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2014, un placer haberte conocido

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Bueno, bueno, bueno… se nos acaba 2014. Nunca más volverá. El año que nos ha sido regalado pudo haber sido una oportunidad perdida o un trampolín hacia el cielo. Cada uno debe mirar atrás y hacer balance del año. Es bueno hacerlo y, por cierto, muy nuestro: un examen de conciencia anual antes de poner delante de Dios las luces y las sombras de un período que culmina.

Ningún año es blanco o negro. La balanza siempre tiene pérdidas y ganancias y conviene repasar adecuadamente acontecimientos que se sitúen en los dos pesos. Uno lee los resúmenes de los diarios generalistas y se quedan tan escasos, tan por encima… ¿verdad? Parece que el año se resume en asesinatos, tragedias, corrupciones, parejas del mundo rosa, éxitos o fiascos deportivos… Gracias a Dios, la sociedad, el mundo, se forma con la suma de historias individuales y colectivas que, por desconocidas que sean, no resultan irrelevantes sino todo lo contrario.

En lo colectivo, cabe decir que el año 2014 fue el año del Papa Francisco y, desde ahí, de una Iglesia que está redescubriendo su cara más misericordiosa y cercana al pobre y al necesitado. ¿No se vivía esto antes? Por supuesto que sí. Tal vez no se percibía tanto. Fue el año de las riadas de gente para rezar el Ángelus los domingos en S. Pedro o para escuchar las catequesis del Santo Padre los miércoles de audiencia. Fue el año de los significativos y arriesgados viajes a Tierra Santa, a Albania, a Turquía y a Corea; el año de innumerables gestos que pasarán a la historia. 2014 ha sido también el año de la persecución religiosa y del azote del mal en Irak, donde tantos hermanos nuestros están sufriendo la cruz y están dando testimonio, incluso con sus vidas, de lo que significa seguir al Señor. 2014 fue el año donde vimos la frescura de la Iglesia, lejos de la cansada y agotada de Europa, el año donde el Gloria de la misa criolla estremeció los cimientos de "lo de siempre". No podemos olvidar tampoco el esfuerzo del Papa Francisco en situar a la familia en el centro de la actualidad y de la reflexión. Vivimos un Sínodo Extraordinario, no exento de agitación, temor y polémica. Comprobamos la apuesta decidida por hablar de todo y con todos, por la cultura del encuentro. Recordamos la fórmula mágica para que una familia funcione: perdón, gracias y por favor. Y, de nuevo, la denuncia del Papa ante tanto niño no nacido despreciado y eliminado… un esfuerzo de concienciación al que muchos hermanos le están dedicando buena parte de su vida. Ha sido un año donde fue fácil seguir toda esta actividad del Papa gracias a las redes sociales, a los nuevos medios, a la apuesta de mucha gente por hacer presente a la Iglesia donde la humanidad se hace presente.

En España, es verdad, hubo abdicaciones, ébola, corrupciones… Tenemos nuevo Rey y nuevo partido político. Se nos ha ido el Cardenal Rouco y las selecciones de fútbol y baloncesto brillaron por sus estrepitosos descalabros. Se ha hablado de Cataluña y despedimos al Presidente Suárez, artífice de la Transición y de los consensos. Fue el año del Atleti y de las manifestaciones en la calle. En el mundo, volvimos a situar en el mapa Ucrania, Rusia, Crimea, Gaza, Israel… recordamos lo que era un califato y comprobamos la barbarie humana cuando el hombre olvida a Dios y se entrega a ideologías fruto de vidas vacías y futuros desesperantes. ¡Y la que se montó cuando vimos que el ébola ya era cosa de unos pobres negritos que no importan a nadie!

Y en lo personal, también hubo luces y sombras. Compruebo como, en este momento de recopilación, es verdad que el cerebro se queda con lo bueno y que, los recuerdos que se me agolpan, son de "lo mejor del año". En la Escuela Pía de España nació una nueva Fraternidad, donde religiosos y laicos seguimos compartiendo vida y misión al estilo de Calasanz. Recuerdo la Primera Comunión de mi hijo mayor con emoción (y nuestro viaje a Roma con él) y verle, domingo tras domingo, de monaguillo tras el altar. Compruebo que ya mi hija ha comenzado también ese camino de preparación y que, con nuestros aciertos y fracasos, intentamos que la fe en Jesús sea el centro de nuestra vida familiar. Y el pequeño, cada vez menos pequeño, cariñoso, trabajador y con una pasión desconocida hasta ahora en la familia. Esther y yo seguimos un año juntos, aprendiendo a querernos más y mejor y afrontando de la mano las dificultades y complicaciones que surgen en una vida en común. Fue un año donde asentamos la convicción de que los matrimonios y las familias "nos tenemos que contar"… Fue el año donde, por primera vez, visitamos y vivimos parte de la Semana Santa palentina y en el que, gracias a Dios, conocimos en esas tierras a tantas personas buenas… 2014 fue el año del diálogo para NarraLuz y el comienzo de nuevos proyectos en Aleteia, iMisión, EntreParéntesis…Ha sido el año de mi última matrícula universitaria y de la necesidad de discernir mi vocación política. Se han casado amigos y han nacido niños, el último de ellos con nombre de Rey, buscador de la Verdad. 

Y quiero terminar con iMisión. 2014 fue el año del Congreso en Madrid, de un despertar de tantos en la red… Fue el año del iConsejo, del #iNavidadIrak, del encuentro de la RIIAL, del #iDómund y del premio Bravo. Comunidad y comunión. 

Me despido ya, sin más que decir. Que Dios bendiga lo vivido, perdone y acoja las sombras del pecado y multiplique los frutos de la luz. Y que 2015 nos ayude a traer más paz, más amor… más Dios a la humanidad. ¡Que así sea!
 

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