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Papa Francisco: nunca se puede usar a Dios para cubrir la injusticia

© Sabrina Fusco / ALETEIA
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Homilia hoy en la Domus Santa Marta

Los cristianos, especialmente en Cuaresma, son llamados a vivir coherentemente el amor a Dios y el amor al prójimo. Es uno de los pasajes clave de la homilía que Francisco pronunció en la Misa matutina en Casa Santa Marta. Francisco puso en guardia contra quien manda un cheque a la Iglesia y luego se comporta injustamente con sus empleados.
 
El pueblo se lamenta ante el Señor porque no escucha sus ayunos. El Papa Francisco comenzó su meditación partiendo del pasaje de Isaías en la primera lectura. Y en seguida subrayó que hay que distinguir entre “lo formal y lo real”.
 
Para el Señor, observó, “no es ayuno no comer carne y después pelear y explotar a los obreros”. Por eso Jesús condenó a los fariseos porque hacían “muchas observancias exteriores, pero sin la verdad del corazón”.
 
El ayuno que quiere Jesús en cambio es el que rompe las cadenas inicuas, deja libres a los oprimidos, viste a los desnudos, hace justicia. “Este – reafirmó el Papa – es el ayuno verdadero, el ayuno que no es sólo externo, una observancia exterior, sino que es un ayuno que viene del corazón”.
 
“Y en las tablas de la ley está la ley hacia Dios y la ley hacia el prójimo y las dos van juntas. Yo no puedo decir: 'No, yo cumplo los tres primeros mandamientos … y los demás más o menos'. No, si no haces esto, eso no puedes hacerlo y si haces esto. Están unidos: el amor a Dios y el amor al prójimo son una unidad y si quieres hacer penitencia, real no formal, debes hacerla ante Dios y también con tu hermano, con el prójimo”.
 
Se puede tener mucha fe, prosiguió, pero – como dice el Apóstol Santiago – si “no haces obras está muerta, de qué sirve”. Así, si uno va a Misa todos los domingos y hace la comunión, se le puede pedir: “¿Y cómo es tu relación con tus dependientes? ¿Les pagas en negro? ¿Les pagas el salario justo? ¿También las contribuciones para la pensión? ¿Para asegurar la salud?”.
 
“Cuántos, cuántos hombres y mujeres de fe, tienen fe pero dividen las tablas de la ley: ‘Sí, sí yo hago esto’ – ‘¿Pero tu haces limosna?’ – ‘Sí, sí, siempre envío un cheque a la Iglesia’ – ‘Ah, bien, de acuerdo. Pero a tu Iglesia, a tu casa, con los que dependen de ti – sean los hijos, los abuelos, los empleados –¿eres generoso, eres justo?’. Tu no puedes hacer limosnas a la Iglesia a hombros de la injusticia que haces con tus empleados. Este es un pecado gravísimo: es usar a Dios para cubrir la injusticia”.
 
“Y esto – prosiguió – es lo que el profeta Isaías, en nombre del Señor, hoy nos da a entender”: “No es un buen cristiano el que no hace justicia con las personas que dependen de él”. Y no es un buen cristiano, añadió, “el que no se despoja de algo necesario a él para darlo a otro que lo necesita”. El camino de la Cuaresma, dijo también, “es este, es doble, a Dios y al prójimo: es decir, es real, no es meramente formal. No es no comer carne solamente el viernes, hacer alguna cosita, y después hacer crecer el egoísmo, la explotación del prójimo, la ignorancia de los pobres”. Hay quien, ha contado el Papa, si necesita curarse va al hospital y como es socio de una mutua, en seguida se le visita. “Es algo bueno – comentó el Papa – da gracias al Señor. Pero dime, ¿has pensado en quienes no tienen esta relación social con el hospital y cuando llegan tienen que esperar  6, 7, 8 horas?”, también  “para una cosa urgente”.
 
Hay gente aquí, en Roma, advirtió, que vive así y la Cuaresma sirve “para pensar en ellos: ¿qué puedo hacer por los niños, por los ancianos, que no tienen la posibilidad de ser visitados por un médico?”, que quizás esperan “ocho horas y después te dan el turno para una semana después”.
 
“¿Qué hace esa gente? ¿Cómo será tu Cuaresma?”, pregunta Francisco. “Gracias a Dios yo tengo una familia que cumple los mandamientos, no tenemos problemas …” – “Pero en esta Cuaresma – pide de nuevo el Papa, en tu corazón ¿hay lugar para los que no han cumplido los mandamientos? ¿Que se han equivocado y están en la cárcel?”.
 
“‘Con esa gente yo no…’  – ‘Pero tu, él está en la cárcel: si tu no estás en la cárcel es porque el Señor te ha ayudado a no caer. ¿En tu corazón los encarcelados tienen un lugar? ¿Tu rezas por ellos, para que el Señor les ayude a cambiar de vida?’ Acompaña, Señor, nuestro camino cuaresmal para que la observancia exterior corresponda a una profundo renovación del Espíritu. Así hemos rezado. Que el Señor nos de esta gracia”.
 

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