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La búsqueda de la auténtica fe en “Reflektor” de los Arcade Fire

Shawn Robbins
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La banda canadiense afronta en los textos las grandes preguntas sobre el significado de la vida, la muerte y la existencia de Dios

Desde que captó la atención del mundo musical con su lúgubre debut en 2004, el grupo canadiense Arcade Fire permaneció evasivo y enigmático como el legendario “chupacabras”.

Funeral fue una fusión introspectiva del ansia de The Cure y la inteligencia de Radiohead: su álbum Neon Bible – que entre paréntesis es también el título de una novela de John Kennedy Toole – fue un acto de denuncia al modo de Springsteen contra la hipocresía social, política y religiosa; The Suburbs, una mezcla de rock clásico y Blondie, ganó el Grammy como mejor álbum; y ahora llega Reflektor, un álbum bailable ampliamente inspirado por Haití y el filósofo Søren Kierkegaard.

Aunque los Arcade Fire han evolucionado mucho a nivel musical, algunas cosas no han cambiado. La banda ha demostrado consistentemente una propensión a la grandeza: grandes ideas, grandes coros y grandes argumentos. Así como grandes preguntas: preguntas sobre el significado de la vida, de la muerte y la existencia de Dios.

En su primer solo, “Wake Up”, el líder Win Butler, educado como mormón y con estudios de teología en Montreal, grita: “Somos sólo un millón de pequeños dioses que provocan temporales, oxidando cualquier cosa buena”.The Suburbs toca la fe también en canciones como “City with No Children” (“No puedes confiar en un millonario que cita el discurso de la montaña”) y  “Culture War” (“Oh, he leído una pequeña Biblia, ves lo que quieres ver”).

Pero fue Neon Bible lo que realmente cementó la preocupación del grupo por lo divino. Más allá de las obvias implicaciones del título, la banda grabó el álbum en una vieja iglesia – un escenario adapto para una serie de canciones sobre la desilusión y la duda. “Intervention” se concentra en la hipocresía fundamentalista (“Trabajar para la Iglesia mientras tu vida se desmorona, cantan aleluya mientras derrotan tu corazón”), “Antichrist Television Blues”, sobre el Evangelio de la salud y la riqueza (“Querido Dios, soy un buen cristiano, en tu gloria, se que entiendes que debes trabajar duro, y serás repagado”), “My Body Is a Cage” sobre una especie de gnosticismo que habla de buena parte de la realidad evangélica estadounidense (“Mi cuerpo es una jaula que me impide bailar con la persona que amo, pero mi mente es la llave”).

En una entrevista a la revista Paste, Butler afirmó que Neon Bible“enfrenta la religión en un mundo donde sólo lo puede hacer alguien a quien realmente le importa. A veces es muy duro desde el punto de vista de alguien que piensa que vale algo”. Valor o no, Butler rechazó el identificarse con cualquier religión o denominación. “No voy a la iglesia”, declaró en otra entrevista.

Butler parece dudar en hacer de la ciencia el único instrumento cognoscitivo del mundo. En otra entrevista al A.V. Club explicó que cuando se enfrentan temáticas como el mal, la muerte y el amor “no hay manera científica de hablar de ello. Cuando se habla de significado, fundamentalmente… Pienso que buena parte de la experiencia humana tiene que ver con el hecho de buscar entender el significado de las cosas, y realmente no hay ningún instrumento para usar a menos que no se piense en esto en un contexto más espiritual o filosófico”.

Al igual que muchos de nuestra generación, Butler parece dividido entre diferentes realidades. Por un lado está la religión estadounidense tradicional, con su moralidad didáctica, su politización ordinaria y los escándalos sociales; por otro lado, existe una visión fría del mundo y quebrada que, al rechazar la realidad de Dios y del espíritu humano, ha perdido el sentido del hombre. De este modo, toma lo que parece ser la elección razonable, y opta por el terreno común seguro: se define espiritual pero no religioso.

Es interesante que los Arcade Fire en Reflektor continúan siendo impulsados hacia lo que sólo puede describirse como una identidad religiosa.

En una reciente entrevista a la revista Rolling Stone, Butler identifica a Haití, país originario de su esposa y de la familia de su compañera de la banda Régine Chassagne, como una de las influencias principales que están en el origen de su último álbum. “No he estado nunca en un lugar con más credo y conocimiento de Dios”, explicó Butler. Haití es realmente universalmente religiosa: el 96% de la población es cristiana, el 80% se denomina católico romano.

“He estudiado Biblia y filosofía en la universidad, y pienso que son el tipo de cosas que ponen en marcha mi cerebro”.

Citó “La edad presente” de Kierkegaard, un incandescente comentario social sobre la “multitud” tibia y conducida por la información en una era reflexiva. Kierkegaard, obviamente, fue uno de los más grandes filósofos cristianos del siglo XIX.
Las canciones reflejan estas influencias y les dan vida, a nivel no sólo musical (la influencia haitiana es evidente en “Here Comes the Night Time”), sino también lírico. La búsqueda de pasión en una “era reflexiva” se manifiesta en canciones como “Joan of Arc” (“Son ellos que te humillan porque no tienen corazón, pero yo soy quien te seguirá”), “We Exist” (“Caminan alrededor, la cabeza llena de sonidos, actuando como si no existiéramos, pero existimos”) y “Supersymmetry” (“Si decir la verdad no es educado, entonces apuesto a que tendrás que luchar”).

Las palabras hacen alusión a una profunda influencia del Evangelio. Butler hace referencia al Paraíso en dos canciones (“Si esto es el paraíso, no se para qué fue hecho…Si esto es el paraíso, necesito algo más”), al hablar luego de oración y resurrección (“Pensaba que oraba el resucitado”), Judas (“No es el primer traicionado con un beso”), los Salmos (“El Cáliz rebosa”) y el más allá (“Cuando el amor se acaba ¿a dónde va? Y ¿a dónde vamos nosotros?”).

Ninguna de estas, obviamente, es una declaración religiosa – pero esto es lo que la vuelve, a su manera, una especie de declaración sobre la religiosidad. Butler erosiona la corrupción y la complacencia religiosa, pero se encuentra enfrentando a aquellos que pueden ser llamados sólo deseos o interrogantes religiosos. ¿Qué es lo que pienso de este mundo, y qué significa para mí y por el modo en que vivo mi vida con los demás? La banda busca un único lenguaje, una única estructura y una única comunidad que una todos los puntos, que reconozca la sacralidad del mundo sin sucumbir al mero fideísmo.

¿Cabrá cualquier vieja creencia mientras creamos con todo el corazón? Absolutamente no. Si los Arcade Fire son un homenaje a algo es esto: la búsqueda de la fe auténtica significa olvidar lo que es confortable, familiar o ventajoso para nosotros, y preguntarse al final: ¿Qué es la verdad? Quid est veritas?

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