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LIBERTAD RELIGIOSA EN Mali: Grupos islamistas destruyen la convivencia religiosa

Guerra en Mali

© ERIC FEFERBERG / AFP

Habitantes de Mali saludan a militares franceses en Bamako (norte de Mali), 15 de enero de 2013

Ayuda a la Iglesia Necesitada - publicado el 03/02/15

El informe sobre libertad religiosa de Ayuda a la Iglesia Necesitada, país por país

El carácter laico del Estado está consagrado en la Constitución. Individuos y grupos religiosos tienen libertad para practicar su religión. Los musulmanes se pueden convertir al cristianismo y a la inversa. Hay matrimonios mixtos entre cristianos y musulmanes, a pesar de que la ley coránica sólo permite el matrimonio entre el varón musulmán y la mujer cristiana, y no el contrario. 

El laicismo está consagrado en el artículo 2 de la Constitución de 1992: “Todos los malienses nacen y permanecen libres e iguales en derechos y deberes. Está prohibida toda discriminación basada en el origen social, color, lengua, raza, sexo, religión u opinión política”.

El artículo 4 establece que “todo individuo tiene derecho a la libertad de pensamiento, conciencia, religión, culto, opinión, expresión y creación dentro de la ley”. 

Y también en el artículo 26 declara: “Mali es una república independiente, soberana, indivisible, democrática, laica y social”.

Por lo tanto, la Constitución no podría ser más clara a la hora de declarar que Mali es un Estado laico que garantiza la libertad religiosa de los creyentes de todas las confesiones, además de la expresión de estas creencias a través del culto personal y en comunidad.

En los debates previos a la elaboración del borrador y la adopción de esta Constitución, durante la conferencia nacional que se celebró en agosto de 1991, unas cuantas voces discordantes querían un Estado musulmán confesional. En ese momento, estaban en franca minoría. 

Hasta hace relativamente poco, Mali era conocido como un país de paz y tolerancia religiosa, por no decir un verdadero ejemplo para sus países vecinos y, en realidad, para todo el mundo, musulmán y cristiano. Desde enero de 2012, con la rebelión en el norte de Mali y la consiguiente toma del control sobre dos tercios del territorio por parte de grupos islamistas, esta imagen ha quedado destruida. 

Ataques islamistas de 2012 y sus consecuencias

Los cristianos eran uno de los grupos que más tenían que temer en la primavera de 2012, cuando el norte de Mali fue invadido por una de las campañas militares islamistas más feroces de la época moderna.

Milicianos seguidores de Al Qaida impusieron la ley islámica, la sharía, en su versión más estricta, incluyendo flagelaciones, amputaciones y ejecuciones. En agosto del mismo año, las principales fuentes de la Iglesia informaron de que 200 000 cristianos del norte de Mali habían huido a las vecinas Argelia y Mauritania.

La cifra siguió creciendo en los meses siguientes. Llegaban informaciones de cristianos escondidos por sus vecinos musulmanes y de grupos de milicianos que atacaban iglesias. Se decía que los islamistas se estaban dedicando a “cazar curas y religiosas”. En la pared de un lugar de culto escribieron “Alá es el único” y sembraron el suelo del interior de balas. 

También sufren los musulmanes de la corriente mayoritaria del islam. Los islamistas destruyeron siete monumentos religiosos y varias tumbas de musulmanes famosos, porque los consideran idolatría4.

Naciones Unidas calculaba que la cifra de desplazados en el interior habían alcanzado las 250 000 personas, y un imán afirmó: “Todos somos víctimas de estos terroristas. Todos somos malienses y todos huimos juntos. Cuando mi familia llegó aquí, nos trajimos a una familia cristiana a la que tuvimos que prestar ropa de la nuestra para que los terroristas les dejaran viajar sin problemas”. 

Esta colaboración entre la mayoría de los musulmanes moderados y los cristianos del país era lo que se esperaba de un país en el que la Constitución, revisada en 1999, había establecido la libertad de pensamiento, conciencia, religión y culto (artículo 4), que define a Mali como república laica (artículo 25), y que prohíbe los partidos políticos confesionales (artículo 28). 

Sin embargo, los islamistas tenían toda la intención de acabar con la larga tradición de convivencia religiosa de Mali. Consiguieron capitalizar el descontento generalizado en un país considerado como uno de los más pobres del mundo. 

