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¿Qué lleva a personas normales a volverse terroristas?

AP Photo/Sidali Djarboub

Susan Wills - publicado el 28/01/15

Un artículo de la revista Rolling Stone de mayo de 2013 cita a Horgan diciendo: “La idea de que la radicalización provoca el terrorismo es, tal vez, el mayor mito vivo hoy en la investigación sobre terrorismo. [En primer lugar], la abrumadora mayoría de las personas que mantienen creencias radicales no llegan a la violencia terrorista.
Segundo, hay cada vez más evidencias de que las personas que se implican en el terrorismo no necesariamente tienen creencias radicales”.

Jamie Bartlett, director del Centro Demos de Análisis de Medias Sociales, concuerda en que las creencias radicales no sirven como indicio de futura implicación en actos terroristas:

“Yo descubrí que muchos terroristas de Al-Qaeda crecidos en Estados Unidos no son atraídos por la religión o por la ideología como tal; al revés, muchas veces, el conocimiento de ellos sobre la teología islámica es claramente superficial. Lo que tiene mucho, para atraerlos, es el glamour y la excitación que ellos perciben en grupos del tipo de Al-Qaeda”.

Horgan considera importante reconocer que, tras las grandes “razones sociales, políticas y religiosas que las personas presentan para unirse al terrorismo”, como, por ejemplo, la ocupación de un país por otro país, los ataques de drones que matan inocentes y limitan las actividades diarias, la percepción de que su cultura está siendo aniquilada, “también hay una gran cantidad de razones menores, como fantasías personales, la búsqueda de aventura, de camaradería, de sentido de la vida, de identidad”, y esas “razones pueden tener un gran poder de atracción, especialmente para personas que creen que no sucede nada en su vida”.

En la segunda edición de su libro La psicología del terrorismo, Horgan cita un estudio de 2013, publicado por Dyer y Simcox y basado en entrevistas con 171 miembros de Al-Qaeda. El estudio distingue cinco categorías de motivos que llevan a las personas a implicarse en el terrorismo.

Sin embargo, la búsqueda de “causas de raíz”, alega Horgan, es mucho menos útil para la investigación sobre el terrorismo que el análisis de los caminos y de las “rutas” concretas que llevan al terrorismo: cómo los individuos son reclutados o se unen a un grupo, cómo son entrenados, cómo lidian con los problemas logísticos de encontrar una
“casa segura”, recibir dinero, armas y suplementos para bombas, cómo y dónde aprenden a tirar con armas automáticas, cómo consiguen vehículos y cómo pasan de posiciones periféricas a ejecutores directos de actos de violencia.

En suma, Horgan cree que el contraterrorismo puede contar con informaciones de mejor calidad y utilidad si los investigadores estudiaran el terrorismo como algo que los terroristas hacen y no como algo ligado a lo que los terroristas son.

¿Por qué las últimas décadas de combate al terrorismo no han acabado con la escalada y con la brutalidad de los atentados terroristas?

Puedo sugerir una serie de razones. Los líderes políticos y militares se vieron obligados a aprender en la práctica lo que podían aprender sobre la guerra asimétrica; por eso, como muchos analistas observan, Occidente parece estar siempre luchando la “batalla anterior” y no la próxima.

Por eso somos sometidos a controles intrusivos en los aeropuertos, que, entre otras prácticas controvertidas, revisan regularmente las manos de abuelos y abuelas para tener la certeza de que no hay vestigios de manosear bombas, o vigilan los interiores de los zapatos en busca de explosivos, líquidos inflamables, pistolas, navajas y estiletes.

Históricamente, la guerra implica a grandes ejércitos constituidos por personas que valoran la propia vida y la vida de sus compañeros.

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islamismoterrorismo
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