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Cristo es la Eucaristía: ¿esto es real o simbólico?

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El Magisterio, basándose en la Escritura y la Tradición, asegura que lo que tenemos sobre el altar y después nos comemos es en verdad el cuerpo y la sangre de Cristo

Los fieles, recordando la Palabra de Cristo a sus apóstoles «El que a ustedes escucha, a mí me escucha» (Lc.10, 16), reciben con docilidad las enseñanzas y directrices que sus pastores les dan de diferentes formas.
 
El Magisterio de la Iglesia es una guía segura en la lectura e interpretación de la Sagrada Escritura, «ya que nadie puede interpretar por sí mismo la Escritura» (2 Ped. 1, 20).
 
Con respecto a la Eucaristía hay abundancia de textos conciliares, de textos patrísticos, de textos de tantos santos de todos los siglos que hablan de la riqueza, de la eficacia, de la importancia  de la Eucaristía para la Iglesia.

Para la muestra el siguiente botón: “El modo de presencia de Cristo bajo las especies eucarísticas es singular. Eleva la Eucaristía por encima de todos los sacramentos y hace de ella "como la perfección de la vida espiritual y el fin al que tienden todos los sacramentos" (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae 3, q. 73, a. 3).
 
En el Santísimo Sacramento de la Eucaristía están "contenidos verdadera, real y substancialmente el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y, por consiguiente, Cristo entero" (Concilio de Trento: DS 1651).
 
«Esta presencia se denomina "real", no a título exclusivo, como si las otras presencias no fuesen "reales", sino por excelencia, porque es substancial, y por ella Cristo, Dios y hombre, se hace totalmente presente’ (Encíclica Mysterium Fidei, 5)”. (Catecismo de la Iglesia, 1374).

¿Por qué ir a misa?
 
Al asistir al sacrificio eucarístico los fieles lo ofrecen también al Padre por medio del sacerdote, quien realiza la consagración en nombre de todos y para todos.
No hay sacrificio eucarístico posible sin sacerdote celebrante, porque éste no solo actúa in persona Christi Capitis sino que es alter Christus (otro Cristo).
 
El sacerdote es el único designado por Cristo para que se dé el milagro de la transubstanciación mediante la pronunciación de las palabras de la consagración, que son las palabras pronunciadas por el mismo Jesús a través de su acción sacerdotal.

Por tanto, comulgar es el acto más sublime que podemos hacer en la vida, pues es recibir a Dios en nuestra vida. Jesucristo, que por ser Dios es infinitamente sabio y poderoso, no pudo dejarnos cosa mejor que Él mismo.
 
Comulgando damos gusto a Jesucristo, para eso se ha quedado en la Eucaristía.
A Jesucristo no le bastó hacerse hombre y morir por la humanidad. Quiso quedarse en la Eucaristía y hacerse pan para unirse a nosotros en la sagrada comunión. Dice Cristo que quien comulga, “vivirá eternamente” (Jn 6,54).

Este artículo es la continuación de la primera parte una extensa repuesta a un lector sobre la presencia de Cristo en la Eucaristía y si esta se da también en las asambleas protestantes. El próximo lunes se publicará la tercera y última parte.

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