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¿Qué significa estar casada con Jesús?

Jeffrey Bruno
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Es algo real. Muy real

Soy monja.
 
Técnicamente soy religiosa, pues “monja” se refiere a las contemplativas. Pero no importa. Respondemos a “monja”, también, porque es una palabra de uso corriente y porque rima con un montón de palabras, por ejemplo… “diversión” (“nun” rima en inglés con “fun”, n.d.t.).
 

Con Darth Vader en Hollywood, Paseo de la Fama
 
Por tanto, ¿qué significa estar casada con Jesús? Es algo real. Muy real. No es poesía. No es una metáfora. No es algo que yo quiero creer. ¿Crees que yo daría mi vida para jugar a las princesas? Para nada. Madre Teresa dijo una vez: "Si eres llamado, lo sabrás, y no serás capaz de explicárselo a nadie". Pero los tontos se enamoran, así que aquí va.
 
Se habla de las monjas a menudo como las “novias de Cristo”, que es lo que somos, pero después de estos años, ya me siento como su esposa. Su vieja esposa, no sólo Su ruborizada novia. ¿Cómo puede ser? No me miréis a mi. Cuando tenía 9 años, planeaba vivir en una granja en New Hampshire con mi marido, diez niños y un perro. (Yo quería chicos porque sentía que no se les educaba bien en estos días). Cuando cumplí 15, mis aspiraciones eran ser ornitóloga (especializada en rapaces) y vivir en medio de la naturaleza (y bienvenido un marido si podía soportar esa vida).
 
Pero Jesús vino y se me propuso.
 
Dios propone
 
Yo no lo sentí como una proposición al principio. Parecía como una invitación muy seria y urgente a ser sierva de Dios, Su sirvienta, Su pequeña abeja obrera. (Sabes que las abejas obreras son todas chicas, ¿verdad? Hay sólo unos pocos zánganos [machos] en cada panal). Luché con Él durante dos años, y al final me rendí. ¿Por qué dije sí? Se me hacía cada vez más y más evidente de que yo no tenía ya ni idea de cómo ser feliz por mi misma.
 
¿Ya no? Antes de que  encontrara a Dios, tenía hobbies y actividades que disfrutaba intensamente. De hecho, lo hacía todo intensamente (tipo A). Cuando empecé a buscar (intensamente) el sentido de la vida, todas mis alegrías comenzaron a apagarse porque parecían sin sentido si no había una razón final para todo.

 

Cuando me encontré a Dios, todos mis amores me volvieron, pero de una forma nueva. Hasta que me encontré con Dios yo no era capaz de disfrutar de mis cosas favoritas de igual forma. Antes de que yo conociera a Dios, ellas lo eran TODO para mi. Eran TODO lo que yo tenía. Pero ahora ya no eran un fin en sí mismas, sino ocupaciones placenteras en un viaje hacia un Destino más grande. Dios estaba reordenando mis prioridades y mi vida.
 
Oh, yo intentaba desesperadamente ser feliz de la forma habitual, pero Dios no abandona tan fácilmente. Sabía que era libre de decir “sí” o “no”, pero a un cierto punto me di cuenta de que mi vida se estaba volviendo como la Agonía en el Huerto (donde Jesús rogaba que el cáliz de su Pasión y muerte pasara de largo). ¡Jesús también luchaba con hacer lo que Él sabía que era la voluntad de Dios! Yo pedía a Dios que el “cáliz” de mui vocación religiosa pasara de largo. Mi oración era: “Querido Dios, ¡es muuuuy bonito conocercet! ¡Estoy muy contenta de tenerte en mi vida! Pero quiero volver a mis propios planes. Tenía planes, ¿sabes? ¿Te acuerdas? ¿Los animales, los pájaros? Así que esta cosa de ser monja… Me alagas, de verdad. Gracias pero no. Amen.”
 
El hecho de que sentía DOS voluntades luchando quería decir que no eran invenciones mías. Si hubiera sido una idea loca mía, la habría podido dejar a un lado, ignorarla, pasar de ella. Pero no era mi idea.
 
Echar a Dios
 
Echar a Dios no es tan fácil (ver el poema “The Hound of Heaven”). Recuerdo claramente la noche en que decidí que estaba HARTA de la idea de ser monja. Decidí sacarla de mi mente y seguir con mi vida. Después de todo, yo ERA libre, ¿no? Dios nunca nos obliga a hacer algo, ¿no?

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