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¿Comulgar y después confesarse? Es como vestirme y después ducharme

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No se puede comulgar en estado de pecado mortal salvo por un motivo grave

Respuesta a la siguiente pregunta de un lector: Hace poco viví una situación en la que estaba esperando para confesarme y el sacerdote, que tenia que celebrar la misa, nos dijo a los que esperábamos que hiciéramos el acto de contrición por los pecados, que recibiéramos la comunión y después nos confesaba. Quería saber si esto es lícito o correcto, porque es necesario estar en gracia para comulgar. Desde ya muchas gracias. Saludos cordiales.

Un precepto divino dice que no se puede comulgar en estado de pecado mortal. La Iglesia, para cuidar la dignidad del sacramento de la Eucaristía y el alma de los fieles, impuso un precepto en el Concilio de Trento: que nadie con conciencia de haber cometido un pecado mortal se acercara a comulgar, por muy contrito que se sienta, sin haberse confesado antes. Es decir, que hay también un precepto eclesiástico que lo manda.

Pero, ¿hay excepciones? Sí, porque los preceptos eclesiásticos no obligan cuando hay una dificultad grave, seria y/o excepcional.

El precepto eclesiástico puede admitir una excepción cuando concurra un motivo grave y no haya tiempo u oportunidad de confesarse y se está, por ejemplo, en peligro de muerte; en este caso, el fiel está obligado a hacer un acto de contrición perfecta, que incluye el propósito de confesarse cuanto antes. O también si hubiera alguna dificultad grave como, por ejemplo, una seria necesidad de comulgar.

Pero hay que tener en cuenta una cosa: casi nunca hay obligación de comulgar (es el caso del sacerdote que celebra y algún otro caso excepcional). Sólo es obligatorio una vez año, por pascua de resurrección.

Es decir, que si una persona tiene absoluta obligación de comulgar y no puede confesarse antes, puede hacer un acto de perfecta contrición y comulgar, pero a manera de grave excepción, y con la obligación posterior de confesarse.

No podemos dejar a un lado el sacramento de la Penitencia, mucho menos en circunstancias anómalas como es anteceder la comunión a la confesión. Es lo que dice el canon 963: “…aquel a quien se le perdonan pecados graves con una absolución general, debe acercarse a la confesión individual lo antes posible, en cuanto tenga ocasión”.

Es de suponer que entre una absolución y la otra hay de por medio alguna o algunas comuniones eucarísticas. Pero no es el caso de quien no quiere confesarse, sino de quien, de buena fe, se encuentra en esa situación.

Obviamente sin una necesidad real, y una dificultad grave también real, sería un grave abuso el incumplimiento de este precepto de la Iglesia, cuyo fin no es impedir a la gente la comunión, sino conseguir que lo haga dignamente, evitando todo peligro de sacrilegio.

Sería absurdo exponerse a cometer un sacrilegio para satisfacer las ganas de comulgar o para evitar la vergüenza de dejar de hacerlo o por una ‘supuesta’ necesidad de recibir al Señor, etcétera, sin una necesidad grave de recibir la Eucaristía.

A veces se escucha decir a la gente: “Pero, un sacerdote me dijo que comulgara…”. Pero, ¿puede un sacerdote eximir del cumplimiento de la ley divina de que no se puede comulgar en estado de pecado mortal? No, porque no tiene ninguna potestad sobre ella. Si lo dice, se equivoca y no debería que haberlo dicho nunca.

Hay cosas para las que se tiene poder, y cosas para las que no. Si no tiene poder de hacer algo, e intenta hacerlo, el intento es vano, ya que lo hecho no tendrá ninguna validez. Si un sacerdote da permiso para hacer algo en lo que no tiene potestad, el permiso es absolutamente inválido.

Además un mal consejo no excusa de pecado. Por tanto, no se pierda el tiempo buscando consensos para comulgar: estar en condiciones de comulgar o no estarlo no depende del sacerdote que tengas delante.

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