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Papa Francisco: es mentira que haya vidas no dignas de ser vividas

© TIZIANA FABI / AFP
Vatican City : Pope Francis greets an handicapped person after his general audience in St Peter's Square at the Vatican on May 14, 2014. AFP PHOTO / TIZIANA FABI
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El mensaje del Papa para la próxima Jornada Mundial del Enfermo

Es una gran mentira hacer creer que haya vidas que no sean dignas de ser vividas: lo dice con fuerza el Papa Francisco en su Mensaje para la Jornada Mundial del Enfermo, que se celebrará el próximo 11 de febrero 2015 sobre el tema "Sapientia cordis. Yo era ojos para el ciego, era pies para el cojo”, tomado del Libro de Job (Jb 29,15).
 
“El tiempo que se pasa junto al enfermo es un tiempo santo” – afirma el Papa Francisco – “es alabanza a Dios, que nos conforma a la imagen de su Hijo, el cual ‘no ha venido para ser servido, sino para servir’”.
 
El Pontífice, enmarcando el tema en la perspectiva de la sabiduría del corazón, habla del “valor del acompañamiento, con frecuencia silencioso, que nos lleva a dedicar tiempo” a los enfermos, los cuales “gracias a nuestra cercanía y a nuestro afecto, se sienten más amados y consolados. En cambio, qué gran mentira se esconde tras ciertas expresiones que insisten mucho en la ‘calidad de vida’, para inducir a creer que las vidas gravemente afligidas por enfermedades no serían dignas de ser vividas”.
 
Hacerse cargo del otro
 
Nuestro mundo, subraya, “olvida el valor especial del tiempo empleado junto a la cama del enfermo, porque estamos apremiados por la prisa, por el frenesí del hacer, del producir, y nos olvidamos de la dimensión de la gratuidad, del ocuparse, del hacerse cargo del otro. En el fondo, detrás de esta actitud hay frecuencia una fe tibia, que ha olvidado aquella palabra del Señor, que dice: ‘A mí me lo hicisteis’”.
 
Salir de uno mismo hacia el hermano
 
Por esto, el Papa recuerda una de sus frases de la encíclica Evangelii Gaudium: “la absoluta prioridad de la "salida de sí hacia el otro" como uno de los mandamientos principales que fundan toda norma moral y como el signo más claro para discernir acerca del camino de crecimiento espiritual como respuesta a la donación absolutamente gratuita de Dios”.
 
Compartir, no juzgar
 
La caridad, por tanto, añade el Mensaje, tiene “necesidad de tiempo. Tiempo para curar a los enfermos y tiempo para visitarles. Tiempo para estar junto a ellos”. Pero no hay que hacer como los amigos de Job, que en realidad juzgaban al enfermo bajo la apariencia de la amistad: “pensaban que su desventura era el castigo de Dios por una culpa suya. La caridad verdadera, en cambio, es participación que no juzga, que no pretende convertir al otro; es libre de aquella falsa humildad que en el fondo busca la aprobación y se complace del bien hecho”.
 
El misterio del sufrimiento
 
La experiencia del sufrimiento – escribe el Pontífice – “encuentra su respuesta auténtica sólo en la Cruz de Jesús, acto supremo de solidaridad de Dios con nosotros, totalmente gratuito, totalmente misericordioso. Y esta respuesta de amor al drama del dolor humano, especialmente del dolor inocente, permanece para siempre impregnada en el cuerpo de Cristo resucitado, en sus llagas gloriosas, que son escándalo para la fe pero también son verificación de la fe”.
 
Así – prosigue el Papa – “las personas sumidas en el misterio del sufrimiento y del dolor, acogido en la fe, pueden volverse testigos vivientes de una fe que permite habitar el mismo sufrimiento, aunque con su inteligencia el hombre no sea capaz de comprenderlo hasta el fondo”.
 
Camino de santificación
 
El Papa Francisco recuerda en su mensaje a los muchos cristianos que “dan testimonio también hoy, no con las palabras, sino con su vida radicada en una fe genuina”; esas personas “que están junto a los enfermos que tienen necesidad de una asistencia continuada, de una ayuda para lavarse, para vestirse, para alimentarse”.
 
“Este servicio, especialmente cuando se prolonga en el tiempo, se puede volver fatigoso y pesado. Es relativamente fácil servir por algunos días, pero es difícil cuidar de una persona durante meses o incluso durante años, incluso cuando ella ya no es capaz de agradecer. Y, sin embargo, ¡qué gran camino de santificación es éste!”
 

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