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El sí a la vida, en diez verdades científicas

© Lisa Rosario Photography
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El conocimiento sobre el embrión ha dado un gran salto en las últimas décadas, y sus conclusiones son muy claras...

1.- En los últimos veinticinco años, la ciencia contemporánea nos ha revelado más sobre nuestro desarrollo biológico, que todo el estudio universal  en tres mil años.

2.- Hoy sabemos que el embrión es un sujeto unitario individual, un ser vivo con naturaleza definida y no una parte del cuerpo de la madre o apéndice de ella.

3.- Que desde el momento de la unión de las células o gametos masculina y femenina, el embrión posee características estructurales y funcionales distintas a las de la madre, ya sea en su etapa unicelular o en sus diversas fases de división.

4.- Que en todas esas fases, el embrión se comporta como un sistema orgánico con identidad génica propia, metabolismo propio, sistema inmunológico propio, ácidos nucleicos y tipos sanguíneos propios diferentes a los de la madre, con un patrón de desarrollo hacia estados definidos empíricamente detectables.

5.- Que como individuo autónomo que es el embrión, se autoorganiza en orden a su unidad, con total autonomía. Sin embargo, ese desarrollo aunque autónomo, no es independiente de la madre, depende de su útero durante un tiempo variable, y posteriormente, nacido, seguirá dependiendo de la madre u otras personas, para su supervivencia, durante un lapso más largo, también variable. El ser humano es la especie que más prolonga su dependencia alimenticia. Pero su condición de dependencia intrauterina, no tiene nada que ver con su autonomía y su condición específica.

6.- Que el desarrollo embrionario por tanto es continuo, sin saltos, irreversible y gradual; y se lleva a cabo en virtud de las programaciones que el genoma va cumpliendo, para permitir las sucesivas etapas de desarrollo del organismo humano individual.

7.- Que por eso presenta en esas diferentes etapas el desarrollo de estructuras que se reconocen preparatorias de las siguientes etapas definitivas. De modo que a los dieciocho días, el embrión cuenta con un corazón que late, a los veinte días con un sistema nervioso en constante crecimiento, a los cuarenta  y dos días ya cuenta con esqueleto completo y reflejos, y a las ocho semanas, se le puede practicar un electrocardiograma, y es posible registrar sus parpadeos, reacciones, respuestas a estímulos y asir con la mano.

8.- Todas estas estructuras se van agregando unas a otras de modo sistemático y en unidad funcional, para llegar al estado final de desarrollo. Por ello, es uno y él mismo, en el más estricto apego al conocimiento biológico, el individuo  de la especie humana que es fruto de la fecundación, el que nace después de la gestación y el que ya es adulto.

9.- Para que haya envejecido un ser humano, antes tuvo que pasar por etapas humanas de madurez, etapas humanas de juventud, etapas humanas de niñez, etapas humanas fetales, y etapas humanas embrionarias. En todo ese proceso continuo, el desarrollo es el de un ser humano, sin saltos ni apariciones misteriosas de la condición humana.

10.- Es científicamente improcedente afirmar, que no es sino hasta que surgen estructuras cerebrales y mentales, que el embrión es propiamente humano, pues para que esas estructuras cerebrales aparezcan en el embrión,  antes posee condición biológicamente humana.

Cuando se apuesta por el valor irrestricto de la vida humana del embrión, no se contrapone la libertad reproductiva de la madre contra el valor intrínseco de la vida intrauterina del embrión. Por ello, la interrupción deliberada del embarazo, es una práctica brutalmente discriminatoria, en la que se decide con alevosía y ventaja quien debe vivir y quien no; según las pragmáticas razones irreversibles de la propia madre y/o un tercero.  
 

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