En el verano de 2012, el grupo extremista “Ansar Al Din”, y su aliado “Al Qaida en el Magreb Islámico” se volvieron contra los rebeldes tuareg que se habían sublevado en el norte de Mali unos meses antes y habían declarado la independencia.

Y cuando, en diciembre de 2012, dimitió el primer ministro de Mali, el jeque Modibo Diarra, al parecer presionado por su alto mando militar, los expertos en temas africanos advirtieron de que el país se iba a convertir en un “Estado fallido” como Somalia, una nación invadida por los islamistas.

Las invitaciones a la intervención internacional aumentaron, cuando los combatientes islamistas tomaron la céntrica ciudad de Konna y empezaron a planificar el asalto a la capital. 

Cuando en enero de 2013, el presidente Traore pidió la ayuda de Francia, la antigua potencia colonial de Mali respondió rápidamente, conquistando Gao y Tombuctú. A finales de enero cayó Kidal, la última gran ciudad en manos de los rebeldes.

Cuando en abril de 2013 se marcharon las tropas francesas y Mali quedó con el compromiso internacional de aportar 4000 millones de dólares (2500 millones de libras) para su reconstrucción, el Gobierno del país firmó un trato con los rebeldes nacionalistas, para preparar el camino a las nuevas elecciones. 

Pero la amenaza islamista permanecía y el ejército se negó a permitir que los “trabajadores pastorales” cristianos volvieran a algunas zonas del país, afirmando que corrían un gran peligro de ser secuestrados por los terroristas. Y según informaciones del verano de 2013, ya no queda un solo cristiano en el norte o en el este del país, y hay pocas posibilidades de que regresen en un futuro cercano .

Últimos acontecimientos 

Enero de 2013: El P. Zacharie Sorgho, párroco de Nioro del Sahel, al noroeste de Mali, escribió a Ayuda a la Iglesia Necesitada tras la liberación de la ciudad de Diabally. Contó que los fundamentalistas habían “impuesto leyes y sembrado el terror en los pueblos del norte amputando manos, dando latigazos, cometiendo violencia sexual contra mujeres y niñas”. Añadió que los extremistas “realmente querían imponer la sharía en todo el país”. 

El pastor Daniel Konate se preparó para el servicio del primer domingo tras la liberación de Diabally. Explicó que durante la ocupación habían usado su iglesia como base militar. Encontró pintadas en los muros en las que se leía “Alá es el único”.

Comentó que durante la ocupación, él y su familia habían tenido que huir a un pueblo a 12 millas (20 km) de distancia. Añadió que su iglesia parecía un edificio corriente y que fueron los habitantes de la localidad los que habían dicho a los islamistas que era un lugar de culto cristiano. 

En el momento álgido de la toma de poder islamista en el norte de Mali, Agustin Traore, obispo católico de Segu, comentó que su diócesis estaba justo en el camino por el que avanzaban los combatientes extremistas. Decía: “Aunque nuestras iglesias siguen intactas, a la gente le da miedo entrar. Toda nuestra cultura católica correrá un auténtico peligro si el conflicto no acaba de una vez”. 

Advertía de que si no se ponía fin al conflicto, acabarían destruyendo las iglesias. Añadió que las relaciones entre los cristianos y la mayoría musulmana seguían siendo “buenas a nivel local” y que personas de todos los credos estaban “firmemente comprometidas” en el mantenimiento del carácter laico del país. 

Abril de 2013: El P. Edmond Dembele, secretario de la Conferencia Episcopal de Mali, hizo hincapié en la ingente lucha para reconstruir la vida de las personas y renovar las infraestructuras del país tras el rastro de destrucción dejado por los combatientes islamistas al retirarse. 

Mayo de 2013: un grupo cristiano dedicado a la beneficencia y la defensa jurídica contó que se habían establecido “varias casas seguras” en el sur de Mali a las que se vieron obligados a huir musulmanes convertidos al cristianismo “ante las graves amenazas de muerte realizadas por miembros de sus propias familias musulmanas. Cuando huyeron de los combatientes del norte, la mayor parte de ellos tuvieron que dejar atrás sus pertenencias, biblias incluidas”. 

