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España-Irak: Puentes de hilo pero fuertes

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La iniciativa "Coser y cantar" lleva a iglesias de Irak ornamentos realizados para la beatificación de Álvaro del Portillo

"Sois Jesús": el Papa Francisco no pudo decir más verdad con menos palabras en su llamada telefónica del día 25 de diciembre a una parroquia de Irak. Unos días antes había escrito además una larga y sentida carta a los cristianos perseguidos de Oriente.
 
¿Qué duele más, la persecución o el olvido? Ayuda a la Iglesia Necesitada lleva meses alertando de la sangría que el Estado Islámico practica contra las minorías ante la casi impasibilidad de los medios, que parecen haberse acostumbrado a las matanzas, las torturas, los expolios y las deportaciones.

Las voces que recuerdan lo que está pasando son pocas y su primera batalla no es contra el islamismo radical, su lucha –antes– es despertar a Occidente.
 
Joumana Trad es una enérgica mujer libanesa casada con un diplomático destinado actualmente en Irak que sabe de primera mano que la indiferencia duele allí más que nada. Por eso no dudó en movilizarse para atender a la necesidad de un joven párroco de Bagdad –el padre Robert– que pedía ornamentos sagrados para poder celebrar la Misa a su diezmada comunidad.
 
Y tuvo la suerte de dar con la horma de su zapato –Conchita Cremades–, una aragonesa que puso en marcha un taller de costura internacional para elaborar lienzos para la beatificación del obispo Álvaro del Portillo que se celebró en Madrid el 27 de septiembre.
 
Madrid, abril de 2014
 
No es la primera vez que Conchita Cremades se mete en fregados multitudinarios y multinacionales. Probablemente le viene de familia. Ya ayudó en la confección de ornamentos para la JMJ de Madrid así que no dudó en poner en marcha una vez más sus dotes de organización.

"Soy del Opus Dei y cuando me enteré de que la Beatificación de Álvaro del Portillo iba a ser aquí, en Madrid, nos pusimos en marcha -explica-. Hacía falta mucha mano de obra pues se trataba de confeccionar ornamentos y lienzos para más de mil sacerdotes".
 
Al proyecto lo llamaron Coser y cantar, porque a pesar de la cantidad de prendas a confeccionar y el escaso tiempo del que disponían, el talante de este grupo de personas era el de "da igual ocho que ochenta", no hay problema irresoluble: coser y cantar.
 
Había grupos cosiendo en Europa, América y Asia. Desde el principio, se tuvo claro qué se haría con los ornamentos después del 27 de septiembre: "nos lo planteamos y pensamos en enviarlos a iglesias jóvenes de España y a parroquias necesitadas de África y Asia. Nos hacía especial ilusión que esos ornamentos estuvieran después esparcidos por el mundo. Era nuestra cooperación para llegar a las periferias de las que tanto habla el Papa".
 
Y como aprovechaban las miles de horas de costura para rezar algún que otro rosario, los ornamentos han llegado a su destino acompañados de oraciones: por la parroquia nueva del ensanche de Vallecas, por la pequeña comunidad de una aldea africana, por una catedral desvencijada por las bombas en Siria. Rezaban, todavía sin saberlo, por el padre Robert Yeryis, párroco de Nuestra Señora de la Asunción, en Bagdad.
 
Bagdad, agosto de 2014
 
"No puedo hacer skype, lo siento, por seguridad, es mejor que os conteste por mail, pero estoy encantado de hacerlo": quien contesta al otro lado en un perfecto árabe que, sólo gracias a los impagables conocimientos de Marcelle Irany conseguimos descifrar, es el padre Robert Yeryis, un joven sacerdote iraquí (por las fotos puede tener cuarenta años porque es una frivolidad preguntarle a un sacerdote así cuántos años tiene el pellejo que arriesga cada día).

Es el párroco de Nuestra Señora de la Asunción. Un día se le ocurrió decirle a una de sus feligresas extranjeras que necesitaba lienzos para celebrar la Misa

.
 
Fue casi un desahogo, una carta a los Reyes Magos… pero como por algo los Reyes son de Oriente escucharon sus deseos.

"Cuando me enteré del proyecto Coser y cantar que estaban realizando un grupo de personas del Opus Dei me puse en contacto rápidamente con ellas", sentencia Joumana Trad.

"El padre Robert es un santo, afirma, no para de moverse para hacer cosas por la Iglesia. Aquí los cristianos llevan mucho tiempo siendo rehenes en su propio pueblo y ahora, con la irrupción del Estado Islámico, la situación es muchísimo peor.Los han echado de sus casas, les han dejado sin los pocos bienes que tenían y las parroquias de ciudades como Bagdad se han visto obligadas a funcionar como campos de refugiados".
 
