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¿Cuáles fueron las 10 ideas clave del pontificado de Benedicto XVI?

©ALESSIA GIULIANI/CPP
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El legado de Joseph Ratzinger a la Iglesia católica gana valor con el paso del tiempo

Cuando el papa Ratzinger viajó a Estados Unidos, los estadounidenses – según las estadísticas – sabían tres cosas sobre este papa: que era más abierto de lo que se pensaba, que tuvo un lío con los musulmanes a raíz de un discurso en Ratisbona, y  que usaba zapatos fabricados por Prada. En esto último no estaban en lo cierto –comentaba John L. Allen–, pues los zapatos se los había hecho un artesano romano del barrio del Trastevere.

Este autor norteamericano –en un principio bastante crítico con el cardenal Ratzinger– publicó después un libro traducido al castellano por la bilbaína editorial Mensajero, que se titula Diez cosas que el papa Benedicto XVI quiere que sepas. He aquí una síntesis, con algunas variaciones.

1. Dios es amor. El papa Ratzinger sorprendió al mundo con su primera encíclica sobre la caridad: el que había sido el «guardián de la fe», era también ahora el papa del amor y la esperanza, a juzgar por sus tres primeras encíclicas.

• Amor (eros), caridad (agape) y santidad (amor total) en perfecta línea de continuidad: el amor humano (purificado) puede llevar al amor de Dios.

• El sexo y el amor humano han sido redimidos y pueden ser reconducidos al ámbito de la santidad, del amor total. Para esto necesitan de una purificación.

2. El cristianismo es un mensaje positivo. Positivo y propositivo: un ‘gran sí’ a Dios, como el papa alemán ha repetido. Los pequeños ‘síes’ y ‘noes’ que se pueden derivar en la vida cristiana son tan solo para subrayar este SÍ, con acento y mayúsculas.

• Los fundamentos de la doctrina de Benedicto XVI son eminentemente positivos: verdad y amor, fe y razón, verdad y libertad.

• La «dictadura del relativismo» llevaría a esa experiencia ya vivida en el III Reich y en sus campos de exterminio. Sin verdad no hay libertad, sino totalitarismo. Verdad y amor: la verdad sin amor es dura; el amor sin verdad es arbitrario, y puede sostener posturas inhumanas. También se puede matar por “compasión” (cf. Arsénico por compasión).

• Benedicto XVI propone como pilares de su mensaje el amor, la verdad y la belleza.  Guardini hablaba de la capacidad de convicción de la verdad, por la propia belleza que esta tiene.

3. Jesús es el Señor. Esta frase de san Pablo recuerda que Jesucristo es un hombre como nosotros, pero que también es Dios. No es un avatar más de la divinidad. El ser-Dios de Cristo es central en el mensaje cristiano y así se propone al mundo.

• Frente al relativismo de las religiones, Ratzinger-JP II ha recordado la unicidad y exclusividad de la redención en Cristo. Un hindú, un budista o un musulmán se pueden salvar,  en Cristo. Unicidad y universalidad.

4. Cristo y la Iglesia. Benedicto XVI destacó que la Iglesia no es otra cosa que el cuerpo y la esposa de Cristo.

• Las catequesis de los miércoles sobre los primeros cristianos recordaron que los apóstoles, los Padres y los primeros cristianos continúan la acción de Jesús en este mundo.

• Se trata de volver a las raíces, a los orígenes de la Iglesia, cuando todos los cristianos formábamos parte de una única Iglesia. Cf. modo de ejercicio del primado

• La Iglesia es la institución más duradera y atacada de la historia. Debe confirmarse en su fidelidad a Cristo y a los demás, debe crecer hacia dentro (comunión y ecumenismo) y hacia fuera (diálogo interreligioso y con el mundo).

• El centro de la Iglesia lo constituye la liturgia: es este su verdadero corazón. El cuidar esta dimensión llevará necesariamente al crecimiento en la comunión eclesial. La Eucaristía hace la Iglesia.

