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Puebla y Tlaxcala: Mecas de explotación sexual mexicana

AFP PHOTO/Omar TORRES MEXICO
A sexual worker waits for clients in the streets of Mexico City, 13 June 2007. The city representatives of the PRD (leftist) party introduced a bill to legalize prostitution in the over-populated Mexican capital, where some 40,000 people practice the deal. AFP PHOTO/Omar TORRES MEXICO OUT
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Bajo amenazas y agresiones, las víctimas evitan denunciar a los captores por miedo a represalias

Por Lorena T. Afanador

Después de escapar, ocho años de maltrato tejen un nudo en la garganta de Celeste. «Hubo momentos en los que me quería matar, me quería suicidar porque ya no aguantaba los golpes que él me daba», solloza la joven en un vídeo testimonial de la Fundación Reintegra, una organización mexicana dedicada a denunciar casos de trata de personas.

Dando la espalda a la cámara, Celeste oculta el rostro para guardar su identidad. Sin embargo, la voz de la chica se quiebra con recuerdos que, poco a poco, retratan las atrocidades que vivió tras ser víctima de explotación sexual en Puebla, México, ciudad protagonista de casos de trata de blancas en el país durante 2014.

Para Celeste, todo comenzó con las ganas de huir. Antes de los abusos del hombre que la mantuvo cautiva durante ocho años, Celeste estaba agobiada con problemas familiares y la inestabilidad que estos generaban en casa. Acorralada, comenzó a buscar alguna mano o rostro en quién apoyarse y entonces apareció Gerardo. «Vente conmigo», le propuso.

Trabajo, seguridad, tranquilidad y mejores ingresos adornaron el repertorio que Gerardo prometía a la joven y, ante el panorama, era poco lo que Celeste tenía que pensar: aceptó sin rechistar, como lo hacen decenas de mujeres que reciben ofertas infladas por parte de los mafiosos quienes, sin más, las defraudan, venden y someten a la prostitución.

En México, la explotación sexual, junto a la laboral, lidera las estadísticas sobre la cantidad de víctimas y casos reportados ante las autoridades.

Según la Fundación Reintegra, Quintana Roo, Puebla y Taxclata son los estados donde se contabilizan hasta el 90% de los casos del país. A partir de un informe elaborado por la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), se reseña que, entre el año 2005 y 2010, ya eran más de 50 denuncias las que incluían el delito de trata con fines sexuales tanto en mujeres, adolescentes y niños, siendo los estados fronterizos el escenario propicio para ingresar y trasladar nuevas víctimas a lo largo del territorio mexicano.

Sin embargo, en el documento, la OIM detalla que el lugar donde se detecta la trata pocas veces es donde se captura a la víctima. Una vez el explotador logra convencer a la persona, se construye una red que traslada a las víctimas a poblaciones lejanas, donde los esfuerzos de rastreo dan menos fruto y las posibilidades para conseguir ayuda o respaldo se reducen por la falta de contactos. En el caso de Celeste, la llevaron desde Córdoba, Veracruz, hacia Puebla, un recorrido de dos horas en coche.

Tierra de nadie

Ya en Puebla, lejos de su hogar y, dejándose guiar por Gerardo, Celeste llegó frente a una mujer que le explicó con claridad que se iba a dedicar a vender su cuerpo. En ese momento, la chica de 18 años se percató del engaño y pasó a ser otra esclava supervisada por una madame que mantenía negocios con su captor, Gerardo González González, el hombre que, detalla Celeste, alcanzó a reunir a diez mujeres para forzarlas a prestar servicios sexuales en condiciones infrahumanas. «Me tenía desde las 10 de la mañana hasta las 6 de la mañana del día siguiente. Me recogían el dinero, nunca lo tenía yo», recuerda.

Aún embarazada, la joven trabajó casi hasta los 9 meses de gestación y, después de dar a luz, Gerardo quiso quedarse con el bebé. La respuesta de Celeste fue un contundente no.

Al ser objeto de agresiones que a menudo incluyen relaciones sexuales forzosas y sin la debida protección, las mujeres víctimas de trata se ven expuestas a infecciones de transmisión sexual o a quedarse embarazadas de sus agresores.

Frente a su embarazo, el infierno de Mariana, otra chica de Veracruz, se suma a las historias plasmadas en el video testimonial y recuerda cómo después de ser violada, la obligaron a abortar en un lugar clandestino, sin contemplaciones. «Me llevaron a un lugar que no era ni un hospital, más bien era una casa que todavía estaba a medio construir», relata la chica.

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