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Por qué no debes dejar de corregir a tus hijos

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Antídotos contra algunos errores que solemos cometer los padres

Los padres deben educar la voluntad de los hijos y sus sentimientos. Preparar a un hijo para la vida no es satisfacer todas sus voluntades y todos sus caprichos; que son ellos los que tienen que integrarse en una sociedad con sus normas, nunca es al revés.

Lastimosamente hoy muchos padres de familia o muchos adultos que cuando ven que los niños se portan mal en público (o incluso en privado), los justifican con las clásicas frases: «Así son los niños, o, son cosas de niños».

En otras palabras están diciendo: Es su naturaleza, es normal que sean así, dejarlos que sean espontáneos, no los corrijamos, permitamos el libre desarrollo de su personalidad, dejemos que sean como quieran ser, no los cohibamos porque se pueden frustrar en la vida. 

Y digo lastimosamente porque esta frase expresa miedo de los padres a corregir, a formar, a hacer respetar normas, miedo a que el niño reaccione mal ante una corrección.

Pero ¿Por qué tener miedo? ¿Quién tiene la autoridad? Es importante hacerle ver al niño cuándo se equivoca y buscar remediar la situación comenzando por pedir perdón a Dios y a las personas afectadas o implicadas.

No se le hace ningún daño psicológico al niño por hacerle ver, obviamente con buenas palabras y en un ambiente y tono distendidos, que debe reconocer sus errores y responder por sus actos.

Piensa, querido(a) padre o madre de familia, en la lección que le estás dando al hijo si no le haces ver sus errores: el niño pensará que está obrando bien y que la sociedad ve con buenos ojos sus malos comportamientos; y esto sí es un error, se les está haciendo daño y mucho.

Y hay que hacerles ver ‘inmediatamente’ la mayor o menor gravedad de sus errores pues si no se hace así después la corrección pierde fuerza y eficacia.

Los niños se corrigen a tiempo; en caso contrario poco a poco se van convirtiendo en adultos maleducados, impacientes, arrogantes. Serán unos desadaptados a medida que crecen.  Y si de adultos llegan a ser así, no será su culpa, sino de sus padres.

Otro de los errores de los padres es evitar que los niños cometan errores, con la justificación de evitarles sufrimientos. Con muy buenas intenciones, los padres tratan de proteger a sus hijos de tomar decisiones erróneas.

Prefieren manejarlos como títeres o intervenir antes de verlos sufrir las consecuencias de una mala decisión.

Pero es importante que, de manera gradual y vigilada, el padre de familia les permita a sus hijos cometer un error y sufrir las consecuencias por ello.

Un niño al cual nunca le fue permitido cometer errores, no aprende a asumir las consecuencias de sus decisiones equivocadas y nunca se va a atrever a emprender algo nuevo pues el temor a cometer errores va a ser demasiado grande.

Hay que enseñarles a los hijos que los errores son parte de la vida, que hay que aprender de ellos y luego hacer un nuevo intento.

Otro de los errores de muchos padres de familia de hoy en día, es que creen que sus hijos son los mejores, que son perfectos o que no se equivocan y no quieren oír nada negativo sobre sus hijos.

Cuando los padres de familia escuchan algún error cometido por los hijos la reacción suele ser atacar al portador de la noticia; porque los errores de los niños delatan el fracaso de los padres como educadores; y esto no gusta.

Conviene escuchar lo que digan los demás de los hijos y ver con objetividad qué errores han cometido y su magnitud; así, podrán intervenir antes de que la situación se vaya de las manos. Es más fácil tratar a un niño problemático que reparar a un adulto destrozado.

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