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¡No a la indiferencia ante el drama de la migración!

AFP PHOTO/ELIZABETH RUIZ
Central American immigrants get on the so-called La Bestia (The Beast) cargo train, in an attempt to reach the Mexico-US border, in Arriaga, Chiapas state, Mexico on July 16, 2014. AFP PHOTO/ELIZABETH RUIZ
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Comunicado de los obispos mexicanos sobre los migrantes que están en tránsito o buscando un albergue en el país

Convocados por la Dimensión Episcopal de Pastoral de la Movilidad Humana (DEPMH) de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), y con el objetivo de “buscar caminos de acompañamiento a los miles de hermanos que diariamente están en tránsito o buscan albergue y apoyo”, los obispos de la Frontera Sur de México, junto con los agentes de la Pastoral de Migrantes, reconocieron, mediante un comunicado conjunto, que “migrar para mejorar la vida es un  derecho humano necesario para la búsqueda de condiciones que permitan superar o proteger las necesidades básicas de la vida: salud, alimentación, trabajo, educación, familia”.

Juntos con los obispos de El Salvador, Honduras, Guatemala y Nicaragua, los prelados mexicanos se reunieron el pasado fin de mes en Tapachula (Chiapas), bajo el lema “Caminemos con Cristo migrante en el mundo”, para encarar el fenómeno de la migración y el derecho a migrar que asiste a miles de centroamericanos que buscan llegar a Estados Unidos para encontrar mejores fuentes de trabajo y oportunidades de vida para sus familias. 

Dolor y vergüenza

“Ese derecho debe ser protegido por todos; particularmente cuando es desconocido de una manera dolorosa, en los más débiles, por el egoísmo y la ambición de personas y grupos, como lo constatamos a diario en cientos de hermanos centroamericanos que extorsionados y agredidos de múltiples formas ponen en riesgo la vida misma en su paso por estas tierras del Sur. Estos hechos no pueden ser motivo de indiferencia, sino de dolor y vergüenza”, advirtieron en su comunicado los obispos mexicanos.

El comunicado, firmado por los obispos de Campeche, Chiapas, Yucatán, Veracruz, Quintana Roo y Tabasco, está encabezado por la firma de monseñor Guillermo Ortiz Mondragón, obispo de Cuautitlán y responsable de la DEPMH, lamenta que el calvario que también padecen en el Norte los mexicanos, en su búsqueda de un trabajo mejor remunerado, no ha servido para tomar conciencia en el Sur del sufrimiento de los hermanos centroamericanos que, ante el drama de la pobreza y la violencia, tienen que abandonar su Patria buscando mejores horizontes para su vida. “De igual manera son aquí presa de personas sin escrúpulos o experimentan el rechazo y aún, como en el norte, les buscan cazar como si fueran animales y no seres humanos”, subrayan los prelados mexicanos.

Una voz que clama en el desierto

Acto seguido recuerdan que la Iglesia católica “no es indiferente a este drama”.  Los constantes llamados del Papa y los obispos ante esta realidad “son una voz a la conciencia de los cristianos y de aquellos que deben ofrecer respuestas eficaces a la sociedad ante esta situación. Una voz lamentablemente no escuchada, sobre todo, por quienes con sus prácticas criminales  hacen más doloroso cada día el paso, de por si inseguro, de tantas y tantos hermanos centroamericanos”. 

Más adelante señalan que son múltiples las respuestas ante este drama de cristianos católicos y de mucha gente de buena voluntad “que dan asistencia a quienes pasan cargando su esperanza o sus heridas físicas y emocionales:  casas de migrantes; laicas y laicos voluntarios que ponen su vida, su tiempo, sin más salario que la satisfacción de ofrecer reposo y levantar el ánimo del hermano migrante; religiosas, religiosos, sacerdotes desconocidos que ofrecen apoyo sin esperar  reconocimientos sociales; parroquias y humildes capillas que comparten el techo  y el alimento que la misma comunidad ofrece, sin recibir subsidios gubernamentales”. 

Todo eso es un signo evangélico de lo que la Iglesia, apuntan los obispos de la frontera Sur de México, sin embargo, reconocen que estas respuestas inmediatas, necesarias, “son aún insuficientes ante el fenómeno de la migración; pues la migración, siendo un valor, aparece como uno de los dolorosos síntomas de la enfermedad social y económica que también padecen nuestros vecinos centroamericanos. Enfermedad agravada más ahora por la presencia del crimen organizado, que le pone precio a la vida de cada ser humano”.  

Nos recuerdan que estamos de paso

Los obispos mexicanos, tras reconocer que no son expertos en análisis socioeconómicos, ven una “gran contradicción” entre el avance tecnológico del mundo occidental y el enorme atraso de muchas comunidades, particularmente en las zonas rurales e indígenas, en el campo de la salud, del trabajo, de la educación. Se trata, dicen en su documento, de la contradicción entre la globalización, el libre tránsito de las comunicaciones, del comercio, del dinero, y las dificultades de todo tipo que tienen que sortear los que buscan migrar para mejorar. “Vemos la contradicción entre las promesas de los gobiernos y de quienes aspiran a cargos públicos en nuestros pueblos, ante la realidad hecha miseria y desaliento sobre todo para las jóvenes generaciones”.

Por todo esto, alentaron a las diócesis y las parroquias a “promover una evangelización integral que partiendo del reconocimiento de la dignidad de todas las personas, atienda con especial cariño a los más débiles”. Y a las autoridades “su deber de asumir con mayor seriedad el tema de la migración en todos los aspectos; sobre todo, trabajando con decisión en la promoción de fuentes de trabajo digno, único camino claro para erradicar la pobreza, factor fundamental de este drama humano”. 

Finalmente a quienes atraviesan el territorio mexicano, los prelados les pidieron que su actitud, su presencia ·nos ayude a descubrir la riqueza de sus valores, de su cultura y de  su ánimo para mejorar su vida y la de su familia. Su paso entre nosotros nos ayuda a reconocer que todos estamos de  paso en esta vida”.

 

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