El padre Robert asiente: lo que empieza a aparecer tímidamente en los telediarios lleva muchos años ocurriendo. Sorprende que el joven párroco, más que hablar de la violenta persecución –que es quizás lo más llamativo–, hable de esa otra tremenda presión que los cristianos llevan soportando desde hace décadas.

La población cristiana se está diezmando, cada vez son menos. Los han estado echando. Obligándoles, poco a poco, a marcharse del país. La disyuntiva era o convertirse o irse. Y la mayoría se han ido. En realidad, los que tenían algunos medios económicos hace tiempo que se fueron.
 
Se han quedado los pobres. Y éstos lo tienen muy difícil. Porque no hay oportunidades para los cristianos. "Es sencillo, continúa, por ejemplo, se ve en el problema del paro: a mucha gente joven, recién graduada, le falta el trabajo y la única oportunidad es ser funcionario en el gobierno, pero esto depende de su pertenencia a partidos políticos, la mayoría de estos partidos son ahora islámicos, así que los cristianos tienen casi imposible encontrar trabajo ahí".
 
El paro lleva a la pobreza y la pobreza a no afrontar proyectos de vida: "cada vez hay menos matrimonios porque la gente no tiene una situación económica estable". Y el iraquí, al contrario que el europeo, lleva mal el individualismo. Se deprime estando solo. Y ahora lo está.

"A las familias de la sociedad iraquí les gusta reunirse y tener relaciones de amistades. Ahora, por la inmigración, la mayoría de estas familias vive en una cierta soledad porque varios de los parientes y amigos están en otros países. La gente empieza a vivir en la soledad y el individualismo, y no está acostumbrada a este ritmo de vida, y por esto, aparece un sentimiento de depresión y de tristeza, y el deseo de dejar el país".
 
Por eso, el padre Robert está empeñado en convertir su parroquia en esa gran casa de familia alegre, grande, ruidosa y acogedora que los iraquíes ya no tienen. Y por eso organiza encuentros y reuniones e inventa mil historias para que sus feligreses se junten y canten y bailen y, si pueden, hasta coman y beban, aunque "no siempre se puede por falta de dinero".

Y por eso también sueña con proyectos para sacar adelante a sus cristianos. Y habla de hospitales y colegios llevados por la parroquia donde estos jóvenes podrían además tener algún empleo: "llevo años trabajando para crear una escuela de primaria que no termina de salir por falta de dinero". Otra vez el dinero.

Y de programas de emprendimiento empresarial, y de cursos de idiomas para sus chicos… como si no existiera el Estado Islámico, ni las persecuciones, ni las torturas. Como si las matanzas estuvieran ocurriendo a miles de kilómetros y no a las puertas de su casa.
 
Y podría parecer un ingenuo o un idealista. Hasta que habla de su fe en la oración: "yo lo que le pido al mundo es que recen por los hermanos que sufren en Irak. La oración verdadera cambia toda la realidad, y hace que la creación vuelva a su estado primero, antes del sufrimiento".

Y pide también apoyo a Europa, una vecina que -preocupada por su confort y su dichosa crisis- está mirando para otro lado "No hemos visto ni una manifestación de los europeos para empujar a sus gobiernos a apoyar a los cristianos de Irak y a las otras minorías que están siendo atacadas". Más claro, agua.
 
Bagdad de nuevo, 1 de enero de 2015
 
Pero mientras se construyen las escuelas y Europa se despierta, los ornamentos utilizados en la iglesia al aire libre en la que se convirtió Valdebebas han llegado, gracias al eficaz transporte de Joumana Trad, a Bagdad.

La primera misa del año, la de la esperanza, se celebrará con los lienzos elaborados para la beatificación de Álvaro del Portillo: "es una forma de acompañar a estos hermanos nuestros que están sufriendo. Decirles que no están solos. No es sólo la ayuda material, es la cercanía, el corazón", señala Joumana.
 
El padre Robert reconoce que está feliz con este regalo de Reyes: "Estoy muy contento; primero, porque en mi iglesia, y sobre el altar divino, habrán ornamentos que han sido utilizados en un evento muy importante como es la beatificación de don Álvaro".

"Segundo, porque siento la catolicidad de la Iglesia que reúne a sus hijos como la gallina a los polluelos, estos polluelos que se ayudan unos a otros -añade-. Tercero, porque me gusta pensar que Occidente ayuda a Oriente, a este Oriente que dio el Hijo de Dios al mundo".
 
Y se despide con un "que Dios les bendiga, no se olviden de nosotros" que suena a primitiva Iglesia. A genuino cristianismo. Sin edulcorar. Es la bendición de un pueblo mártir, de un pueblo santo.O mejor, en palabras del Papa, suena a bendición directa de Dios. Que por algo hoy, los cristianos perseguidos de Irak, son Jesús.
 

Artículo originalmente publicado por Opusdei.es
 

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