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LIBERTAD RELIGIOSA EN Egipto: Donde llevar una cruz te puede costar la vida

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Ayuda a la Iglesia Necesitada - publicado el 10/02/15

El informe sobre libertad religiosa de Ayuda a la Iglesia Necesitada, país por país

Cuando el Ejército apartó del cargo de presidente a Mohamed Mursi, de los Hermanos Musulmanes, el 30 de junio de 2013, se abolió la Constitución que él había elaborado. Esta Constitución había sido ratificada en diciembre de 2012, después de haber suscitado una creciente controversia.

En otoño, una serie de representantes clave de un comité encargado de elaborar el borrador del documento (entre ellos algunos cristianos y un número mayor de musulmanes liberales) dimitieron en señal de protesta, ante la posición dominante que se otorgaba al islam y la ambigua redacción de algunos de los artículos propuestos. 

La Constitución de Mursi había conservado el artículo 2 de la Constitución anterior, en vigor bajo el régimen de su predecesor, el presidente Hosni Mubarak. El artículo 2 establece que el Islam es la religión de Estado y que “los principios de la sharía son la fuente principal de la legislación”.

El término “principios” era menos restrictivo que “preceptos” que los miembros salafíes querían imponer. Pero estos últimos consiguieron insertar un artículo en el que se definía el significado de “principios”. 

El artículo 219 estipulaba que estos principios deben incluir “la opinión general, los principios fundacionales de la jurisprudencia islámica, fuentes fidedignas entre las escuelas de pensamiento suní”. Este artículo pretendía reducir la libertad de los representantes parlamentarios a la hora de elaborar leyes, así como la libertad del Tribunal Supremo Constitucional en la interpretación de los principios de la sharía. 

Para el obispo católico copto Kyrillos William, de Asiut, esta Constitución suponía “un ataque a los derechos humanos [y] lo único que hace es conservar las prerrogativas de los musulmanes extremistas”. 

La consecuencia de este cambio es que los tribunales tienen libertad para decidir si quieren una aplicación estricta de la sharía, hecho que se ha demostrado en un caso que llegó a los tribunales a principios de 2013. 

El 14 de enero, el tribunal penal de Beni Suef condenó a una madre de familia, Nadia Abdel Wahab, a 15 años de prisión por haber vuelto a su fe cristiana anterior tras la muerte de su esposo, cuya religión adoptó. Los siete funcionarios civiles acusados de haber sustituido su primer nombre musulmán en sus documentos de identidad por su nombre de bautismo original también fueron condenados a la misma pena. 

Tras el derrocamiento del presidente Mursi, se creó un comité encargado de revisar esta Constitución. Tres comunidades cristianas están representadas en él, la ortodoxa copta, la católica copta y los protestantes evangélicos, cada uno con un delegado. Otra serie de confesiones cristianas también participan en él según sus distintas capacidades. 

En un referéndum celebrado entre el 14 y el 15 de junio, el 98 % del electorado se mostró favorable a la adopción de una nueva Constitución. La mayor parte de los cristianos votaron “Sí”, pero en el Bajo Egipto (Asiut, Minia y Sohag), muchos cristianos coptos se abstuvieron de votar por miedo a los islamistas, enormemente activos en estas provincias, alejadas de El Cairo.

En el nuevo texto, los principios de la sharía siguen siendo la principal fuente de la legislación. Sin embargo, el artículo 219 ha sido suprimido y la interpretación de estos principios corresponde al Tribunal Supremo Constitucional.

El Tribunal tiene que tener en cuenta los compromisos del Estado de respetar los acuerdos internacionales suscritos por el país sobre derechos humanos. 

Egipto aparece ahora definido como “un Estado democrático moderno dirigido por un Gobierno civil” (en el preámbulo). El uso de la palabra “civil” pretende evitar los abusos de la explotación política de la religión. Aún más, los partidos basados en ideologías religiosas están oficialmente prohibidos (artículo 74). 

Respecto a los derechos de las comunidades cristianas, la Constitución garantiza la posibilidad de construir edificios de culto, derecho que pueden ejercer sin limitaciones ni restricciones (artículo 64). Con este fin, en el momento de redactar este informe se sigue a la espera de que el Parlamento promulgue en breve una ley que permita el culto cristiano libre (artículo 235).