5. La verdad y la libertad están íntimamente unidas, pues de hecho –como Jesús dijo– solo «la verdad hace libres».

• Lo contrario –el error y la mentira– son cadenas y quitan libertad: llevan a la llamada «dictadura del relativismo», que el cardenal alemán relacionaba con el nazismo sufrido en su infancia.

El amor debe ir unido a la verdad, cumbre de la libertad (Caritas in veritate)

• El llamado «guardián de la fe» como prefecto es también el papa del amor y de la esperanza, a juzgar por los títulos de sus tres primeras encíclicas.

6. La fe y la razón van también juntas, pues –como recordó Juan Pablo II– son las dos alas para remontarse hacia la verdad.

• La razón nos puede librar de los fanatismos y los terrorismos, sean estos del signo que sean. La razón defiende también al ser humano, sin necesidad de remitirse a instancias religiosas. Cf. discurso de Ratisbona, razón abierta y ampliada, ¿antimoderno o posmoderno?

• Puede darse una «ética global o mundial» en defensa de la vida y del individuo, independientemente del propio credo o ideología. Defensa del concepto de la ley natural como patrimonio común de todas las culturas y religiones. Cf. el aborto no es un problema confesional, apelar a la razón y a la conciencia

• Existe por tanto una emanación no neoplatónica entre el Logos con mayúsculas y los logos con minúscula: la verdad –la realidad de las cosas– y la razón.

7. La política y la religión son distintas, pero no del todo distantes. Iglesia y Estado han de caminar separadas, pero mirándose y escuchándose la una al otro. Como la fe y la razón.

• Sería esta la famosa «laicidad positiva». La no confesionalidad implica neutralidad y diálogo, nunca oposición o polémica.

• Los cristianos han de estar presentes en la vida pública, y no solo los obispos y los curas. No se trata de alinearse en un partido único, sino en impregnar de valores cristianos –como el fermento en la masa– la vida política.

• La vida cristiana no está para ser rumoreada en las sacristías, sino para ser predicada desde las azoteas. Para esto se requiere una nueva cultura de la libertad tanto en la Iglesia como en la sociedad política (libertad religiosa).

8. Identidad católica. Lo que atrae a la fe y llena las iglesias es una firme personalidad católica, es presentar «el verdadero rostro de Cristo».

• Las instituciones católicas –escuelas, hospitales, universidades– no han de avergonzarse de lo que son.

• Los cristianos han de comportarse como tales y han de dar testimonio de su propia fe con su propia conducta.

• Los cristianos son tal vez ahora menos (al menos en occidente), pero han de ser más cristianos. Menos es más. El tercer milenio será posiblemente religioso, pero no sabemos si será cristiano. Los cristianos –todos– han de ser sal, luz, levadura (que siempre están en pequeñas dosis, cantidades).

9. Pan y palabra, Eucaristía y Escritura son los caminos que nos llevan a Jesucristo.

• Por eso los católicos deben conocer bien la Biblia y cuidar de modo especial la liturgia.

• La Eucaristía es el centro de la vida de la Iglesia y la adoración da más frutos que el puro activismo.

• La misa del domingo se constituye en el mejor marketing para la Iglesia. También la belleza de la liturgia –bien celebrada– tiene su clara dimensión misionera.

10. Salvados por la esperanza. Benedicto XVI avanzó lento pero seguro, con el paso pausado del buen montañero.

• Esto se ve por ejemplo en la tarea ecuménica: no se trata de llegar a un acuerdo y un diálogo puramente político o afectivo, sino al mismo credo.

• Llegar por tanto a la fe común… cuando Dios (y los hombres) quieran. No correr, sino recorrer todas y cada una de las etapas necesarias.

• Benedicto XVI sabe hablar, rezar, estudiar, esperar. Conoce la virtud de la paciencia pues, para él, como decía Paul Claudel, «la paciencia es la hermana pequeña de la esperanza».

Estos diez puntos marcaron el rumbo hacia el que Benedicto XVI quiere que se dirija la Iglesia católica y así su legado sigue vivo aún hoy.

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