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Año nuevo, vida nueva

2 min de lectura

Hay un refrán interesante que habla de cómo deberíamos enfrentar todo inicio de año: “Año nuevo, vida nueva”, pero ¿Qué vida nueva podemos iniciar cuando todo lo que nos rodea es recurrente, opresivo y maquinal?
 
Será meta de nuestros deseos, El mismo [Cristo], a quien veremos sin fin, amaremos sin hastío, alabaremos sin cansancio. Este don, este afecto, esta ocupación será común a todos, como lo es la vida eterna ‪#‎SanAgustin (La Ciudad de Dios 22, 30, 1)
 
La vida actual está llena de compromisos, responsabilidades, horarios, planificaciones y objetivos a cumplir. ¿Qué espacio nos queda para esa vida nueva que nos ofrece el refrán?
 
Es evidente que los espacios libres son pocos y están dispersos. A veces son simples minutos de espera entre una tarea y otra, entre una actividad y otra. El reto que tenemos es darle sentido a esos pequeños ratos. Un sentido que nos permita llenar una vida maquinal en la que somos un simple engranaje dentro de la gran máquina social.
 
San Agustín no señala una clave: Cristo es meta que hemos de amar y alabar. Cristo es la Verdad que nos hace libres, ya que da sentido a nuestra vida y nos permite transformarnos. Esa es la gran clave. Si somos transformados por Cristo, la vida que vivimos también se transforma, haciéndose llena y coherente.
 
Ya que todos los años hacemos propósitos positivos, hagamos el propósito de acercarnos a Cristo en esos minutos dispersos por el día.