La Constitución establece que “todos los ciudadanos son iguales ante la ley, sin discriminación por motivos de religión, y que la discriminación y la incitación al odio se considerarán delitos” (artículo 53). Esto pretende reducir la violencia anticristiana. 

Bajo el liderazgo del presidente Mursi, los cristianos, sobre todos los coptos, sufrieron las mismas injusticias que durante el régimen de Mubarak (fuertes restricciones a la construcción de iglesias, exclusión de los cristianos de los puestos de responsabilidad en las instituciones del Estado), a la vez que se cometían otras injusticias contra ellos.

Por ejemplo, los libros de texto escolares contienen numerosas referencias al islam político, y afirman que el islam es la única religión aceptada por Dios. 

El P. Rafiq Greiche, director de comunicaciones de la Iglesia católica de Egipto declaró: “Los católicos han recibido golpes allí donde son más eficaces y activos. Los programas escolares han sido fuertemente islamizados”.

También mencionó las medidas que se han tomado contra Cáritas Egipto y contra otras asociaciones cristianas dedicadas a la beneficencia y el desarrollo. El Gobierno ha bloqueado sus cuentas y las grandes sumas de ayuda que reciben del extranjero. 

Antes y después de las elecciones presidenciales de junio de 2012, que llevaron al poder a Mursi, el clima de hostilidad contra los coptos era inmenso. Se ha producido un incremento de la violencia física y psicológica. Esto quiere decir que ha aumentado del número de condenas por “insultar al islam”, los salafíes hacen declaraciones provocadoras, se utiliza un discurso de odio contra los cristianos a los que los medios de comunicación califican de “cruzados” o “malhechores”, se presiona a las mujeres coptas para que se pongan el pañuelo islámico, se secuestra a miles de mujeres para someterlas a matrimonios y conversiones al islam forzosas, además de amenazar con expulsar a todos los cristianos de Egipto.

A continuación se ofrece una lista de agresiones cometidas contra los cristianos coptos. 

2012 

Enero:

En la provincia de Asiut, en el Alto Egipto, prendieron fuego a las casas de los cristianos porque circuló por internet un dibujo en el que se representaba a Mahoma, y al parecer era obra de un estudiante copto. Los agresores prendieron fuego al negocio del padre de este joven. 

Los salafíes perpetraron dos ataques en Nag Hammadi. Uno se dirigió contra los habitantes coptos de Kebly Rahmaniya en el que dos personas resultaron heridas; el otro se dirigió contra la iglesia de San Mateo en Bahtin. 

Dos coptos, padre e hijo, fueron asesinados a tiros en el interior de su tienda en Bagura, en la provincia de Nag Hammadi. 

En Kubry al Charba, cerca de Alejandría, una multitud formada por unos 3000 musulmanes, dirigida por salafíes, prendió fuego a las tiendas de los cristianos coptos. Los agresores obligaron a un comerciante cristiano a marcharse y abandonar todas sus pertenencias, que ellos se quedaron y vendieron. 

Febrero: Los salafíes obligaron a ocho familias coptas del An Nahda, cerca de Alejandría, a abandonar sus casas para vender sus propiedades y quedarse con las ganancias. Los coptos se negaron, por lo que un tribunal tradicional musulmán los condenó a ser expulsados de sus casas. 

Marzo: Un tribunal de Edfú condenó a un sacerdote, el P. Makarios Boulos a 6 meses de cárcel y una multa de 300 libras egipcias por infringir la ley sobre alturas de iglesias. Una de estas iglesias, la de Al Marinab, había sido incendiada por una airada multitud de musulmanes porque el campanario era más alto que el alminar de una mezquita cercana. 

Junio: En Al Basra, cerca de Alejandría, una multitud de islamistas impidió a un autobús lleno de viajeros rezar en el interior de una iglesia cristiana que es, además, un centro de peregrinación. Amenazaron con incendiar el edificio y consiguieron que los peregrinos se marcharan. 

Julio: En Dahchur, cerca de El Cairo, el dueño de una lavandería, cristiano, quemó por accidente la camisa de un cliente musulmán. Este último, acompañado de varios cientos de musulmanes armados, atacaron la iglesia y las casas del cristiano y de sus vecinos, igualmente cristianos, dejando 16 heridos. Además, persiguieron a 120 familias coptas hasta las afueras del pueblo y saquearon y arrasaron sus viviendas. 