Agosto de 2013: Los malienses participaron en unas elecciones pacíficas, votando por miles al nuevo presidente. Ibrahim Bubacar Keita, conocido popularmente como IBK, obtuvo la mayoría por un margen muy amplio en las elecciones presidenciales, que la comunidad internacional había impuesto a Mali. Antes de las elecciones, IBK recibió apoyo abierto, tanto de los líderes musulmanes moderados como del ejército. 

Octubre de 2013: Dieciocho meses después de ser desplazados de sus hogares, cientos de cristianos malienses han regresado a las ciudades septentrionales de Tombuctú y Gao, donde se pueden volver a reunir para celebrar el culto. Aunque llevaban meses soñando con volver a casa, los creyentes siguen afrontando un futuro incierto. 

La electricidad está limitada a tres horas al día, conseguir los alimentos diarios es difícil y las familias se enfrentan a la ardua tarea de recuperar sus pertenencias y medios de vida perdidos. La inseguridad y la violencia continuas siguen constituyendo una honda preocupación. 

Octubre de 2013: Según el ejército, presuntos combatientes islamistas volaron un puente cerca de la ciudad de Gao, en el norte de Mali. El puente sobre un afluente del río Níger, cerca de Bentia, era la única ruta que unía Gao con su vecina Níger. El ataque se produjo poco después de que también presuntos islamistas lanzaran bombas contra Gao. 

Diciembre de 2013: Un coche bomba explotó en la ciudad maliense de Kidal, acabando con la vida de al menos dos miembros de las fuerzas de pacificación de Naciones Unidas, además de herir de gravedad a soldados de la Guardia Nacional de Mali y a otros miembros de las fuerzas de pacificación de Naciones Unidas. El incidente no tuvo relación con la libertad religiosa, pero ilustra los elevados niveles de violencia que siguen afectando a Mali. 

Diciembre de 2013: el Gobierno de Mali está intentando crear una comisión de la verdad y la reconciliación, para volver a unir a las distintas comunidades.

Este organismo estaría encargado de investigar los ataques a las minorías y de plantear propuestas para la reconstrucción, especialmente la de los edificios religiosos y monumentos culturales que han sido destruidos.

Según Bakary Sambe de la universidad Gaston Berger de Senegal, los malienses quieren entender por qué ha fallado su tradición de tolerancia religiosa.

Mali asiste a un enfrentamiento entre un islam tolerante (que entró en el país hace siglos y convivía con el cristianismo y con las religiones animistas) y un islam importado, que viene acompañado de ideología política, afirma Sambe. 

Enero de 2014: los cristianos de una ciudad moderna del norte de Mali, obligados a celebrar sus servicios religiosos en una clase de un colegio porque su iglesia fue saqueada y aún no reúne las condiciones para albergar reuniones, sufrieron una amenaza de bomba, cuando personal militar que patrullaba la zona de Gao descubrió explosivos cerca de la escuela. 
Soldados del ejército francés consiguieron desactivar los dispositivos y las autoridades iniciaron una investigación, pero el incidente ha conmocionado a los miembros de la iglesia. 

El pastor de la misma, cuya identidad se oculta para proteger su seguridad, comentó a World Watch Monitor que de momento existe inseguridad en todos los ámbitos de la vida, pero que la congregación se niega a dejarse llevar por el pánico. “No puedo asegurar que la bomba estuviera allí para herirnos a nosotros por ser cristianos”, afirmó, “solo sé que estaba colocada justo al lado de nuestro lugar de culto, que además es una ruta utilizada con frecuencia por el ejército”. 

Abril de 2014: Uno de los principales grupos yihadistas de Mali dijo haber matado a un rehén francés al que habían secuestrado en noviembre de 2012. 

El Movimiento para la “Unicidad y la Yihad en África Occidental”, escindido de la rama de Al Qaida de esta zona, afirmó a AFP que Gilberto Rodrigues Leal “está muerto, porque Francia es nuestro enemigo”. Yoro Abdul Salam, portavoz del grupo, no ofreció más detalles sobre la fecha o las circunstancias de la muerte de Rodrigues Leal. Presionado para que diera pruebas ante la falta de fotografías del cadáver de Leal, afirmó: “En el nombre de Dios, está muerto” y colgó el teléfono”. 

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