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Sexo: ¿Se puede pedir hoy en día esperar a casarse?

© Juanedc / Flickr / CC
Parejas
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La castidad sólo se vive con una lucha ilusionada y constante para vivir con un corazón indiviso, aspirando a entregarse del todo en el momento oportuno

Hace unos días, en misa, volví a escuchar aquella lectura de san Pablo condenando la fornicación. Siempre me ha costado entenderla y creo que en realidad san Pablo está hablando de los deberes de fidelidad entre los casados y no de relaciones entre personas solteras y, concretamente, de las relaciones que los jóvenes tenemos con mucha naturalidad, especialmente con la pareja con quien podríamos contraer matrimonio. ¿Es así? De otro modo la mayoría de jóvenes viviríamos en pecado… Y Jesús en el Evangelio nunca habla de estas relaciones prematrimoniales…

En muchas ocasiones he observado que el hecho de que una mayoría haga o deje de hacer algo, viva o deje de vivir de una manera determinada, no constituye ningún criterio absoluto de moralidad.

Creo que no podemos contraponer a san Pablo y a Jesús. ¿Acaso los escritos bíblicos de san Pablo son menos inspirados que el resto del Nuevo Testamento? Es verdad que Jesús no habla de todo y Él mismo afirmó que el Espíritu Santo iría llevando a la comunidad cristiana a una comprensión cada vez más plena de la verdad.

Hay que dejar claro que cuando san Pablo habla de la fornicación no está hablando del adulterio y también es verdad que ambos pecados no pueden ser equiparados.

El adulterio formaba parte de aquellos pecados gravísimos que eran sometidos a la disciplina severa de la penitencia canónica junto con el homicidio y la apostasía, en cambio, la fornicación, no.

Esto no significa que no deje de ser un grave desorden moral que, lejos de justificarlo, hay que luchar para evitarlo. La donación total que se expresa en una relación sexual humana aspira a una comunión y estabilidad que sólo se garantizan en el matrimonio.

Esta es la doctrina cristiana, el ideal hacia el cual hay que caminar aunque cueste, sabiendo, sin embargo, que Dios no dejará de ayudarnos a que sea posible.

No es necesario que le recuerde la falsedad de ciertos tópicos como el que dice que las parejas que han convivido antes de casarse tienen más garantías de estabilidad. Al contrario. Y a más promiscuidad, menos capacidad de fidelidad.

La doctrina católica no tiene una concepción ingenua de la naturaleza humana; todo lo contrario, tiene una concepción muy realista de las dificultades que tenemos para llevar una vida virtuosa y la imposibilidad de conseguirlo sin el concurso de la gracia.

La Iglesia sabe muy bien que la castidad sólo se vive con una lucha ilusionada y constante para vivir con un corazón indiviso, cayendo y levantándose, aspirando a entregarse del todo en el momento oportuno.

Y hay que animar a nuestros jóvenes a vivir así aunque para el mundo parezca una tontería. Lo que nos dice san Pablo es lo que Dios quiere y es lo que más nos conviene.

Artículo publicado en el semanario Catalunya Cristiana

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