Septiembre: Una maestra copta fue condenada a 6 años de prisión por haber “insultado” al islam en escritos publicados en internet. 

Octubre: En Rafa, en el Sinaí, yihadistas islámicos distribuyeron panfletos ordenando a los habitantes coptos a abandonar el pueblo bajo pena de muerte. Prendieron fuego a sus tiendas y les obligaron a huir. 

El partido salafí Al Nur envió cartas amenazadoras a los trabajadores y comerciantes coptos ordenándoles que dejaran de vender iconos y estatuillas, tanto si eran cristianas, como de los faraones. 

Una maestra cristiana fue arrestada y pasó dos días en custodia policial en un pueblo cercano a Asiut porque uno de sus alumnos la acusó de blasfemia.
La misma acusación se presentó contra dos niños coptos de 9 y 10 años, por haber arrancado páginas de un libro que contenía aleyas coránicas. 

2013 

Al acercarse la Navidad cristiana, el Comité Legítimo de Derechos y Reformas, asociación islamista, emitió una fetua pidiendo a los musulmanes, que no felicitasen a los cristianos coptos por su celebración. 

El 5 de abril, en Al Jusus, al norte de El Cairo, un musulmán increpó a unos niños cristianos a los que vio dibujar una cruz en un instituto religioso. Más tarde, airados musulmanes atacaron a los cristianos coptos del pueblo que, a su vez, reaccionaron con violencia.

Los musulmanes rodearon la iglesia de San Jorge, saquearon y prendieron fuego a una tienda y una vivienda. Cuatro personas fueron asesinadas, tres de ellas coptos. El funeral de los coptos se celebró el 7 de abril en la catedral de San Marcos, en Abasiya, en El Cairo. Durante la ceremonia, los islamistas atacaron a los asistentes, matando a dos personas e hiriendo a otras 100. 

Tras la destitución del presidente Mursi, los Hermanos Musulmanes y sus seguidores incrementaron sus actos de violencia contra los coptos. 

En julio, en Al Arich, en el Sinaí, fueron asesinados un sacerdote copto, el P. Mina Abud Charuin, y un laico también copto. El mismo destino sufrieron otros cristianos coptos de la provincia de Luxor.

En Port Said, la iglesia de San Menas fue acribillada a balazos. En Delga, cerca de Minia, en el Alto Egipto, los islamistas atacaron el centro social de la iglesia católica de San Jorge, saqueándola y prendiéndole fuego.

En Marsa Matruh, la iglesia de la Virgen María fue atacada con cócteles molotov. En Naga Hasan, cerca de Luxor, cuatro cristianos fueron asesinados, otros tres resultaron heridos, y numerosas viviendas fueron incendiadas.

Un comerciante cristiano de Sheij Zuwayda, en el Sinaí, fue decapitado. El pueblo cristiano de Dabaya también sufrió un ataque en el que murieron cuatro personas y 23 casas fueron incendiadas.

En Sohag, en el Alto Egipto, la iglesia de San Jorge fue atacada por los islamistas, que colocaron la bandera de Al Qaida sobre su tejado. También asesinaron a un católico. Mataron a una niña de 10 años, que salía de una iglesia protestante de El Cairo.

En Asiut, una turba de unos 10.000 islamistas desfiló por el barrio cristiano gritando “¡Teodoro es un perro!” y pintando cruces en las tiendas que pertenecen a los cristianos coptos. 

La situación de los cristianos ha empeorado sensiblemente desde el 14 de agosto de 2013. En una mezquita de El Cairo encontraron una lista de personas a las que asesinar (entre ellos el papa ortodoxo copto, Teodoro II). 

La organización Oeuvre d’Orient ha elaborado una lista de las propiedades cristianas incendiadas o saqueadas entre el 14 de agosto y el 10 de septiembre de 2013.

