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¿Qué es y cómo surge la Lectio Divina?

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Hannah Busing | CC0

Rafael Luciani - publicado el 25/01/15

Meditación: La Palabra comprendida y saboreada

Según santa Teresa de Ávila, meditar es “discurrir mucho con el entendimiento”. Se trata de actualizar la Palabra en nuestras vidas.

Es el momento en el que la Palabra se hace tienda en nuestra historia de vida, se hace Palabra encarnada en nuestras palabras.

Al entrar en nuestras vidas, la Palabra nos pueda acariciar como nos puede herir, puede reconstruir o deconstruir nuestros modos de vida. Para ello es necesario haber captado el mensaje central que el texto quiere comunicar.

La meditación retoma las palabras que han sido significativas durante la lectura, las pasea por la mente y el corazón para hacerlas morada en nuestras vidas, y entonces, lee la propia historia de vida a la luz de esa Palabra.

Oración: mi palabra responde a la Palabra

La oración brota de la propia meditación. Nuestras palabras resuenan en la Palabra. Se hacen voz que clama en el desierto, voz que pide perdón, voz que da gracias.

Voz que es elevada por el Espíritu de Jesús hasta el Padre, para entablar un diálogo de Amor, un diálogo que nos regala gracia y que nos convierte poco a poco.

Y a veces la oración supera la voz para convertirse en gemido. Gemidos que expresan nuestra debilidad y nuestra grandeza en el Misterio, nuestro proyecto inacabado. Gemidos que claman al Padre por nuestra liberación.

El contenido de la oración es la propia vida que se expresa, que se eleva a Dios y se pone en sus manos. Es la propia vida que en sus relaciones de sufrimientos y alegrías es compartida toda con Dios Hermano y es entregada toda a Dios Padre.

Es la propia vida que en relación con el hermano sufriente encuentra el rostro de Dios que sufre y consuela, a un Dios de la Vida que plenifica toda nuestra vida desde la debilidad y el reverso de la historia, desde la locura ilógica de la cruz y desde la plenitud viva de la Resurrección.

La oración no es nunca una palabra que repite, sino que responde. No es una palabra que se sale de la vida sino que la expresa y la pone ante Dios.

La oratio es el momento de mayor y radical unión entre vida y fe, de más pleno encuentro entre hombre y Dios, porque ambos se encuentran, y del encuentro se produce una contemplación de vida en el Espíritu.

Contemplación que descubre en el proyecto de la creación una verdadera “eucaristía”.

Contemplación: La Palabra encarnada y la palabra postrada

Del diálogo oracional pasamos a la escucha radical de Dios. Ante la Palabra que se ha encarnado nos queda, como los pastores, postrarnos, es decir, caer de rodillas agradecidos ante el Amor que se dona y nos desborda. Un Amor sin límites que comparte con lo limitado.

Un Amor con el que nos quedamos en el puro silencio. El silencio del aprecio, de la escucha, de la espera, de la adoración. El silencio humilde de la comprensión misericordiosa y amorosa de Dios.

En la contemplación damos espacio al Espíritu para que ore en nosotros. Es el momento del encuentro con el Amor sin límites donde sobran las palabras. Es la experiencia gratuita de redescubrir ese mismo amor en cada rostro que contemplamos en nuestras historias de vida.

Usualmente se designa a este momento bajo categorías de visión, como el ver a Dios o alcanzar la visión beatífica, pero más que visión, que implica una cierta noción racional abstracta típica del occidente moderno, se trata de un término gustativo y afectivo.

Es saborear la relación de hermandad e hijos, porque nos sentimos amados y queridos en medio de nuestra flaqueza y debilidad. Es la alegría de haber encontrado la perla preciosa.

La contemplación desvela la maravillosa sorpresa de sabernos amados primero y vivir en agradecimiento profundo con Dios y con los hermanos por ese amor gratuito, desinteresado.

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almabibliaoracionreligiosos
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