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Papa Francisco: “Los sacerdotes, como los aviones, sólo son noticia cuando caen”

© ANDREAS SOLARO / AFP
VATICAN-POPE-CURIA-GREETINGS Pope Francis speaks during the audience of the Curia, the administrative apparatus of the Holy See, for Christmas greetings in the Sala Clementina of the Apostolic Palace at the Vatican, on December 22, 2014. AFP PHOTO / ANDREAS SOLARO
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El Pontífice exhorta a la Curia a ser "servidores", no "burócratas"

El Papa Francisco recibió este lunes 22 de diciembre en la Sala Clementina del Vaticano a los cardenales y monseñores que ayudan a la obra de la Iglesia desde Roma.
 
En su segundo discurso de Navidad a los jefes de la Curia Romana, Francisco les pidió de no caer en 15 pecados que les alejan de Dios, de la realidad cristiana y les hacen “burócratas, funcionalistas”. El Papa Francisco explicó las enfermedades del alma que se curan tomando de la mano a Cristo y pidiendo perdón.
 
“La pobreza de la gruta del pesebre es una luz” que no viene para “iluminar gente electa”, sino a “toda la humanidad”, dijo, y citó a san Atanasio, que describe a Jesús como el Dios encarnado hecho hombre para salvar la humanidad y cuerpo místico de la revelación. 
 
Reflexiones comunes para un examen de conciencia
 
Francisco habló de “tentaciones” que no sólo enferman a la Curia romana, sino también a “cada cristiano”, específicamente a "toda comunidad, congregación, parroquia, movimiento eclesial”. 
 
“Es bonito pensar en los miembros de la Curia Romana como un pequeño modelo para la Iglesia Universal”, señaló y tomó como ejemplo el ambiente que lo circunda desde hace 21 meses de pontificado para dirigir palabras útiles a los cristianos.
 
El Papa recordó que cada parte que compone la Curia es diferente y remarcó la complejidad del funcionamiento del aparato curial. Para ilustrar su funcionamiento en el tejido de la Iglesia universal, sostuvo: “Me llegó a la mente la imagen de la Iglesia como cuerpo místico de Cristo”.

Así rememoró que en este cuerpo hay una diversidad de los miembros que lo componen, pero igualmente son uno en el Espíritu porque “la Iglesia es una en Cristo”. “Un miembro de la Curia que no se alimenta del Cuerpo de Cristo, se volverá un burócrata, un funcionalista”.
 
El Pontífice señaló a todo los cardenales y monseñores curiales que sin “Cristo nada tiene sentido, porque nada somos sin Él”. De esta manera, les invitó a vivir el espíritu de Dios “que une”, mientras aseguró el maligno “divide”.
 
El Pontífice propuso una lista de enfermedades curiales que debilitan su servicio a la Iglesia y no se sustrajo de la meditación, pues dijo: “esta lista nos servirá a todos para reflexionar”.
 
La enfermedad de sentirse “inmortales” o “indispensables”.
 
El Papa invitó a los prelados a visitar el cementerio que está lleno de personas que pensaban de ser “indispensables, inmortales e inmunes”.  “Una Curia que no se autocritica, que no se actualiza, que no se mejora, es un cuerpo enfermo”.
 
“Es la enfermedad de los patrones y de los que se sienten superiores a todos”, añadió. Ahí tiene origen “la patología del poder, del complejo de los elegidos”. 
 
“El antídoto a esta epidemia es la gracia de sentirnos pecadores. Somos siervos inútiles”, afirmó, y les invitó a no llenarse de orgullo cuando realicen sus labores, sino pensar: “hemos hecho, lo que podemos hacer”, para indicar que el resto lo hace Dios.  
 
La enfermedad del exceso de laboriosidad sin Dios
 
Para explicar esta falta, el Papa usó la historia evangélica de Marta. Es la enfermedad de los obsesionados por el  trabajo, sin detenerse a contemplar a Cristo y “se pierden la mejor parte”. Como Marta, personas que hacen tantas cosas, pero que no tienen tiempo para descansar, para estar con los seres queridos y familiares, personas llenas de “estrés y agitación”.
 
Perder la sensibilidad espiritual y mental
 
La enfermedad de la insensibilidad y la pereza espiritual. Es la dolencia de los que “pierden la serenidad interior, la vivacidad y la audacia y se esconden” bajos sus escritorios llenos de papeles, “volviéndose maquinas” y no “hombres de Dios”, incapaces de “llorar con los que lloran y alegrarse con los que ríen”.

 
La enfermedad de la excesiva planificación
 
El Papa recordó que el apóstol planificador de cada segundo de su vida no sigue al Espíritu Santo. “No hay que tener la pretensión de controlar el Espíritu”, de ponerle límites. Cuando el cristiano planifica todo, “las cosas progresan” pero se vuelve “un contable o empresario”.
 
La enfermedad de la mala coordinación

Cuando los miembros del cuerpo de la Iglesia no colaboran entre sí y se vuelven obstáculos para el amor. El Pontífice propuso la metáfora del cuerpo que no obedece a la cabeza (Cristo), "el pie que le dice a la cabeza yo voy por mi lado”. En este sentido, el Papa pidió colaboración entre las personas que siguen a Cristo.
 
El enfermedad del alzheimer espiritual  
 
Habló del declino espiritual que es causa de graves minusvalías espirituales. Olvidar lo primero: el amor por Dios, viviendo en un “estado de absoluta dependencia”. Perder la memoria del encuentro con el Señor. Personas que viven en los “caprichos, pasiones, manías” personales y adorando “los ídolos que han construido con sus propias manos”, además “construyendo muros a su alrededor”.  
 
