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Papa Francisco: “El camino de la Iglesia es el de la misericordia y de la integración”

Alvaro Real - publicado el 15/02/15

Misa celebrada con los nuevos cardenales del Colegio Cardenalicio

El Papa Francisco presidió la misa celebrada con los nuevos cardenales del Colegio Cardenalicio. En su homilía destacó la compasión de Jesús: “Ese padecer con que lo acercaba a cada persona que sufre. Jesús, se da completamente, se involucra en el dolor y la necesidad de la gente…”.

La compasión de Jesus ante la marginación y su voluntad de integración fue el tema principal de su homilía a los nuevos cardenales, explicando lo que debieron sentir los leprosos en aquella época: “Imaginad cuánto sufrimiento y cuánta vergüenza debía sentir un leproso: físicamente, socialmente, psicológicamente y espiritualmente. No es sólo víctima de una enfermedad, sino que también se siente culpable, castigado por sus pecados”.

Durante su intervención el Papa Francisco explicó que “Jesús revoluciona y sacude fuertemente aquella mentalidad cerrada por el miedo y recluida en los prejuicios” y mostró cómo no deroga la ley de Moises, sino que la lleva a su plenitud.

“La lógica del amor que no se basa en el miedo sino en la libertad, en la caridad, en el sano celo y en el deseo salvífico de Dios, Nuestro Salvador, «que quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1Tm 2,4). «Misericordia quiero y no sacrifico» (Mt 12,7; Os6,6)”, afirmó el Obispo de Roma.

Para el Papa Francisco: “Jesús no tiene miedo de este tipo de escándalo. Él no piensa en las personas obtusas que se escandalizan incluso de una curación, que se escandalizan de cualquier apertura, a cualquier paso que no entre en sus esquemas mentales o espirituales, a cualquier caricia o ternura que no corresponda a su forma de pensar y a su pureza ritualista. Él ha querido integrar a los marginados, salvar a los que están fuera del campamento (cf. Jn10)”.

Con la presencia de los nuevos cardenales, se planteó dos lógicas de pensamiento y fe: “el miedo de perder a los salvados y el deseo de salvar a los perdidos”. “Hoy también nos encontramos en la encrucijada de estas dos lógicas: a veces, la de los doctores de la ley, o sea, alejarse del peligro apartándose de la persona contagiada, y la lógica de Dios que, con su misericordia, abraza y acoge reintegrando y transfigurando el mal en bien, la condena en salvación y la exclusión en anuncio”, explicó el Papa.

Ante esta encrucijada, el obispo de Roma destacó cuál es el camino de la Iglesia: el de la misericordia y de la integración: “El camino de la Iglesia es el de no condenar a nadie para siempre y difundir la misericordia de Dios a todas las personas que la piden con corazón sincero; el camino de la Iglesia es precisamente el de salir del propio recinto para ir a buscar a los lejanos en las “periferias” de la existencia; es el de adoptar integralmente la lógica de Dios; el de seguir al Maestro que dice: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan» (Lc 5,31-32)”.

A los cardenales se dirigió especialmente, mostrándole que no sólo tienen que acoger e integrar a aquellos que llaman a la puerta, “sino ir a buscar, sin prejuicios y sin miedos, a los lejanos, manifestándoles gratuitamente aquello que también nosotros hemos recibido gratuitamente”.

“Os exhorto a servir a la Iglesia, en modo tal que los cristianos – edificados por nuestro testimonio – no tengan la tentación de estar con Jesús sin querer estar con los marginados, aislándose en una casta que nada tiene de auténticamente eclesial".

"Os invito a servir a Jesús crucificado en toda persona marginada, por el motivo que sea; a ver al Señor en cada persona excluida que tiene hambre, que tiene sed, que está desnuda; al Señor que está presente también en aquellos que han perdido la fe, o que, alejados, no viven la propia fe; al Señor que está en la cárcel, que está enfermo, que no tiene trabajo, que es perseguido; al Señor que está en el leproso – de cuerpo o de alma -, que está discriminado. No descubrimos al Señor, si no acogemos auténticamente al marginado”, finalizó el Papa Francisco.

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