cierto, es un objetivo importante, ya que aliviar el sufrimiento de un hermano siempre es bueno, pero la limosna es más que eso. Conlleva mover un elemento humano: misericordia, y uno sobrenatural: donarse.

Más que compartir bienes terrenales

Aunque compartir los bienes terrenales sea bueno, Cristo quiere algo más. Quiere que la persona se comparta. Quiere que se comparta lo que cada uno es, con sus talentos.

Una sonrisa es a veces más misericordiosa que un billete de gran valor. Con el billete se cubren las necesidades físicas. Con la sonrisa se transmite dignidad y valor a quien la recibe.

Esto no quiere decir que el dinero y los bienes ayuden a quienes lo necesitan, pero además de esto, se trata de aportar ese algo más recibido de Dios.

Compartir los dones que Dios te ha dado

El problema es que solemos ser tremendamente avaros con los dones que Dios nos ha dado. Si somos inteligentes, utilizamos la inteligencia para nuestro provecho. Si somos buenos comunicadores, buscamos rendimiento de este don.

Si tenemos don de gentes, lo utilizamos para ser considerados en la sociedad. Si tenemos voluntad, la usamos para nuestro beneficio personal.

¿Por qué no compartir estos dones? ¿No es eso lo que Cristo pide al invitar a negarse a uno mismo?

El reto cristiano es aportar a la sociedad lo que las ONGs, colectivos sociales y asociaciones no pueden dar: sobrenaturalidad. ¿O se nos ha olvidado que el Reino de Dios no es de este mundo?