Recibe Aleteia gratis directamente por email
¡Alimenta tu espíritu! ¡Recibe las noticias de Aleteia cada día!
¡Inscríbete!

¿No estas preparado para donar?

Aún así hay otras 5 maneras como puedes ayudar a Aleteia

  1. Reza por nuestro equipo y por el éxito de nuestra misión
  2. Habla de Aleteia en tu parroquia
  3. Comparte el contenido de Aleteia con tus amigos y tu familia
  4. Desactiva el bloqueo de publicidad cuando nos visites
  5. Suscríbete a nuestra newsletter gratuita y leenos a diario

¡Gracias!
El equipo de Aleteia

Suscríbete

Aleteia

“El Hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos”: Adaptación cuestionable, pero entretenida

DR
The Hobbit 3
Comparte

Aunque no tiene la profundidad de “El Señor de los Anillos”, también tiene sus cosas buenas

Antes de empezar, me gustaría preguntar si alguien aquí cree que las películas de la trilogía El Hobbit son adaptaciones fieles de la reverenciada obra de J.R.R. Tolkien. ¿Alguien? Por favor, levante la mano. Si, el señor del fondo. Si esto es lo que usted cree de verdad, entonces, por su propio bienestar mental, le ruego que deje la sala en cuanto discutamos de El Hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos. Me lo agradecerá después. ¡De nada!
 
Muy bien. Ahora, podemos hablar de la última cita de la obra multimillonaria de Peter Jackson sin que algún purista de Tolkien se sienta atacado. Entiendo la angustia de esas personas, pero para quienes, como yo, están dispuestos a ignorar las adaptaciones de Jackson y se toman las películas de El Hobbit sólo como entretenimiento, la trilogía ha sido bastante agradable.

¿Acaso era necesario que un personaje apenas mencionado en El Simarillion se transformase en un antagonista de gran relevancia, o que hubiera un romance “enano-élfico”? No, no lo era. Pero, para mí, esas cosas no estropean la película.
 
Y eso es bueno, porque El Hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos es sólo ligeramente mejor que las dos primeras partes de la trilogía en lo referente a remover el mundo de Tolkien. Es verdad que cosas como los gusanos gigantes parecen algo distantes de la obra de Tolkien, pero, como parte de la Tierra Media de Peter Jackson, el resultado no es malo.
 
En general, El Hobbit: La Batalla de los Cinco Ejércitos es un excelente cierre para la serie. Empieza exactamente donde el último film terminaba, con el anciano Smaug dirigiéndose a Lago para perpetrar su venganza de fuego. De nuevo, Benedict Cumberbatch estuvo en buena forma como la voz del dragón, lleno de arrogancia y exceso de confianza al provocar a la aldea condenada.
 
Sí, es un poco extraño que la desolación de Lago por Smaug tenga lugar al principio de esta película, en vez de suceder al final de la anterior, donde habría tenido más sentido (que incluso se llamaba La Desolación de Smaug), pero, temáticamente, imprime un adecuado tono oscuro a este filme.

Como en los capítulos finales de El Hobbit de Tolkien, La Batalla de los Cinco Ejércitos es mucho más sombría de lo que lo había sido antes.
 
Esto se hace evidente cuando Thorin, teniendo ya garantizada su posición como rey bajo la montaña, cae víctima de la misma "enfermedad del dragón" que había poseído a Smaug anteriormente. Su caída en la locura está maravillosamente retratada en una secuencia alucinante en que el líder de los enanos es engullido por un lago de oro.

Para quien está familiarizado con Jackson antes de El Señor de los Anillos, la rareza de la escena evoca de forma interesante otros trabajos del director.
 
Después de haber prometido al pueblo de Lago que compartiría una parte del tesoro casi infinito que estaba a su disposición, el Thorin enfermo rechaza ahora ceder una sola moneda. En este punto, por lo menos, la película se mantiene muy cercana a Tolkien y al núcleo católico que está en el corazón de sus obras.

El “mal del dragón” que afecta a Thorin es nada menos que el pecado de avaricia, contra el que la Iglesia nos alerta cuando proclama que “quien ama el dinero nunca tiene suficiente”. Este deseo desordenado puede exceder los límites de la razón y llevar a una persona a quedarse injustamente lo que debe al otro. Y este es el pecado que oscurece el corazón de Thorin y que da inicio a los eventos que le siguen. 

Bueno, a la mayoría de los eventos. Aún tenemos que lidiar con el pequeño problema de Gandalf preso en Dol Guldur. En una escena que no encontramos en ninguno de los escritos de Tolkien, los miembros del Concilio Blanco montan una operación de rescate para liberar a Gandalf de las garras del recién despertado Nazgûl.

¿Este añadido era necesario para la historia? No. ¡Pero sólo vean al Saruman de Christopher Lee entrando en modo batalla y díganme si no valía la pena! Si me dicen que no, no les creeré.
 
Ahora bien, si me dicen que muchas de las escenas que implican a Legolas y Tauriel son innecesarias, ahí sí que me inclino a darles la razón. Comprendo que esa parte está en sintonía con la línea temporal, pero realmente no hay razón alguna para que Legolas esté en esta historia, aparte de que los admiradores de Orlando Bloom querían que estuviera.

Para empeorar la situación, sus extremas acrobacias de las películas anteriores se transforman aquí en algo de total superhéroe. Es una concesión de la peor especie a las expectativas de un grupo de fans.
 
En suma, no es una película perfecta. Pero, de todas las películas de El Hobbit, esta tal vez sea la más satisfactoria
. El peso emocional es definitivamente mayor que el de sus predecesoras, gracias al retrato de la relación que se va arruinando entre Bilbo y Thorin. E

l pesar del pequeño hobbit por su incapacidad de salvar al amigo del pecado es palpable, y su angustia con la necesaria traición es sincera.

En las películas anteriores, el Bilbo de Martin Freeman no recibe todo el tiempo de escena que merecía, pero, cuando aparece, es todo bueno. Esto sólo refuerza que el ejercicio de adaptar El Hobbit y transformarlo en una trilogía fue una mezcla de pros y contras.
 
Al final, la trilogía de El Hobbit no se puede comparar a la de “El Señor de los Anillos” en términos de objetivos, complejidad y profundidad de sentido.

Pero, siendo honrados, es exactamente lo mismo que sucede con los libros. El recuerdo de la primera vez que leí El Hobbit sigue siendo uno de los de mi infancia más queridos, pero la lectura de El Señor de los Anillos fue una experiencia mucho más madura y enriquecedora. Y esto resume muy bien mi experiencia con las películas.

Si quiere ver una obra de arte, vuelva a ver El Señor de los Anillos. Pero si sólo busca un poco de diversión, El Hobbit le gustará.

Boletín de Noticias
Recibe gratis Aleteia.
Los lectores como usted contribuyen a la misión de Aleteia

Desde nuestros inicios en 2012, los lectores de Aleteia han crecido rápidamente en todo el mundo. Nuestro equipo está comprometido con la misión de proporcionar artículos que enriquezcan, inspiren y nutran la vida católica. Por eso queremos que nuestros artículos sean de libre acceso para todos, pero necesitamos su ayuda para hacerlo. El periodismo de calidad tiene un costo (más de lo que la venta de publicidad en Aleteia puede cubrir). Por eso, los lectores como USTED son fundamentales, aunque donen incluso tan poco como 3$ al mes.