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Lo que la botánica enseña para salir de la crisis económica

© Chris Penny

Ciudad Nueva - publicado el 03/02/15

La crisis de nuestro tiempo depende del agostamiento del humus civil que ha alimentado a nuestra sociedad y a nuestra economía durante siglos, un humus hecho de ética de las virtudes y de sacrificio creativo

Las innovaciones más cruciales germinan entre los jóvenes y los pobres.

Dos presos, en dos celdas contiguas, se comunican dando pequeños golpes en la pared. La pared es lo que les separa pero también lo que les permite comunicarse. Eso mismo ocurre también entre Dios y nosotros: cada separación es un lazo.

Innovación es una palabra propia de la botánica. Se usa para los brotes y para las nuevas ramas. Las innovaciones necesitan raíces, buena tierra y una planta viva. Es la vida que florece, la capacidad de generar en acción.

Estas innovaciones, que se convertirán en comida, en jardines y en parques, necesitan también del trabajo y la paciencia del labrador o del jardinero, que les acompañan y cuidan durante las heladas de los duros inviernos.

Así es como los brotes se desarrollan y se convierten en flores, así es como la viña produce buen vino y la higuera vuelve a dar fruto tras años de esterilidad y se salva.

Para comprender lo que le está ocurriendo a nuestra economía y a nuestra sociedad, tendríamos que recuperar el significado botánico del término innovación, que puede enseñarnos muchas cosas sobre las razones de la crisis y la dirección a seguir.

Un primer mensaje que nos llega de la lógica de la innovación-brote se llama subsidiariedad: las manos y la tecnología sólo pueden subsidiar la innovación, es decir, pueden ayudar al brote a florecer, pero no pueden inventarlo.

La parte más importante del proceso de innovación depende poco de la intervención artificial de distintas “manos”; antes que nada, brota por su fuerza intrínseca.

Por esta razón, resulta ilusorio pensar en aumentar las innovaciones en nuestra economía si no nos ocupamos antes de la salud del humus, de los árboles y de las plantas. Si falta innovación, no es porque el brote haya “decidido” no florecer o porque los jardineros sean vagos.

La crisis de nuestro tiempo depende del agostamiento del humus civil que ha alimentado a nuestra sociedad y a nuestra economía durante siglos, un humus hecho de ética de las virtudes y de sacrificio creativo. Hoy, en aquellos antiguos terrenos fértiles, florece e innova sobre todo la mala hierba.

Para ver de nuevo las innovaciones de las buenas plantas, debemos volver a enriquecer los terrenos, salvar los árboles frágiles y plantar más en otros terrenos. Es el humus (adamah) el que nutre al homo (Adam) y genera el auténtico humanismo.

Al mismo tiempo, las innovaciones que vemos y registramos no son las únicas que existen, porque las buscamos en los terrenos equivocados. Muchos de los árboles que hoy innovan no tienen la misma forma que los árboles de ayer. A veces su apariencia es extraña y crecen en terrenos donde no esperamos encontrarlos.

Buscamos la belleza y la bondad en terrenos que nos resultan familiares y, al no verlas, nos entristecemos. En realidad, para esperar ya desde ahora, bastaría con que cambiáramos de lugar y de mirada.

Cuando atravesamos el centro de nuestras ciudades, vemos comercios cerrados, oficinas que han quedado vacías y en muchos casos se han reconvertido en horribles salas de apuestas y tugurios de los juegos de azar; y nos entristecemos con razón ante estos árboles secos que en otro tiempo estuvieron llenos de brotes.

El empobrecimiento de la mirada, del sentido colectivo de la vista, acorta el horizonte y nos aprisiona en los problemas y en los males, que siempre son muy abundantes. Los pueblos se curan cuando dentro de los sufrimientos del “ya” saben ver un “todavía no” posible y mejor.

Para mantener viva y activa la esperanza, en el bosque que cae hay que saber ver el árbol que crece, y, en torno a ese nuevo vástago, soñar y preparar el bosque de mañana. El árbol que crece ya existe, únicamente debemos aprender a reconocerlo colectivamente y a

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Tags:
medio ambiente
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