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¿Qué dice el Concilio Vaticano II sobre el diálogo con el Islam? (2)

©GIANCARLO GIULIANI/CPP
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El segundo documento que habla sobre el Islam: la Ecclesiam Suam

El segundo de los documentos relevantes sobre el diálogo con el Islam lo constituye la Carta Encíclica de Pablo VI
Ecclesiam Suam. Publicada el 6 de agosto de 1964, es quizá menos citado que otros, pero su interés radica en la orientación general que se le otorga al
diálogo como instrumento privilegiado de acercamiento a los hombres y testimoniar a Cristo. Es, en definitiva,
la forma que tendrá la Iglesia de hacerse presente en el mundo:

 
“La Iglesia debe ir hacia el diálogo con el mundo en que le toca vivir (…) Antes de convertirlo, más aún, para convertirlo, el mundo necesita que nos acerquemos a él y que le hablemos (…) con todo respeto, con toda solicitud, con todo amor, para comprenderlo, para ofrecerle los dones de verdad y de gracia, cuyos depositarios nos ha hecho Cristo, a fin de comunicarle nuestra maravillosa herencia de redención y de esperanza (punto 27)

La Ecclesiam Suam es muy interesante también porque se publicó un año antes de la Nostra Aetate, la gran declaración del Concilio sobre la Libertad Religiosa y sobre el diálogo con las demás religiones, que marcaría un antes y un después en la historia religiosa del mundo.

 

Los tres círculos

El interés de la Ecclesiam Suam es que en ella Pablo VI explica el modo del diálogo de los cristianos con el mundo: el diálogo es la forma de la relación de la Iglesia con el mundo, a imitación del diálogo que Dios mismo mantiene con el hombre durante toda la historia de la salvación. 

Este diálogo se produce de forma distinta dependiendo del interlocutor, y allí el Papa distingue tres círculos bien definidos: en el primer círculo, el diálogo se basa en los valores meramente humanos, pues "nada de lo humano" es ajeno a la Iglesia. Nadie está excluido de este diálogo, tampoco los ateos, "a no ser que él mismo se excluya" (ES 35). El gran tema de diálogo en este círculo es la paz y los derechos humanos.

El segundo círculo está constituido por los que creen en Dios, y en él se encuentran sobre todo las dos grandes religiones monoteístas: el judaísmo y el islam. El tercero lo constituyen los que no sólo creen en Dios, sino también en Cristo, y en él se inscribe el diálogo ecuménico.

 

Sobre este segundo círculo, el Papa Pablo VI dice:

 
“Luego, en torno a Nos, vemos dibujarse otro círculo, también inmenso, pero menos lejano de nosotros: es, antes que nada, el de los hombres que adoran al Dios único y supremo, al mismo que nosotros adoramos; aludimos a los hijos del pueblo hebreo (…) y luego a los adoradores de Dios según concepción de la religión monoteísta, especialmente de la musulmana, merecedores de admiración por todo lo que en su culto a Dios hay de verdadero y de bueno” (punto 40)

 
Queremos destacar asimismo, cómo la redacción del punto 40 continúa con una orientación que se descubre fundamental: el diálogo es respeto y reconocimiento. Es colaboración desde los ideales comunes. Pero
el diálogo no es confusión ni identificación. Es decir, la sinceridad y validez de ese diálogo también estriba en reconocer lo que nos diferencia, sin que ello impida el acercamiento:

 
“Evidentemente no podemos compartir estas variadas expresiones religiosas ni podemos quedar indiferentes, como si todas, a su modo, fuesen equivalentes (…); al contrario, por deber de lealtad, hemos de manifestar nuestra persuasión de que la verdadera religión es única, y que esa es la religión cristiana”.

“Pero no queremos negar nuestro respetuoso reconocimiento a los valores espirituales y morales de las diversas confesiones religiosas no cristianas; queremos promover y defender con ellas los ideales que pueden ser comunes en el campo de la libertad religiosa, de la hermandad humana, de la buena cultura, de la beneficencia social y del orden civil".

Pablo VI incluye también un nuevo concepto: el de reciprocidad: "
En orden a estos comunes ideales, un diálogo por nuestra parte es posible y no dejaremos de ofrecerlo doquier que con recíproco y leal respeto sea aceptado con benevolencia”.


 
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