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¿Por qué los Papas cambian de nombre al ser elegidos?

M Mazur/ www.thepapalvisit.org.uk
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En la Biblia, el cambio de nombre señala una misión

Una vez aceptada la elección como Papa por el cardenal que reúne la mayoría de votos tras un cónclave, el cardenal decano siempre le pregunta cómo quiere ser llamado (Quomodo vis vocari?).

La elección del nuevo nombre por parte del Santo Padre puede estar motivada por varios aspectos, como por ejemplo honrar a alguno de sus predecesores, como en el caso de Juan Pablo II.

Pero esta es una tradición que, si bien antigua, no existió siempre. Hasta el año 532 todos los sucesores de San Pedro usaron sus nombres de pila. Además del nombre, se indicaba su procedencia  (Lino de Tuscia, Anacleto romano, Evaristo el griego, Telesforo el griego, Iginio el griego… ).

El 31 de diciembre del año 532 fue elegido papa Mercurio “el romano”. Mercurio era un nombre claramente pagano (es el nombre romano del dios griego Hermes) por lo que el nuevo pontífice cambió de nombre y se llamó Juan II, en honor de su predecesor Juan I, un mártir de la Tuscia (zona del norte de Roma) que gobernó  la Iglesia desde el 13 de agosto de 523 al 18 de mayo de 526.

Juan II fue papa hasta el 8 de mayo de 535 y a partir de ese momento muchos de sus sucesores le imitaron y comenzaron a cambiar el nombre de pila por el de apóstoles, mártires u otros papas.

Desde el siglo XI y hasta ahora solo dos papas han roto la tradición de adoptar un nombre como pontífices distinto al que se les impuso en el bautismo: Adriano VI y Marcelo II.

Hasta hoy los nombres más usados han sido Juan (23), Gregorio (16), Benedicto (16), Clemente (14), Inocencio (13), León (13) y Pío (12).

Entre los que no tienen nombre repetido están Cleto, Ceferino, Higinio, Lino, Pedro, Romano, Sabiniano y Zacarías.

Acudiendo a La Biblia encontramos algo muy  significativo: cada vez que Dios cambia el nombre de una persona es por una razón poderosa: el nombre corresponde a su nueva identidad, misión o ministerio.

En el caso de Abrám,  Dios cambió su nombre por el de Abraham (Gn 17, 5). El nombre Abrahám significa “padre de las naciones”, porque Dios le prometió que lo iba a ser: ¨te he puesto por padre de muchedumbre de gentes¨ (Gn 17, 5). Así vemos que su nuevo nombre corresponde con su nuevo ministerio e identidad.

En el mismo Génesis también vemos que Saraí recibió el nombre de Sara que significa “princesa”. Otra vez el cambio de nombre corresponde con la nueva identidad dentro de la realeza. Sara iba a ser madre de reyes (Gn 17, 16).

A Jacob, Dios le cambió su nombre por Israel porque luchó con Dios y con los hombres y venció (Gn 32, 28).

Leemos en Isaías 62,4 que el pueblo de Dios entero recibió un nombre nuevo: Nunca más te llamarán Desamparada, ni tu tierra se dirá más Desolada; sino que serás llamada Hefzi-bá, y tu tierra, Beula; porque el amor de Yahveh estará en ti, y tu tierra será el Dios tuyo.

Lo mismo sucede en el Nuevo Testamento

En  Mt 1, 23: ¨he aquí  la Virgen que concebirá y dará a luz un hijo y llamarán su nombre Emanuel, que traducido quiere decir Dios con nosotros¨.  El nombre de Cristo obedece al plan de Dios.

En Jn 1, 42: Jesús dijo a Simón: ¨Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro)¨

Y en Mt 16, 18: ¨Y yo también te digo, que tú eres Pedro; y sobre esta roca edificaré mi Iglesia¨

Por todo esto se entiende que el sumo pontífice modifique su nombre una vez asume la misión de convertirse en la cabeza visible de la Iglesia.

Esta costumbre  es una muestra más de cómo la Iglesia es  continuadora e intérprete fiel del Antiguo, del Nuevo Testamento y de la Tradición.

Otra curiosidad: ¿Quieres saber sobre la tradición de asomarse al balcón central de la basílica de san Pedro?: Se trata de una costumbre más bien reciente. Fue Pío XI el primer Papa en asomarse a la Logia Central (como se conoce también al balcón apenas mencionado) cuando fue elegido el 6 de diciembre de 1922.

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