Aleteia

Dos santas para el pueblo palestino

Anonymous/Fair Use
Comparte

Serán canonizadas el 17 de mayo. Twal: “Tierra Santa no es sólo guerra”

En la gran fiesta con motivo de los 20 nuevos cardenales creados por el Papa Francisco el anuncio de su canonización quizá pasó desapercibido, pero no para la Iglesia palestina a la que pertenecen. María de Jesús Crucificado, en el siglo Mariam Baouardy, monja profesa de la Orden de los Carmelitas descalzos y María Alfonsina Danil Ghattas, fundadora de la Congregación de las Hermanas del Rosario de Jerusalén, serán las primeras dos santas de la tierra de Jesús de la era moderna.

En el Consistorio del 14 de febrero, el Papa Francisco ha establecido que sean canonizadas el 17 de mayo próximo junto a otras dos religiosas, la francesa Jeanne Emilie de Villeneuve, fundadora de la Congregación de las Hermanas de la Inmaculada Concepción de Castres y sor María Cristina de la Inmaculada Concepción, fundadora de la Congregación de las Hermanas Víctimas Expiatorias de Jesús Sacramentado.

Una “pequeña árabe obediente hasta el milagro”

Procedente de una ciudad cercana a Nazaret, donde nació el 5 de enero de 1846 y llevaba el nombre de la Virgen, Mariam Baouardy entró en el Carmelo de Pau, en los Pirineos, a los 19 años. Su vida antes de la profesión religiosa tiene el sello de una aventura. Muy joven queda huérfana de ambos padres, de origen libanés y pertenecientes a la Iglesia católica greco melquita, y es adoptada por un tío paterno con quien parte para Alejandría en Egipto.

A los 13 años huye de casa para evitar ser forzada a casarse y se tropieza con un musulmán que intenta obligarla a renegar de la fe cristiana. Al rehusarse, el joven le corta la garganta y, cuando vuelve en sí, Mariam se despierta en una cueva, atendida y cuidada por una mujer misteriosa, en la cree reconocer a la Virgen María. Busca trabajo como doméstica y ama de llaves mudándose de Alejandría, a Jerusalén, a Beirut, y a Marsella, hasta llegar al Carmelo de Pau y donde toma el nombre religioso de Sor María de Jesús Crucificado.

“Una pequeña árabe obediente hasta el milagro”: la definía su madre superiora en Pau, donde tuvo como director espiritual al religioso Pierre Estrate de la Congregación de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús de Bétharram, el cual será su primer biógrafo. En 1870 parte con un grupo de hermanas para fundar el Carmelo indio de Mangalore; en 1875 funda, con otro grupo de carmelitas, el Carmelo de Belén. Ahí muere a los 32 años, el 26 de agosto de 1878, como consecuencia de una terrible caída.

Los biógrafos dan testimonio de ocho dones místicos: éxtasis, levitación, estigmas, profecía, ubicuidad, transverberación del corazón, visiones de santos y don de poesía.

Humilde e iletrada, la religiosa escondía, en cambio, los estigmas que le sangraban el día de la Pasión de Cristo al creer que había contraído lepra y atribuía los fenómenos de éxtasis y bilocación a la incapacidad de estar despierta durante la oración. En Belén, además de los éxtasis místicos, era atormentada por el maligno que buscaba, en vano, arrancarla de Dios a quien se acercaba cada vez más para rezar: “No puedo vivir más, oh Dios, no puedo vivir más. ¡Llámame hacia ti!”.

Quedan de ella poesías e himnos bellísimos que no habría podido componer en base a sus conocimientos, habiendo míseramente aprendido, tras las insistencias de los superiores religiosos, a leer y escribir. En el más famoso dice: “¿A quién me parezco yo, Señor? A los pajaritos implumes en su nido. Si el padre y la madre no les llevan comida, mueren de hambre. Así está mi alma sin Ti: no tiene sustento, no puede vivir”.

“Kedise”, “la santa” como era ya considerada Mariam en Belén por los cristianos y musulmanes desde el día de su muerte, fue beatificada por San Juan Pablo II el 13 de noviembre de 1983; su memoria litúrgica es el 26 de agosto para la Iglesia universal, el 25 para los carmelitas descalzos.

Newsletter
Recibe gratis Aleteia.