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Jesús usa el dolor por la muerte de un hijo como bálsamo que cura heridas

© AVSI
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«El nacimiento de Jesús hace que esta tierra árida se convierta en lugar fértil». El testimonio de Amparito Espinosa (Ecuador)

Mi nombre es Amparo Espinosa, tengo 44 años y vivo en Quito (Ecuador), trabajo en una obra educativa que la ONG AVSI comenzó hace unos diez años. Trabajamos cada día buscando encontrar la luz de la Misericordia de Dios. Aquí he recibido el regalo de descubrir quién soy y para qué he sido creada.
 
Hace algunos años comencé de nuevo a mirarme a mí misma, a permanecer de pie sin tener miedo a caer porque sé que no estoy sola, y con la certeza de que si caigo Alguien me ayudará a levantarme, con la esperanza de saber que puedo volver a empezar cada instante en esta aventura llamada vida.
 

Mi deseo más grande es que esta Navidad que está llegando lleve a las familias, a los niños y a los jóvenes de Pisulli (el barrio de Quito donde trabajamos) la esperanza que nace junto al "Sí" de María, y que este "Sí" se haga cada día más nuestro "Sí"; deseo que cuando encontremos alguna dificultad no cerremos los ojos, al contrario, que estos se abran frente a la realidad para que podamos sentir abrazada nuestra nada.
 
Aquí, en las periferias, en la pobreza en muchos casos extrema, se ha empezado a sentir la Esperanza de que con el nacimiento de Jesús, esta tierra árida y seca se convierta en un lugar fértil y lleno de vida.
 
A pesar de que los retos sean cada vez más grandes (y aquí cada día es un continuo desafío lleno de hechos que nos hacen llorar, como asistir frente a los problemas de la droga, la violencia y el alcohol) aprendamos a responder mirando a ese Amor que es capaz de cambiarnos lentamente a través de la realidad que acontece.
 
El dolor que cura las heridas
 
Vivir la Navidad es siempre difícil para mi porque el 10 de diciembre hace 11 años mi hijo Antony se fue al cielo. Para mi es un gran desafío porque a partir de este dolor puedo comprobar si lo que ha cambiado mi vida es verdad o es más bien algo que me invento con mi cabeza.


 
En mi corazón en este momento hay mil preguntas y muchas de estas aún sin respuesta, como por ejemplo “¿por qué estoy aquí?” y “¿qué me mantiene en pie aunque yo siento que las fuerzas me abandonan?” Pero Él puede usar también el dolor de la muerte de un hijo como bálsamo que cura las heridas, y no solo las mías.
 
A través de mi humanidad "indigna" cuida a los demás, indicándoles un  camino donde se tiene la esperanza de que la muerte no es el final, sino la oportunidad de contemplar Su rostro. Y que mis errores y mis derrotas no son algo que esconder, sino algo de lo que aprender.
 
Él vuelve de nuevo con la Navidad y está aquí dándonos la oportunidad de verle en medio de la tormenta. Y de forma que permita que Él llegue dentro, para dejar de buscar fuera. Uno que ha estado siempre dentro de cada uno de nosotros.

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