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Cuando te asalten preocupaciones, recuerda: No estás solo/a

© Emilio Orantes / Flickr / CC
Niño preocupado
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Ten por seguro que nada malo puede pasar, si Dios va contigo, sólo debes confiar, Dios hará lo demás.

He querido alejarme de Dios, molesto, como a veces me ocurre. Son rabietas de niño, a mi edad. Pero Dios me ha sonreído, comprensivo. “Ven Claudio”…  Me ha traído hacia Él y con ternura apretó mi cabeza contra su pecho.  “Ustedes son mis hijos. Y Yo los amo, como son, con sus defectos y virtudes, incluso con sus rabietas”.
 
Dios que es amor, anhela que lo amemos y hace lo que no imaginas para atraerte y decirte que te ama, que eres especial para Él. Si tan sólo lo supieras… No estás solo(a). Dios va contigo. Está en ti, a tu lado, a tu alrededor: porque “En Él vivimos, nos movemos y existimos” (Hech 17, 28).
 
Cuántas veces faltamos a la caridad, en el Amor, porque no tenemos conciencia de que somos hijos de Dios, y más que eso, que para Él lo somos todo
 
Cada uno de nosotros existe en su corazón de padre, como si fuese su único hijo, lo único importante en todo el universo.
 
Tú lo eres todo para Dios. Sólo que aún no lo has descubierto. No has podido encontrarlo, experimentar su cercanía y su Amor. Vives a diario con tantos problemas, a veces más de lo que puedes soportar. Y no sabes qué hacer, dónde está la salida.
 
A esto lo llaman “el ruido del mundo”. Son las voces que no te permiten escuchar la suya.  Por eso nos hablan tanto del silencio. Ir a un lugar alejado, llevando una Biblia, el corazón que anhela escuchar a Dios, y unos bocadillos para el camino. No necesitas más. 
 
No imaginas cuánto disfruto esos paseos espirituales. Como estoy casado, los hago en familia. Nos vamos a un parque, o a un lugar montañoso, juntos. Mientras mi hijo, Luis Felipe, juega futbol con otros niños y mi esposa está pendiente de él, yo me siento en una banca y le digo al Padre: “Aquí estoy, Señor”. Eso le basta. Un simple y pequeño gesto de amor, es suficiente. Al segundo siento que responde: “Aquí estoy Claudio”.
 
Me ocurre igual cada vez que rezo. Le digo: “Padre nuestro” y Él con infinito amor y ternura responde: “Hijo mío”.
 
No estamos solos. Dios camina a tu lado, en ti. Esto lo comprendí el domingo durante la misa. Como tú, no estoy exento de dificultades. Debo enfrentarlas a diario. Son parte de la vida. Después de dedicar un año a escribir mis libros y usar todos los ahorros para editarlos, empecé a preocuparme. Son los famosos: “Y si…”.

Me preguntaba: “¿Y si no llegan a las personas?”. Entonces algo me detuvo. Fue como una certeza. “No estás solo Claudio. No están solos. Yo estoy con ustedes”. Fue un gran consuelo para mí. Me sentí mucho mejor, aliviado, sereno.
 
He pasado desde entonces pensando en ello. “No estás solo”.  Busqué en mi Biblia la voz paternal de Dios que nos decía: “No temas, pues yo estoy contigo” (Is. 41, 10). Y al buen Jesús que lo afirmaba: “…yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt, 28, 20). Entonces comprendí que no tenía motivos para preocuparme.
 
Nada malo puede pasar, si Dios va contigo.
 
No te preocupes. 
Todo estará bien.
Sólo debes confiar. 
Dios hará lo demás.

 

Tags:
alma
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