Recibe Aleteia gratis directamente por email

¿No estas preparado para donar?

Aún así hay otras 5 maneras como puedes ayudar a Aleteia

  1. Reza por nuestro equipo y por el éxito de nuestra misión
  2. Habla de Aleteia en tu parroquia
  3. Comparte el contenido de Aleteia con tus amigos y tu familia
  4. Desactiva el bloqueo de publicidad cuando nos visites
  5. Suscríbete a nuestra newsletter gratuita y leenos a diario

¡Gracias!
El equipo de Aleteia

Suscríbete

Aleteia

Prójimo es la persona que tiene misericordia y caridad con el necesitado

© piipaaa
Comparte

Reflexión sobre el samaritano

El evangelista san Mateo escribe: Habéis oído que se dijo: amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Más yo os digo: amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odian y rogad por los que os persiguen para que seáis hijos de vuestro Padre de los cielos que hace salir el sol sobre los buenos y malos y hace llover sobre los justos y pecadores, porque si amáis a los que os aman y saludáis únicamente a vuestros hermanos, ¿qué mérito tenéis? ¿No hacen esto los publicanos y los gentiles? Sed perfectos, pues, como vuestro Padre del cielo es perfecto (Mt.5, 43-48).
 
Palabras que Jesús de Nazaret pronunció en el célebre discurso del Sermón de la Montaña para enseñarnos que los cristianos no solo tenemos que amar y hacer bien a nuestros amigos, sino que también tenemos que amar y hacer el bien a nuestros enemigos, porque los amigos y los enemigos son hijos de Dios Padre, que hace salir el sol sobre los buenos y malos sobre justos e injustos. Para los escribas y fariseos, el prójimo eran las personas judías a las que había que amar, y los enemigos eran las personas de los demás pueblos paganos, incluidos los samaritanos, a los que hay que odiar
 
Para ello les expone el caso y ejemplo del Samaritano que San Lucas escribe en su Evangelio: Un doctor de la Ley mosaica le dijo a Jesús de Nazaret para tentarle: ¿Maestro que es lo que tengo que hacer para conseguir la vida eterna.?

Le respondió: ¿que está escrito en la Ley?, ¿cómo lees? Le respondió: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo. Le dijo: has contestado bien, haz esto y vivirás.
 
El doctor de la Ley para justificar su pregunta le pregunta: ¿y quién es mi prójimo? Jesús de Nazaret le contesta con el siguiente ejemplo: Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, los cuales después de despojarlo y golpearlo, se marcharon y lo dejaron medio muerto. Casualmente pasaba por aquel camino un sacerdote, lo vio y paso de largo. Lo mismo hizo un levita que lo vio y paso de largo.
 
Pero un samaritano, que iba de viaje, llegó junto a él, y al verlo se compadeció, se acercó y vendó sus heridas después de ungirlas con aceite y vino. Lo montó en un caballo, lo llevó a una posada a su cuenta y cuidado. Al día siguiente sacó dos denarios y se los dio al posadero, y le dijo: Cuídale, y lo que gastes de más, ya te lo pagaré a mi vuelta. ¿Quién de estos tres te parece que se mostró prójimo con la persona que cayó en manos de los ladrones? El doctor de la Ley le contestó: el que practicó con la misericordia. Jesús de Nazaret le dijo: ve y haz tú lo mismo.
 
Los samaritanos eran una mezcla de israelitas y asirios, que practicaban el culto a Yavet y a los dioses asirios, admitían la Ley mosaica, e intentaron unirse a los judíos, pero fueron rechazados Por las autoridades judías, Zorobabel y Nehemías.

En vista de ello, Manasés, hijo del sumo sacerdote Yoyadá, edificó un templo propio en el monte de Garizím para dar culto a Yavet, lo que dio lugar al nacimiento de una gran enemistad entes judíos y samaritanos, porque para los judíos no hay más templo de Yavet que el de Jerusalén
 
Destruido el templo del monte Garizim por el judío Juan Hircano en el año 128 antes de Cristo porque los samaritanos se habían hecho amigos de los Seléucidas, monte Garizím quedó dicho como lugar de culto a Yavet. En tiempos de Jesús de Nazaret llamar samaritano a uno era una injuria. Los judíos apenas tenían relación alguna con ellos.
 
El ejemplo del Samaritano nos esclarece quién es el prójimo. No es el sacerdote, ni levita, judíos, que pasan de largo de hombre necesitado de auxilio, sino que el prójimo es el samaritano, odiado por los judíos, que se compadece del herido y casi muerto por los ladrones, tiene misericordia y caridad con él, le venda y unge sus heridas, le monta en su caballo, le lleva una posada para que le curen y cuiden  y paga  todos sus gastos.
 
Conclusión: Prójimo es la persona amiga o enemiga, sea cristiana, judía, samaritana, pagana, atea, agnóstica o de otra religión,  que hace  obras de misericordia o de caridad con el necesitado, al que éste debe amar y serle agradecido.
 
 José Barros Guede
 
Artículo originalmente publicado por Revista Ecclesia
 
 

Tags:
alma
Newsletter
Recibe gratis Aleteia.