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¿Los sacerdotes pueden irse de vacaciones?

© Sabrina Fusco / ALETEIA
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Se puede tomar vacaciones de párroco pero no se pueden tomar vacaciones de sacerdote

Jesús les dijo: “Vámonos aparte, a un lugar retirado, y descansarán un poco. Porque eran tantos los que iban y venían que no les quedaba tiempo ni para comer” (Marcos 6,31).

Ya se sabe que los sacerdotes lo son toda la vida y durante todo el año y las 24 horas del día pues no olvidan nunca que la prioridad en la vida sacerdotal es la dedicación plena a Dios y a reino, es por tanto una dedicación obviamente permanente. En este sentido el sacerdote no tiene vacaciones o descanso.
 
Sin embargo dice el Código de Derecho Canónico que: “corresponde también a los clérigos tener todos los años un debido y suficiente tiempo de vacaciones, determinado por el derecho universal o particular” (Can 283,2).
 
Esto responde a los deseos del Concilio Vaticano II que, en el decreto Presbyterorum Ordinis (20), pide “… a los presbíteros disfrutar de un tiempo debido y suficiente de vacaciones: los obispos deben procurar que lo puedan tener los presbíteros”.

Valga decir que gran parte de los servicios ministeriales no pueden paralizarse por las vacaciones de los sacerdotes, y el Código de Derecho Canónico prevé la debida y necesaria suplencia.
 
Y, “corresponde al obispo diocesano establecer las normas según las cuales, durante la ausencia del párroco, se provea a la atención de la parroquia…” (can. 533, 3).
 
Y “por lo que se refiere al tiempo al tiempo de vacaciones, el vicario parroquial tiene el mismo derecho que el párroco” (can 550,3).

Es pues necesario y un deber de justicia que el Papa, los obispos y los sacerdotes y diáconos, como cualquier otra persona, tengan derecho a un debido y suficiente tiempo de vacaciones, un tiempo de cambiar aires, para luego volver a sus ocupaciones y atender, entre otras obligaciones, ese despacho parroquial lleno de gente necesitada en cualquier aspecto de la vida.

Y este derecho es inviolable, indiferentemente de la crisis de vocaciones que más o menos experimenta la Iglesia en una u otra realidad del mundo.

Los sacerdotes tendrán derecho a ese tiempo pues ellos trabajan o están disponibles para el servicio pastoral prácticamente todos los días del año.
 
¿Cuánto tiempo deben durar las vacaciones?

¿Diez días, veinte días, un mes? El derecho canónico le da al sacerdote el derecho a ausentarse de la parroquia por tiempo de un mes, -continuo o interrumpido-, en concepto de vacaciones, salvo que obste una causa grave (canon 533 § 2). 
 
Y aunque a los sacerdotes les corresponden 30 días, es muy difícil que los disfruten así de seguido; algunos no pueden disponer de ese tiempo otros no quieren disponer de ese tiempo, el hecho es que cada quien dispondrá del tiempo que más le convenga dependiendo todo de las circunstancias y necesidades personales de cada uno.
 
Algunos sacerdotes viven en otros países y llevan mucho tiempo, incluso años, lejos de su familia, otros utilizan ese tiempo para tratamientos médicos, otros para solucionar asuntos personales, otros para formación, hacer alguna peregrinación especial,  etc..

Este tiempo vacacional es poco cuando se compara con los días libres que tienen los laicos, quienes tienen, además de sus respectivas vacaciones, dos días libres a la semana sin contar los días festivos de carácter religioso o civil.

Es aconsejable que el sacerdote organice sus días de descanso en periodos del año donde el movimiento parroquial sea más reducido.
 
“Vacaciones de madre”

Ahora, cuando un sacerdote está de vacaciones no deja de ejercer su ministerio allá donde se encuentre; es sólo ausencia temporal de su respectiva parroquia.
 
El sacerdote, a diferencia del común de la gente, en ese tiempo de vacaciones sigue ‘trabajando’ con otro ritmo y con otras personas por el reino de Dios; como también mantiene su vida de oración y/o su relación con Dios.

 
Es decir, se puede tomar vacaciones de párroco pero no se pueden tomar vacaciones de sacerdote.Lo primero es una misión específica, lo segundo, algo que se es y no se puede dejar de ser.
 
Es obvio que lo anterior no excluye que el sacerdote pueda tener momentos de relax, de ejercicio físico, paseos. Es como tener vacaciones de madre. Una madre podrá irse a cualquier sitio por unos días, pero igual sigue siendo madre y velando siempre por sus hijos en todo sentido de la palabra.

Es más, hay sacerdotes que hacen sus vacaciones ‘reemplazando’ a otros sacerdotes en espíritu de caridad fraterna.

Otra cosa a tener en cuenta es que el sacerdote, durante este periodo “vacacional” no se desentiende totalmente de su realidad parroquial, pues, además de dejar todo organizado y previsto, él sigue en contacto con quienes lo suplen y con los demás agentes pastorales de la parroquia.

Y los fieles tienen que ser comprensivos si “baja” la intensidad de la vida parroquial por ausencia temporal del párroco.

El tiempo vacacional se ha de vivir con coherencia, no es un tiempo para secularizarse por un rato, ni tiempo para bajar la guardia porque el demonio no descansa nunca.
 
Como dice el apóstol Pedro: “Sed sobrios y velad. Vuestro adversario, el diablo,  ronda como león rugiente, buscando a quien devorar” (1. Pedro 5, 8). 
 
Lo que tiene que hacer el sacerdote y cualquier otro hombre, para que tenga verdaderas vacaciones, es apoyarse en Jesucristo.

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