Enfermedad de la rivalidad y de la vanidad
 
El Papa recordó a san Pablo que pidió “considerar a los demás superiores respecto a nosotros mismos". “Cuando la apariencia, los colores de los vestidos y las medallas se vuelven el objetivo primario de la vida….es la enfermedad que nos lleva a ser hombres y mujeres falsos”, advirtió. 
 
Asimismo, les invitó a poner atención al dolor y el sufrimiento de los demás para ser alivio y conforto para los otros. 

La enfermedad de la esquizofrenia existencial
 
Es la enfermedad de las personas que pierden el contacto con la realidad cristiana  y viven una mundanidad paralela. Personas que “viven una doble vida, producto de la hipocresía típica del mediocre y del progresivo vacío espiritual tapado por grados académicos o títulos que no pueden colmar lo que falta”. El Pontífice pidió ser humildes en la fe y en las obras.
 
Mal de los aficionados a los “asuntos burocráticos”, asimismo, alejados de las actividades pastorales y se pierden el contacto con las personas concretas y la realidad. Crean un mundo paralelo que les aleja de lo que enseñan, incluso “llevando una vida oculta y libertina”.  
 
La enfermedad de los chismes y de las habladurías
 
Es una enfermedad –continúo- que inicia con una simple “charla”, pero que luego se “apodera de la persona hasta que, ella se convierte en una sembradora de cizaña”.
 
El Obispo de Roma pidió evitar la mala costumbre de hablar mal de los demás. “Es la enfermedad de las personas bellacas que no tienen la valentía de hablar directamente sino que hablan a espaldas de los demás. Cuidémonos del terrorismo de las habladurías”.
 
La enfermedad de divinizar a los jefes
 
El Papa habló de las victimas del triunfalismo y el ascenso social, de las personas enfermas de éxito que alaban a sus jefes para obtener beneficios personales. Y fue directo en sus palabras: son personas “mezquinas e infelices”, victimas de su “egoísmo”, dijo.
 
Asimismo, habló de los jefes que hacen de todo para obtener el servilismo, la dependencia psicológica y la sumisión de sus subalternos, incluso humillándolos.
 
La enfermedad de la indiferencia
 
“Cuando cada uno piensa en sí mismo y pierde la sinceridad y el calor de las relaciones humanas”, “cuando el más experto no pone su conocimiento al servicio de los otros”, se da esta enfermedad. “Cuando por celos o por viveza se encuentra satisfacción en ver a los demás caer” en lugar de ayudarlos.

El Papa invitó a las personas más preparadas a ponerse al servicio de los demás y ser ejemplo de compañerismo y sumisión. 

 
La enfermedad de la cara fúnebre

Las personas que piensan ganarse el respeto de los demás manteniendo una cara seria o “fúnebre”: el Papa señaló como enfermos del alma las personas que “tratan a los demás con dureza y arrogancia”.  El apóstol de Cristo –aseguró- debe “sonreír y ser amable, afable con los demás”.  
 
“¡Cuánto bien nos hace una dosis de santo humor!”, exclamó, y explicó que él todas las mañanas hace una oración a San Tomás Moro para mantener el buen humor.
 
La enfermedad de querer poseer bienes materiales

Es la persona que adolece del deseo incontrolable de “la acumulación de bienes materiales”, que trae sólo “tristeza” y se da “cuando el apóstol busca de llenar el vacío existencial en su corazón acumulando bienes materiales, no sólo por necesidad, sino también para sentir seguridad”.

Al respecto, el Papa contó una anécdota que arrancó las risas a su auditorio. “En una época, los jesuitas españoles describían a la Compañía de Jesús como la caballería ligera de la Iglesia. Un joven jesuita mientras hacia un trasteo de varios libros y cosas pesadas acumuladas….escuchó a un viejo jesuita que le dijo con burla: ‘Y esta sería la caballería ligera de la Iglesia’…”.
 
Enfermedad del poder
 
“Cuando el apóstol transforma su servicio en poder, y su poder en mercancía para obtener beneficios mundanos o más poder" está aquejado de esta enfermedad, "la afección de las personas que buscan insaciablemente de multiplicar sus poderes y para este objetivo son capaces de calumniar, difamar, descreditar a los otros”.
 
El Papa Francisco recordó que Jesús decía que el rayo de sol no se divide. Así, dijo que la división en la Iglesia es una enfermedad. La división entre los seguidores de Cristo “es como el fuego amigo entre conmilitones” o soldados del mismo bando.   
 
La enfermedad del exhibicionismo
 
“La enfermedad de buscar la ganancia mundana de aparecer ante los demás” afecta a personas que se "exhiben en periódicos y revistas para demostrar ser más capaces que los demás", dijo Francisco.
 
En este sentido, el Papa contó otra anécdota personal: “Un sacerdote llamaba a los periodistas para contar historias de sus fieles y de sus compañeros…quería fama. ¡Cuanto mal hacía a la Iglesia. Pobre!”.
 
El Papa quiso resumir el papel humilde y sobrio de los sacerdotes ante los jefes de la Curia Romana así: “Una vez he escuchado que los sacerdotes son como los aviones. Sólo son noticia cuando caen. Pero muchos vuelan, vuelan alto. Esta simpática frase demuestra el papel delicado que tienen los sacerdotes en su misión”.
 
Por último, Francisco ofreció también la cura a todas estas enfermedades: “Vivir en la verdad y la caridad. Cristo es la cabeza y da fuerza a cada miembro de la Iglesia”.
 
El Pontífice agradeció el “compromiso cotidiano” de la Curia Romana. Además recordó a los prelados que han dejado sus cargos por motivos de edad y deseó una feliz navidad a los miembros de la Curia Romana, pidiendo que rezaran por él. 

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