Confirmada por las autoridades religiosas de Egipto, es la siguiente: 38 iglesias saqueadas, arrasadas e incendiadas o destruidas con bombas; 21 iglesias a las que se han arrojado piedras, cócteles molotov, fuego real y/o asediadas; se bloqueó el acceso al monasterio de Abu Fana, en Minia, con una piedra en el camino que lleva hasta él; siete colegios y conventos incendiados, otras 8 propiedades de iglesias completamente arrasadas por el fuego… 

Respecto a las propiedades y viviendas de ciudadanos particulares cristianos, saqueadas, arrasadas o incendiadas, las cifras son las siguientes: se expulsó a los habitantes de 58 viviendas; 85 tiendas, 16 farmacias, 3 hoteles, 75 coches y autobuses. Todas las comunidades cristianas sufrieron ataques: ortodoxos coptos, católicos coptos, católicos de rito latino, católicos melkitas y protestantes. 

El 20 de octubre, en el barrio de Al Waraq de El Cairo, un ataque contra los asistentes a una boda en el exterior de la iglesia de Nuestra Señora dejó cuatro muertos y 17 heridos. 

El nuevo Gobierno, que inició su andadura el 3 de julio, está preparando, en respuesta a una iniciativa presentada por la ministra de Medio Ambiente, Leila Iskandar, la concesión oficial del reconocimiento del negocio de “recogedores de basura” a los traperos de El Cairo.

Se trata de una actividad realizada desde hace 40 años por las familias coptas más pobres, que han llegado a la ciudad desde zonas rurales y se han establecido en el barrio de Muqatam, a las afueras de El Cairo. Hasta ahora no tenían reconocimiento, situación que les privaba de todos los beneficios sociales a los que se pueden acoger otros trabajadores. 

La comunidad musulmana chií, que representa menos del 1 % de la población egipcia, también ha sido sometida a los ataques de los islamistas suníes. La chía recibe ataques desde los medios de comunicación y de los predicadores islamistas que les acusan de proselitismo, de estar bajo la influencia de Irán y de animar al libertinaje, la veneración de los santos y otros excesos, etc.

El 23 de junio de 2013, en la ciudad de Abu Musalam, al sur de El Cairo, donde viven unas 20 familias, cientos de suníes rodearon la casa de un musulmán chií al descubrir que acogía en su casa a Hasan Shehata, personaje de gran importancia para la chía. Le gritaron frases como “¡Los chiíes son infieles!”. Luego entraron en la casa por la fuerza, sacaron a Shehata y lo lincharon en la calle, junto a otros tres musulmanes chiíes, mientras los policías los miraban impasibles. 

Los incidentes de persecución y discriminación han continuado en 2014. En febrero, una niña cristiana de 15 años, Amira Hafez, fue secuestrada al salir de casa para ir a la iglesia de San Jorge en Luxor. No se ha vuelto a saber nada de ella desde entonces.

La familia de la niña cree saber quién es el secuestrador, un musulmán que estuvo un tiempo asignado a la protección de la iglesia. Supuestamente, este hombre ya había intentado secuestrar a Amira unos meses antes en una tienda cerca de la iglesia. 

Un mes después, otra niña fue secuestrada delante de su colegio. Su padre inició su búsqueda pero una pareja de hombres en moto le hicieron detenerse para decirle que dejara de intentar encontrarla. Cuando el padre acudió a las autoridades a solicitar un certificado de nacimiento de la niña, descubrió que le habían cambiado el nombre y que su religión ahora es el islam. 

A finales de marzo, una multitud islamista asesinó a golpes, puñaladas y disparos a Mary Sameh George en El Cairo, presuntamente por la cruz que llevaba colgada en el coche. Mary había aparcado para llevar comida y medicinas a unos ancianos que vivían cerca del lugar. Las asociaciones coptas internacionales condenaron el asesinato como “acto cruel, despiadado, en el que no medió provocación”.

Durante el período que se estudia en este informe, la situación de la libertad religiosa en Egipto ha sufrido un grave deterioro. El incremento de la violencia y la intimidación contra los cristianos y otros grupos minoritarios alcanzó su punto álgido con una avalancha de ataques en agosto de 2013, en la que numerosas iglesias sufrieron daños y fueron destruidas. 

Los secuestros de mujeres cristianas también se hicieron más habituales y el clima de inestabilidad aumentó el miedo de los miembros de las comunidades minoritarias, muchos de los cuales están ansiosos por marcharse. Continúan los problemas relativos a la Constitución y a la ambivalencia crónica de la protección de la libertad religiosa en las estructuras legales y políticas de Egipto. 

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